
Kevin Legrá
Galaxia Gutenberg, 2025
304 páginas
22 euros
«En este batallón —vocifera un alto mando de las Unidades Militares de Ayuda a la Producción— están todos aquellos que no cuentan con la hombría suficiente para ser revolucionarios dignos». Más de 30.000 homosexuales, «burgueses», cristianos, delincuentes y vagos fueron a parar entre 1965 y 1968 a campos de trabajos forzados en Cuba, conocidos como UMAP. A través de la vida de Orestes Rivero, que en la novela El precio de un ideal se llama Rivero a secas, Kevin Legrá (Cuba, 2000) relata la historia de su país desde el ascenso de Fidel Castro al poder hasta la visita del papa san Juan Pablo II a la isla.
Carlos Manuel Álvarez describe en Viejas noticias de uso que los jóvenes cubanos «viven nadando contra la corriente del río de sus cuerpos», con una actitud vivaracha que se opone a sus «rasgos secos, cierta expresión ceniza y gestos lánguidos». Uno puede imaginar así a Rivero: buena persona, personaje sin doblez. Practica la fe católica desde pequeño y gracias a ella y a su relación con el obispo de la isla consigue trabajo, protección y condena. Primero, el susto de ser perseguido por un coche negro mientras trabaja como chófer del arzobispo; luego, al recibir una citación del Comité de Reclutamiento Militar.
El encarcelamiento es una pesadilla en la que Rivero explora el abismo de sus terrores. Sus treguas tienen nombre: Monina, su mujer. Aprovechan sus reencuentros para narrar los días en los que el cónyuge apenas llegó a ser más que un pensamiento. En una de esas visitas, Monina, maestra de primaria, le cuenta a Rivero que había preparado una sorpresa para sus alumnos: la historia de un pequeño pez que soñaba con volar. «¿Qué hará para cumplir su sueño?», preguntó Monina. Un niño levantó la mano y contestó que, si el pez era cubano, era imposible que pudiese volar, porque su padre le había dicho que en ese país les cortaban las alas a quienes soñaban en grande.
El jurado del XVIII Premio Málaga de Novela, además de reconocer el estilo «fluido, sencillo y efectivo», identificó un enfoque novedoso del libro: «El dilema ético que supone conjugar revolución con religión». La obra, sobre todo, resalta la vitalidad y resiliencia de aquellos que intentaban sonreír frente a la incertidumbre y el pronóstico desalentador de sus destinos.

