Raquel Cascales
Eunsa, 2026
98 páginas
9,90 euros
Frente a una concepción de lo estético confinada al museo, a lo sublime o a lo excepcional, Habitar el mundo, de Raquel Cascales, invita a entrar y recorrer la casa de la estética de lo cotidiano. No se trata de ampliar el catálogo del arte ni de estetizar lo ordinario, sino de reconocer que la forma de la realidad y nuestro modo de configurarla, a través de nuestras decisiones y acciones, ya están cargados de sentido y de orientación estética.
El libro se despliega, sin rigidez ni compartimentos estancos, en seis capítulos que adoptan el nombre de las estancias de una casa cualquiera. Es en el hogar donde se entretejen referencias decisivas de la tradición estética, así como el pensamiento desarrollado por la filósofa japonesa Yuriko Saito.
La metáfora arquitectónica comienza en el jardín, allí donde la naturaleza y lo corriente han de ser recuperados como ámbitos genuinamente estéticos. Ya desde el vestíbulo se revela que habitar no es solo ocupar un espacio, sino transformar el entorno y definir atmósferas personales: la disposición de la luz, el orden o el tipo de mesa modelan, en silencio, nuestros vínculos y emociones. En la cocina se destaca cómo no hace falta ser un artista para configurar el mundo, sino que son las pequeñas acciones las que dan sabor a la vida. En el salón, Cascales cuestiona la fractura moderna entre lo bello y lo ordinario y reivindica la dignidad estética de los útiles, que condicionan hábitos, expresan valores y guardan memoria.
El itinerario pasa también por el baño, en el que se expone cómo la concepción sobre la belleza influye en nuestra manera de entender el propio cuerpo. Según la autora, salir de los cánones renacentistas ayuda a ver que la belleza también puede entenderse como amor. Por último, el libro culmina en el dormitorio con la estética del cuidado. Si las formas importan, lavar, limpiar, cocinar o remendar son modos estéticos de amar el mundo.