Revista cultural y de cuestiones actuales
Número 711

Memoria: espacio en construcción

Texto: Ana Eva Fraile [Com 99] Fotografía: Ana Teresa Ortega y Manuel Castells [Com 87]  

Frente al bombardeo de imágenes deslavazadas que entronizan el ahora, Ana Teresa Ortega, Premio Nacional de Fotografía 2020, busca refugio en la literatura para entender el presente. Su exposición retrospectiva en el Museo Universidad de Navarra apuntala la identidad colectiva y rescata el pasado del olvido.


La biblioteca es un símbolo de la memoria cultural que Ana Teresa Ortega muestra envuelta en andamios. Videoinstalación titulada La biblioteca, una metáfora del tiempo (1998).

 

Ana Teresa Ortega (Alicante, 1952) disparó sus primeras imágenes contra el olvido en la década de los noventa. Había cultivado la escultura en la Facultad de Bellas Artes de Valencia, pero le apasionaba la fotografía. Al terminar sus estudios, en un contexto donde los límites de las disciplinas artísticas se difuminaban, Ortega comenzó a experimentar con ambos lenguajes buscando sinergias. «La única manera de aunarlos era expandir la fotografía, que saliese del marco, que ocupara otro lugar, que ganara volumen», dice. Así nacieron sus Fotoesculturas: transfería sobre tela o metal imágenes históricas —capturadas de la pantalla del televisor o recicladas de revistas y periódicos— y después las integraba en estructuras tridimensionales. Esta fórmula expresiva híbrida no se entendió en aquel momento, incluso sufrió rechazo por infringir las reglas del soporte plano de la fotografía.

Sus trabajos evolucionaron de la opacidad a la transparencia. El hierro y el acero de la etapa inicial dieron paso a los metacrilatos y los vidrios con los que la autora invitaba a reflexionar en torno a la idea de la memoria y su construcción. Unos materiales que, además de conferir ligereza visual, facilitan que el espectador entre en la obra «porque funcionan casi como espejos en los que vernos reflejados». 

Este es el punto de partida de la exposición retrospectiva abierta al público hasta el 10 de octubre en el Museo Universidad de Navarra. Coproducida con el Consorci de Museus de la Comunitat Valenciana, la muestra se inauguró el 14 de abril, después de varios meses en los almacenes a la espera de que las normas de acceso a causa de la pandemia se suavizaran. 

En palabras de la artista, «es la primera vez que se puede ver esta selección de piezas —fotografías, fotoesculturas, proyecciones e instalaciones desde los años noventa hasta la actualidad— relacionándose entre ellas, dialogando». Como subraya el comisario, Pep Benlloch, contemplar estos proyectos en su conjunto permite zambullirse con hondura en el tema angular de su producción fotográfica, «diversa y comprometida»: la fragilidad de la memoria histórica.  

Ana Teresa Ortega alude en sus primeras obras a los efectos de la cultura de masas sobre nuestra identidad. Se preocupa por cómo la memoria se va configurando a través de los medios de comunicación que «transmiten una idea del mundo desarticulada, vacía de contenido, alineada con los intereses del poder político y económico». 

Para hablar del territorio mediático «de dominación» y de una sociedad que no recuerda «cómo se piensa históricamente», la artista recurre al concepto exilio. Refugiados de guerra, apátridas, asilados políticos, migrantes en busca de una vida mejor... Las Figuras del exilio imprecisas y anónimas, que realizó entre 1997 y 1999,  representan diversas formas de olvido y exclusión. En esta serie Ortega ensambla con listones metálicos imágenes de «seres que parecen aprisionados en un presente sin esperanza».

Las columnas de personas errantes, que deambulan y se funden en un movimiento perpetuo como el rumor de las olas que se escucha en la sala, evocan un pasado no muy lejano y a la vez un drama actual. «Pasado y presente ­—señala— son tiempos contrapuestos pero simultáneos, que atrapan la memoria del ser humano en su soledad de permanente exiliado». 

 

 

 

 

 

En el montaje de la exposición colaboraron alumnos del Máster en Estudios Curatoriales, que imparte el Museo

 

LOS VACÍOS DEL OLVIDO

Cómo reconstruir el pensamiento crítico es una de las preguntas recurrentes que se plantea Ana Teresa Ortega. Y encuentra respuesta en la literatura: los libros como «depósitos de memoria» protagonizan la videoinstalación La biblioteca, una metáfora del tiempo (1998). La fotografía expandida sobre el muro de un «archivo de saberes» envuelto en andamios simboliza la necesidad de apuntalar la memoria —«cada vez más frágil»— y de su reedificación constante. Ortega, de la mano de Umberto Eco, concita dos tipos de bibliotecas: aquella de la que se sale, como la de don Quijote, para hacer realidad las fantasías que ha alimentado la palabra escrita; y otra de la que no se sale, como la de Borges, donde los libros contienen la trama completa de realidad y ficción que constituyen el mundo. 

Con el nuevo siglo, Ana Teresa Ortega genera un conjunto de proyectos que le han llevado a investigar en diferentes archivos históricos nacionales sobre la Guerra Civil y el régimen franquista. «Como aprendices de la historia, vemos muchos vacíos. Estos trabajos —dice— intentan llenarlos, cuestionarlos, visibilizarlos y aprender de ellos». Así recorre prisiones habilitadas durante la contienda y la posguerra en Cartografías silenciadas (2006-2014), obras públicas realizadas por los presos políticos en De trabajos forzados (2014-2019) y Lugares del saber y exilio científico (2008-2018).

Como subrayó en el acto de presentación Valentín Vallhonrat, director artístico del Museo, mediante un lenguaje sobrio y contenido Ortega «nos invita a detenernos en cuestiones difíciles de nombrar porque la garganta se anuda y perdemos la voz». Hasta ahora permanecían espacios ocultos, invisibles. Solo en muy pocos casos una placa recuerda lo que fueron: «No hay monumentos ni calles, ni aparecen en los libros, es imposible que los conozcamos», reivindica la artista. 

Precisamente, su manera de entender la fotografía como «documento, testigo y herramienta para construir la memoria colectiva» y de indagar en la tridimensionalidad de la imagen la hicieron merecedora del Premio Nacional de Fotografía 2020. Ana Teresa Ortega, profesora titular de la Facultad de Bellas Artes de la Universidad Politécnica de Valencia, donde también codirige el Máster en Fotografía, Arte y Técnica, recibió con sorpresa la llamada del ministro de Cultura, José Manuel Rodríguez Uribes.

Las siguientes páginas proponen un recorrido visual por tres de los nueve proyectos de la muestra: «Jardines de la memoria», «Pensadores» y «Presencias sombrías, otra vez la memoria». Tres aproximaciones de una artista comprometida con su tiempo que explora las posibilidades de la fotografía para conocer de dónde venimos, «un pasado del que ya solo queda su huella y el silencio».

 

JARDINES DE LA MEMORIA

 

Sin título #4

Sin título #2

Los libros como fuente de conocimiento, como experiencia o medio para imaginar lo desconocido. Con ellos el acto de leer como una voz interior que surge en la intimidad. Frente a la estridente exaltación del instante en la sociedad de la información, Ana Teresa Ortega ofrece, en silencio, la imagen de una joven lectora ensimismada. Esta instalación evoca la palabra —y su escritura— como jardín o paraíso, al igual que la biblioteca y el laberinto lo fueron para Borges. Ese jardín de naturaleza frondosa se muestra en las fotografías murales. «Un jardín —una biblioteca— cuyo enigma no es otro que el tiempo que ya no se despliega de manera lineal ni uniforme sino en una red de temporalidades divergentes, convergentes y paralelas… como los laberintos de la memoria», señala la artista.

 

2003
Videoinstalación y serie fotográfica a las sales de plata, metacrilato y dibond
70 x 180 cm

 

PENSADORES

 

Sin título, 2019

 

Entre los autores de una biblioteca imaginaria, Ana Teresa Ortega selecciona una veintena de figuras del siglo XX que ella identifica «con la voz de la conciencia y del pensamiento». Elías Canetti, Fernando Pessoa, Antonin Artaud, Primo Levi, Emil Cioran, Alejandra Pizarnik, Simone Weil, María Zambrano o Hannah Arendt, entre otros, representan un grupo de «exiliados, forzosos o voluntarios», que se refugiaron en la escritura para expresar su descontento con el mundo. 

La artista proyectó fotografías de los escritores en diferentes rincones urbanos vacíos —sobre fachadas, muros interiores, pasillos, vanos de puertas o escaleras—, en una asociación de la imagen con lo tridimensional y escultórico. En estos retratos, el rostro actúa como metonimia del pensamiento del autor, mientras que los espacios donde se proyectan materializan la metáfora del confinamiento físico o psicológico que sufrieron en vida.

 

«Pensadores», 2000-2006
Inyección de tinta sobre metacrilato
150 x 95 x 7 cm

 

Sin título (2019). Anna Ajmátova (1889-1966), poeta rusa

 

PRESENCIAS SOMBRÍAS, OTRA VEZ LA MEMORIA

Este trabajo surge de la colaboración de Ana Teresa Ortega con una serie de escritores e intelectuales contemporáneos que han pensado sobre la historia, su confluencia con la memoria y su papel como recuerdo vivo. «Todos comparten el asombro y el miedo ante la percepción del mundo, de la vida y la violencia que los amenaza», explica. La artista fotografió lugares concretos elegidos por cada uno de ellos que reflejan espacios simbólicos presentes en su literatura. Después, los autores acompañaron las imágenes con sus textos. Con esta simbiosis entre el espacio de la historia y el de la literatura, Ortega invita a reflexionar sobre el tiempo, el discurso histórico y la construcción de la memoria colectiva. El espacio mundano y el de la reflexión se unen en este encuentro entre fotografía y escritura, «dos temporalidades heterogéneas alumbrando la memoria de lo que fue desde el ahora que es, y viceversa». 

[...] Nómadas en esencia
Muchedumbre
que cruza en extravío
de uno al otro lado de nosotros,
polizones
en la nave del mundo,
huéspedes
al amparo de nadie,
en deuda con la vida, que está en deuda
con el secreto de amor que profesamos
a todo trance siempre hacia la vida.
Apátridas por fuerza en nuestro espíritu.

 

Sin título (2019) 

Carlos Marzal, Servidumbre de paso

 

Porque el pasado pudo ser de otra manera, lo que ahora existe no debe ser visto como una fatalidad que no puede cambiar. Y si el presente tiene una posibilidad latente, que viene de un pasado que no pudo ser, entonces podemos imaginar un futuro que no sea proyección del presente dado, sino del presente posible.

 

Sin título (2019)

Manuel Reyes Mate,  Medianoche en la historia

 

Mi única certeza es ahora saber que solo se conoce lo que se ha perdido, lo que ya no está, como el trueno dice la verdad del rayo. Como si solo fuera posible sentir en las cosas aquello que las hace ausentes, su irremediable distancia. ¿Es esta la razón por la que he sentido y siento la necesidad de escribirte, a ti que ya no estás, que estás tan lejos?

 

Sin título (2019)

Miguel MoreyDeseo de ser piel roja

 

Las tres últimas obras de este fotorreportaje pertenecen a la serie «Presencias sombrías, otra vez la memoria I», 2019. Impresión digital sobre fibra de papel, metacrilato y dibond. 75x60 cm.