Carmen María López
Rialp, 2026
72 páginas
10 euros
Ha coincidido que Oración de la lluvia, el poemario ganador del Premio Adonáis de Poesía, fuera también el número 700 de la colección Adonáis, que este año celebra su 80 aniversario en la editorial Rialp. Es una alegría que estos números redondos coincidan en un libro igual de redondo, verdaderamente emocionante.
El poemario de Carmen María López está dividido en dos partes, «lo divino» y «lo humano», que versan sobre el arte y la familia, respectivamente. Sin embargo, el poema que lleva precisamente el título de «Lo divino» —unos versos que son un puro gozo ante la vida— sugiere que la división no es tajante. Lo divino y lo humano convergen con frecuencia. Lo divino, escribe, es «la hija que ha nacido y ahora duerme / mientras tú con amor velas su sueño». En la sección de «lo humano» se encuentran «Oración de la lluvia», dirigida a su hija aún por nacer, y «Plegaria», dirigida a su abuela, como si fuera en los ojos de los suyos donde mejor contempla la mirada de Dios.
En su recién estrenada maternidad, López se ha encontrado de un modo más hondo con su linaje familiar, particularmente con la capacidad femenina de dar vida y crear hogar. Haciéndose eco de las coplas de Jorge Manrique, se dirige a su abuela: «Nuestras vidas son los hijos / que van a dar a otro mar, / que es el vivir». A su hija, Carmen Lucía, a quien va dedicado el libro, le dice: «Hija, yo quisiera / legarte a ti el lenguaje de las flores. / Enseñarte a mirar / con los ojos antiguos de mi abuela».
Además de ser un canto a su familia, el libro también le rinde homenaje a otros autores y artistas que han formado parte de su biografía y que quizá habría que poner en el árbol genealógico familiar. A las referencias más sutiles, se le suman una serie de poemas muy finos dedicados a Jorge Luis Borges, Johann Sebastian Bach, César Vallejo, Antonio Machado, Goethe y Miguel Ángel Buonarroti. Este último concluye: «La vida es del tamaño de un pincel. / En ella cabe todo: lo divino y lo humano». En la obra de López se constata que el verso podría también decirse en la otra dirección: «Un poema es del tamaño de una vida. / En él lo cabe todo: lo divino y lo humano».