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El consentimiento no es una varita mágica
El consentimiento se ha convertido, con el tiempo, en la pócima que iba a volver buenas —no solo lícitas, también plenas, satisfactorias, éticas, placenteras— todas las relaciones sexuales. Como la magia no sucedía, el concepto se ha ido redefiniendo del «no es no» al «solo sí es sí». Y, sin embargo, el solo consentimiento sigue sin lograr su encanto. Quizás porque es una condición necesaria, pero no suficiente.