
Mary Oliver
Lumen, 2025
775 páginas
27,45 euros
Mary Oliver escribe desde la profundidad de su ser y lo trasciende hasta casi fundirse con lo contemplado: la flora, la fauna, la vida humana. Ella misma esbozó en sus ensayos la idea de que es la suya una poesía de la atención porque esta es el principio de la devoción. Si para crear se requiere atención plena, para destilar verdades de forma bella esta debe ser casi un ritual sagrado. Y así se comprende por qué la poeta estadounidense, premio Pulitzer de Poesía en 1984, preparó este volumen antológico que bautizó con el nombre Devociones.
En el prólogo, el reconocido crítico literario Jaume Andreu expone que los poemas de Mary Oliver transmiten una intensa espiritualidad que se va depurando en el lector sin imposiciones dogmáticas, pues abren su percepción a un sentido más alto, sobrevenido de la naturaleza. Esto se debe, dice el experto, a que «su voz está hecha de una extrema intimidad».
Toda su obra es una devoción, una adhesión a lo trascendente, a lo inefable, a lo que no puede expresarse porque es realmente misterioso, porque es demasiado sublime, o porque sencillamente es tan íntimo que solo con el acceso a lo tangible logra elevar su alma: «No tiene por qué ser el iris azul, podrían ser / yerbajos en un descampado, o unas pocas / piedrecillas», escribe en «Orar». Por ello, Mary Oliver se acerca a los animales y a los árboles. Contempla el paso de las estaciones y desde esa materia visible levanta una experiencia interior que convierte la contemplación en epifanía: «Son dulces las flores. Tienen vidas / breves, beatíficas. Procuran / mucho placer. Nada en el mundo / se puede decir contra ellas», expresa en «Sé de alguien».
Con sus poemas, escritos desde 1963 hasta 2015, Mary Oliver expresa su vida en cada verso. Y en ellos se palpa esa revelación inspirada por la naturaleza y la cotidianeidad: el búho, la tormenta y los lirios; pero también la sonrisa, las pupilas y el abrazo del amado. Todo lo vivo le alienta nueva vida en forma de lenguaje sencillo que habla de temas universales como el deseo y la pérdida, el dolor y la alegría, el amor y la soledad, el misterio de Dios y la aceptación de la existencia tal y como se da, componiendo una oda al ser en sí mismo, por sí mismo: «Instrucciones para vivir una vida: / Presta atención. / Asómbrate. / Cuéntalo» («A veces»). Sin tocar la naturaleza, la escribe descifrando la frescura que habita en ella. Y le da las gracias.


