
El nuevo libro de Ida Vitale (Premio Cervantes 2018) parece susurrarnos al oído la clásica cita: «Nomen omen», el nombre es el sentido. En efecto, en esta poesía, la vida siempre es lo esencial y nunca va de vuelta.
El primer poema tiene algo de exposición de motivos: «Como no estás a salvo de nada, intenta ser tú mismo la salvación de algo». Para ello, se propone «caminar despacio, a ver si tentado el tiempo hace lo mismo». La poeta ensaya tentaciones al tiempo para que se transforme en música.
Hay muy poco postureo artístico: «Después de los ochenta […]/ dejarán de angustiarte/ las teorías estéticas». En estos poemas encontramos «tiempo esperanzado» y un juvenil regodeo en las rimas y las aliteraciones. Sucede a sus versos, al fin, lo que a las hojas de otoño: «no están cayendo: vuelan/ en el viento tangente/ con novísimas alas/ al terminar su vida:/ otros pájaros ciertos/ que acompañan el año».
Enrique García-Máiquez




