
Émile Perreau-Saussine
Ediciones Encuentro, 2025
298 páginas
24,00 euros
«¿Cómo llegó la Iglesia católica a consagrar, en el Concilio Vaticano II, la libertad religiosa y a reconciliarse con algunos aspectos esenciales de la democracia liberal?». Esta es una de las tantas preguntas que pretende responder Émile Perreau-Saussine con el presente ensayo. El autor, que fue profesor de Política y Estudios Internacionales en la Universidad de Cambridge, narra a la vez que reflexiona acerca de la controvertida historia de los encuentros y desencuentros entre el catolicismo y el liberalismo. Esta traducción, con prólogos de Armando Zerolo, Alasdair MacIntyre y Pierre Manent, es una contribución indispensable a la cuestión teológico-política por excelencia: la relación entre el trono y el altar.
Perreau-Saussine (1972-2010) traza una cadena de paradojas históricas: el galicanismo y absolutismo de Luis XIV prepararon el terreno para la Revolución de 1789 y la Declaración Civil del Clero; la reacción ultramontana de los intelectuales católicos acabó por favorecer la aconfesionalidad del Estado; Napoleón reforzó la autoridad pontificia sin pretenderlo, y la declaración de la infalibilidad papal en materia doctrinal conllevó su falibilidad en todo lo demás (incluso la política).
De la mano de Tocqueville, argumenta que el liberalismo, aunque condenado en el Syllabus de 1864 (la lista de proposiciones que la Iglesia señalaba como erróneas), a la larga terminó siendo el gran aliado de la Iglesia católica, tras el surgimiento de los totalitarismos del siglo XX. Se volvió notorio que la aconfesionalidad tenía como correlativo una mayor libertad para la Iglesia en su organización interna, su jerarquía y su poder espiritual. Un Estado que no promulga una religión puede resultar en un Estado sin potestad sobre esta.
Pese a ello, la alianza con el liberalismo trae consigo varios descontentos y grietas, debido al relativismo moral que lo caracteriza. Como señala Ratzinger y cita Perreau-Saussine: «El derecho a la libertad de conciencia [...] se basa en la dignidad ontológica de la persona humana y de ningún modo en una inexistente igualdad entre las religiones y los sistemas culturales».
Este ensayo, publicado en su lengua original en 2010, no ha quedado desfasado, aún más en estos tiempos, en los que los cimientos del paradigma liberal no encuentran roca firme en que asentarse y la compatibilidad entre liberalismo y catolicismo todavía se discute en la opinión pública española. Sus páginas son otra muestra de cómo el mandato evangélico de dar al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios adopta varias formas y se enmarca dentro de una tradición cuya andanza continúa.



