Vicente Bellver y Lukas Romero-Wenz
Palabra, 2025
176 páginas
9,40 euros
Legislar sobre seres humanos exige una jerarquización de valores: o prevalece la vida como bien jurídico esencial y último, o lo hace la libertad del que pide la eutanasia, el aborto… o gestar para otro. Por más que en el debate público hayan aparecido propuestas salomónicas que ponen de acuerdo a alas políticas opuestas, la gestación subrogada no es un caso aparte.
El argumento de la explotación de la mujer (especialmente pobre) que gesta para otra no es suficiente para rechazar la maternidad subrogada, porque las condiciones que lo motivan podrían desaparecer: si alguien decidiese libérrima y altruistamente gestar un hijo para otra persona, el paradigma liberal no bastaría para prohibir esta práctica. La oposición a los vientres de alquiler abanderada por el feminismo se queda en la punta del iceberg, pero no bucea en las aguas más profundas.
Por ello los autores de este libro, antes de examinar el régimen jurídico positivo de la maternidad subrogada, ejercen de humanistas y, a través de distintas historias de la literatura universal (Onán, Konrad, Telémaco, Raquel…) tocan el tuétano de lo humano para responder a las preguntas fundamentales: ¿Qué significa nacer? ¿Cuál es el sentido de la paternidad y de la filiación?
Tras la lectura de las narraciones, concluyen que la gestación subrogada, por muy sofisticados que sean los medios técnicos empleados, consiste simplemente en atribuir la filiación de un recién nacido a una persona distinta de la mujer que lo ha gestado y parido. Esto —sostienen Bellver y Romero-Wenz— ha existido siempre, y siempre ha amenazado la raíz misma de la identidad humana: que la gestación es inseparable de la maternidad, como ya decían los romanos —mater semper certa est—; que el hijo es preeminente al padre, y no su propiedad; que somos engendrados, no producidos, y cada uno de nosotros es un acontecimiento, no un resultado. Que nadie tiene derecho al acontecimiento, como nadie tiene derecho al regalo.