Revista cultural y de cuestiones actuales
Número 709

Una portada a seis columnas


El 11 de septiembre de 2001 sorprendió a Paul Steiger en las oficinas que el Journal tenía en el One World Financial Center, frente a las Torres Gemelas. «Las vi caer desde el río Hudson, en un transbordador en el que nos habían evacuado». Después, unos autobuses lo trasladaron a unas cien manzanas de Wall Street, donde pudo coger el metro. «Cuando salí a la superficie, a kilómetros de distancia de la Zona Cero, me vi en mi mejor traje azul... cubierto de polvo hasta la cabeza. En el Upper East Side, donde estábamos, la vida seguía como si no hubiera pasado nada». Nadie se extrañó por verle con ese aspecto. «New York never looks New York into the eye», afirma Steiger para explicar la dura indiferencia de los neoyorquinos. 

Al llegar a casa, Steiger telefoneó a su número dos en el Journal, que «rompió a llorar al oír mi voz: “Al ser el último en salir pensé que no lo habrías conseguido”, me dijo». A continuación contactaron con el resto del equipo editorial para reunirse y sacar adelante el número. El WSJ «no había dejado de editarse ni un solo día desde su fundación, así que queríamos publicarlo a toda costa». Algunos periodistas de la plantilla se habían desplazado a Nueva Jersey, donde la empresa editora del diario (Dow Jones & Co.) disponía de instalaciones. Como ocurrió en 1993 después del ataque contra el World Trade Center, «los redactores que se habían reunido allí no necesitaban directores: sabían qué tenían que hacer y lo hicieron». 

Steiger quería titular a seis columnas, ocupando todo el ancho de la portada. Desde el ataque japonés contra Pearl Harbor en 1941, el Journal llevaba más de sesenta años sin abrir a toda página. «Llamé al equipo que teníamos en Princeton para ver cómo podían hacerlo porque estaban limitados técnicamente. Así que localicé a nuestro director de Arte y, a los veinte minutos, tenía la portada», explica.

Pocos periódicos pudieron imprimirse ese día en Nueva York, y además los camiones de reparto no podían entrar en Manhattan para su distribución. Sin embargo, sí se publicó The Wall Street Journal, que además se distribuyó al resto de los Estados Unidos. «Mis reporteros hicieron un trabajo excepcional».

Meses después, el periódico recibió un Pulitzer por la cobertura de los ataques de Al-Qaeda en Nueva York.