Responsive Image

Morte d'Urban

El cura que creía en el golf

19 de junio de 2026 2 minutos


J. F. Powers
La Navaja Suiza, 2018
440 páginas
23,90 euros

El padre Urban, protagonista de Morte d'Urban, es el sacerdote más capaz de la imaginaria Orden de San Clemente: hombre de ciudad, amante de los buenos puros, el buen whisky y el golf, predicador admirado por los poderosos de Chicago. Sus hermanos de orden son pobretones y mediocres; él se cree llamado a salvarla a fuerza de donantes y benefactores. Pero la Escritura advierte de que no se puede servir a dos señores, y toda la comedia consiste en ver a Urban poner a prueba esa máxima.

La vida se le tuerce cuando el prior lo destierra a una fundación ruinosa en un pueblo del Oeste con un solo semáforo: una casa de retiros que se cae a pedazos, que los hermanos se esfuerzan por reconstruir sin dinero y que no ha recibido un solo ejercitante en un año. Y en la que hace mucho, mucho frío. Cualquiera que haya conocido campamentos, vigilias o cursillos reconocerá ese estilo que aspira a la pobreza y solo desprende un tufillo hortera: las sillas de plástico, los sacos de dormir, los cartelitos de paz y amor, los folletos (esos folletos). Incapaz de ser otra cosa que él mismo, Urban se pone a elevar el tono del lugar y urde un plan para atraer dinero y categoría: construir un campo de golf.

El título en francés es la clave de lectura. Remite a Morte d'Arthur, de Thomas Malory, y el viaje de Urban resulta ser el de Lancelot: ¿caballero u hombre de Dios?, ¿hasta qué punto son reconciliables el mundo y el espíritu? Que uno de los sacerdotes de la novela prepare además una edición infantil del rey Arturo devuelve la pregunta al propio libro: cómo, y para quién, cuentan los cristianos sus historias.

La novela ganó el National Book Award de 1963, por delante de Nabokov, y se lee con la avidez de un bestseller. Es costumbrista sin dejar de ser irónica, y mira con cariño a buenos y malos sin renunciar al humor, que es su piedra de toque. Su tesis, si acaso, es sobre la gracia: un bolazo de golf del obispo manda a Urban al hospital, y de las jaquecas emerge un hombre más contemplativo. ¿Lo ha elevado Dios o lo ha derrotado? Powers no lo juzga ni lo absuelve.

Cuesta entender por qué hubo que esperar a 2018 para leerlo en español, y más aún el silencio de los medios. Es una comedia amable, divertida y honda que se ríe de su propio mundo porque quiere mejorarlo, y que los católicos —su público natural— han olvidado. Quizá sea hora de recuperarla.


Otras reseñas

¿Quieres escribir en nt?

Siempre estamos buscando buenos colaboradores para la revista. Si tienes una buena historia, queremos escucharte.

Newsletter