Frode Grytten
Anagrama, 2025
186 páginas
19,90 euros
«Cruza el fiordo. Cruza el fiordo sin vacilar. Cruza el fiordo como lo había hecho tantas otras veces». Desde el comienzo de El día en que Nils Vik murió, la decisión está tomada. Nils Vik morirá hoy. O quizá no sea una decisión, sino un gesto de la inercia. Y el lector debe acostumbrarse a la muerte y comprenderla a través de los diálogos entre una perra fallecida, Luna, y su dueño y protagonista.
Navega en una especie de Aqueronte. Mientras el barco corta el agua, su capitán colecciona recuerdos que vuelven desordenados, no para reclamar nada, sino para acompañar a Nils Vik en su trayecto vital. El paso del tiempo es el tema recurrente de la novela. Sin nostalgia melosa ni temor paralizante, se manifiesta en cada memoria, en cada lectura que hace el hombre de su cuaderno de bitácora. Frode Grytten (Noruega, 1960), el autor, no justifica el viaje. No alecciona con arrepentimientos grandilocuentes ni revelaciones finales. Simplemente lo presenta. La muerte no aparece como ruptura, sino como continuidad: el último movimiento de una existencia que ha estado siempre en marcha. Así, la vuelve sencilla, cotidiana e inevitable. Nils Vik, que no vocifera su último día con dramatismo ni solemnidad, integra su muerte como una tarea más, como un cruce que debe realizarse.
El día en que Nils Vik murió, que ganó el Premio Brage en 2023, no es un lamento ni una elegía. Propone, en cambio, una afirmación: una forma serena y luminosa de mostrar que vivir —y morir— puede ser un acto sencillo, digno, incluso bello. Como cruzar un fiordo.