
Carlos Villar Flor
Menoscuarto Ediciones, 2025
552 páginas, 24, 90 euros
Dicen que hay algo en viajar y caminar que va mucho más allá de lo físico. Tiene que ver con el sentimiento de libertad, la entrada en juego del azar o la proximidad de la naturaleza. Igual hay algo místico en todo eso...
Tras las huellas de Greene parte de tres ejes: un asesinato, un diario perdido y el viaje. La novela está articulada en dos líneas temporales. El presente, donde un joven estudiante, que investiga la conexión entre el escritor Graham Greene y España, aparece degollado al regresar de una estancia universitaria en Georgetown. El suceso parece estar relacionado con la desaparición de un diario manuscrito con información inédita del paso del novelista por la península. Entra en acción la pareja de investigadores: el subinspector Mariana y el profesor Millán Ayuso, especializado en Greene —curiosamente, tiene una copia del diario—. En la segunda capa se hilvanan los flashbacks sobre los viajes greeneanos. Dos alturas con similar fuerza en el devenir de la novela, con personajes que seducen a través de la realidad y la desbordada imaginación.
El rigor léxico de Villar Flor, catedrático de Filología Inglesa en la Universidad de La Rioja, y su habilidad a la hora de narrar elevan el relato y posibilitan una agradable lectura gracias a la trama y a los precisos recursos literarios. A Villar Flor le parecía clamoroso el vacío en la biografía de Graham Greene a propósito de sus andanzas por España y Portugal. Quince viajes que efectuó entre 1976 y 1989 acompañado de su amigo, sacerdote y profesor, Leopoldo Durán. Esta relación dio, además, frutos literarios como Monseñor Quijote. Así, esta biografía literaria está trufada de anécdotas greeneanas sin olvidar el sentido del humor, además de homenajear al Quijote y a la novela inglesa tipo Agatha Christie. Lógico inspirarse en la autora de novelas como Diez negritos, ha pasado el umbral del tiempo con una desbordante popularidad.
Esta novela también es estímulo para conocer más sobre la vida del eterno aspirante a premio Nobel de Literatura: su trayectoria, amores, su faceta de espía —trabajó en misión secreta para MI6— o su personalidad como católico que duda —finalmente se convierte—. Del mismo modo, conocerán a Leopoldo Durán, el cura que le acompañó y cuya amistad fue eterna. Tanto que, tres años después de la muerte de Greene, escribió Graham Greene. Amigo y hermano. Es el testigo que da fe con todos los sentidos bien abiertos, empapándose del paisaje e introduciendo al lector en la historia del lugar hasta interiorizarla. No extraña que Villar Flor hable de una relación similar a la de Don Quijote y Sancho Panza. ¡Y no falta una Dulcinea!
Con una intriga densa, pero con un rico trasfondo que valora la amistad, las relaciones humanas, la relación con Dios y avisando sobre la traición, su desarrollo temático está perfectamente anclado al relato, con referencias que reconocerán los lectores, pues pertenecen a nuestro acervo sentimental. Juego de géneros entre el thriller y ecos de la narrativa viajera viajando por Madrid, Salamanca, Galicia, Burgos, Segovia, Ávila, Valladolid, León y, por supuesto, toda La Mancha hasta llegar a la montaña cántabra.
Como dice Manuel Moyano en Cuadernos de tierra, «mientras se camina, sentimos que formamos parte de la historia, que todo está enclavado dentro de procesos históricos que han dejado huella».




