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Diario de un cura rural

Todo es ya Gracia

8 de julio de 2026 2 minutos


Georges Bernanos
Encuentro, 2023
332 páginas, 21 euros

A un joven y anodino sacerdote recién ordenado lo destinan de párroco a un pueblecito del norte francés, a Ambricourt (Pas-de-Calais). Pronto chocarán la sinceridad de su fe y su entusiasmo pastoral contra la indiferencia de los feligreses. Su pugna anímica le conduce, desde el principio, a confiar en un cuaderno tanto sus pensamientos como sus conversaciones y vivencias. Es este Diario de un cura rural (1936) donde examina y tantea su alma para comprender mejor sus disposiciones interiores y responder al Espíritu, mientras su organismo añade frecuentes indisposiciones y dolencias estomacales. En su debilidad física y sus contratiempos, en su torpeza para el trato social, la gracia —la gracia divina— edificará la grandeza de su entrega.

La novela plantea un interrogante crucial: si tienen sentido el sufrimiento y la aparente inutilidad de una vida cuando casi todo parece fracaso, esterilidad y silencio de Dios.

Con los interlocutores y las figuras que entrecruza el parisiense Georges Bernanos (1888-1948) en las tres partes de la novela, no sorprende que los personajes encarnen y traten una sarta de asuntos decisivos. Desde el hastío, la tibieza, la indolencia espiritual —l’ennui: el tedio de la apatía—, hasta la hipocresía, y facciones humanas de la codicia, la ansiedad, el miedo al más allá, la barrera de la culpa y del pecado, la enfermedad y la muerte. O el descreimiento. Es decir, las marcas de un mundo decadente y una civilización moribunda, se enclave la novela en un pueblo o en el tumulto de una metrópolis.

Pero también abundan el perdón y la confianza. Y la providencia. Y la certeza de ser sangre de Dios, descendencia suya, hijo. 

Personajes bien trazados con misión y papel: el párroco, el cura de Torcy, el conde de Ambrocourt y su familia, y especialmente la condesa, Miss Louise... Hondo qué discurren sobre el mal. Y otro rasgo que caracteriza a las novelas superiores: un desenlace —aquí, en forma de carta de un antiguo amigo y manuscrito hallado— agranda la dimensión de los hombres y las mujeres, y las respuestas y las explicaciones. Sabio el prólogo sereno de José Luis Restán a esta traducción de hace décadas. 


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