
Jang Eun-jin (Gwangju, 1976) vio por primera vez una de sus obras traducida al español, de la mano de la editorial Shiro Libros, en 2024, y en estos dos años se habla cada vez más de ella. En Ya nadie escribe cartas, la escritora surcoreana explora el viaje como espacio de reflexión y de encuentro, con uno mismo y con los demás.
La novela sigue al errante Jihun, un antiguo cartero que recorre Corea del Sur acompañado por su perro, Wajo, y se aloja en moteles. El viaje de Jihun presenta varios rasgos singulares: carece de fecha de regreso; recuerda a las personas mediante números y no por sus nombres y, en especial, cada noche, antes de dormir, escribe cartas dirigidas a quienes se ha cruzado en el camino.
Esta obra articula dos motivos, en apariencia, independientes, pero relacionados: escribir y andar. No hay viaje sin la escritura de cartas, sin esa dimensión introspectiva, sin los pensamientos y sensaciones que van y vienen durante el camino y solo a través del camino.
La dimensión introspectiva del viaje no agota, sin embargo, la experiencia de Jihun. De forma un poco irónica, lo que sostiene al protagonista son las personas con las que se va cruzando, cada una con su historia y sus inquietudes. Ellas, junto a su perro Wajo, impiden que la experiencia se convierta en un ejercicio puramente introspectivo.
De la carta surge también ese profundo deseo de conexión, de comunión, que acompaña a Jihun a lo largo de su periplo. El drama del protagonista reside en que ese anhelo rara vez encuentra respuesta: nadie escribe de vuelta, ya sea por un error en la dirección, por falta de tiempo o por desinterés.
Galardonada en 2009 con el Premio Munhak Dongne, Ya nadie escribe cartas, la novela más conocida de Jang Eun-jin y la única disponible en nuestra lengua, propone una reflexión serena sobre la soledad contemporánea y sobre la necesidad de encontrar formas auténticas de encuentro en un mundo donde cada vez resulta más difícil comunicarse.



