László Krasznahorkai
Acantilado, 2007
144 páginas, 14,00 euros
Cuando el nieto del príncipe Genji se apeó en la estación, no había nadie para recibirle. Tampoco en el barrio, ni en el monasterio al que había ido, dejando atrás a su séquito e impulsado por un «anhelo eterno» para ver el jardín más hermoso del mundo.
Lászlo Krasznahorkai (Hungría, 1954) guía con calma el recorrido a través de este peculiar paisaje al sur de Kioto. Se detiene en la blancura de las flores de magnolio, en los gemidos de un perro apaleado, en la belleza de los hinoki milenarios. Estas cuidadosas descripciones recrean el ensimismamiento del personaje principal, un jóven sin nombre, mientras deambula en las profundidades del monasterio. La prosa pausada del autor es una mirada que invita a la contemplación, a fijarnos en lo pequeño, a recorrer una y otra vez lo visto para penetrar en sus secretos. Esta habilidad para retratar lo sutil le valió a Krasznahorkai el Premio Nobel de Literatura en 2025. Como afirmó Mats Malm, secretario permanente de la Academia Sueca, el escritor, «en medio del terror apocalíptico, reafirma el poder del arte».
Publicada originalmente en 2003, esta obra está compuesta de capítulos breves que nos recuerdan a pequeñas piezas de un gran mosaico: desde la historia del nieto del príncipe Genji, pasando por la arquitectura del monasterio, para llegar incluso a la polinización de los falsos cipreses. Estos fragmentos, que en un primer momento parecen desordenados, cobran sentido conforme progresa la narración.
Al Norte la montaña, al Sur el lago, al Oeste el camino, al Este el río es un relato en el que el espacio guía la trama. El lector deambula por pabellones, patios y corredores, percibiendo destellos. La belleza, el dolor, la soledad y el tiempo se entrelazan, se convierten en coordenadas que avanzan hacia el interior de una cultura y de nosotros mismos.