Revista cultural y de cuestiones actuales
Número 709

Así es la vida de un posdoc en Yale

Texto y fotografía Fernando de Miguel

Fernando de Miguel [Bqm 10 PhD 15] ha vuelto a sus orígenes. Nació en EE. UU. mientras su padre realizaba un posdoctorado,  y treinta años más tarde los laboratorios de la Universidad de Yale son el escenario de su investigación. 


New Haven, Connecticut. [EE. UU.]. Aunque parezca mentira, se han cumplido dos años desde que iniciamos nuestra aventura americana. Recuerdo perfectamente esos últimos días de nervios y despedidas en Pamplona. Marchaba con billete solo de ida y dejaba atrás familiares, amigos e incluso a mi esposa, Elena Martínez Terroba  [Bio 11  PhD 16], que en ese momento no pudo acompañarme.

Realmente 2016 implicó muchos cambios para nosotros. Elena defendió su tesis doctoral en el Cima Universidad de Navarra en julio, nos casamos en Logroño en agosto y un mes después recalé en New Haven, Connecticut, una pequeña ciudad en la costa este de los Estados Unidos.

Después de doctorarme a finales de 2015, me surgió la excepcional oportunidad de realizar un posdoc en el laboratorio de la Dra. Katerina Politi, en la Universidad de Yale. Encontré un apartamento en el barrio residencial de East Rock, a cinco minutos del centro de New Haven. Y aunque el piso estaba desoladamente vacío, la increíble capacidad de adaptación del ser humano aparece justo cuando la necesitas. Así, en menos de una semana, ya tenía luz, gas y el piso amueblado. Solo faltaba lo más importante: Elena, que entonces trabajaba en la Facultad de Ciencias de la Universidad.

Aunque soy más navarro que los pimientos del piquillo, una pequeña parte de mí está arraigada a Estados Unidos. Por casualidades del destino, me tocó nacer en este país, hace ya más de treinta años, mientras mi padre realizaba su posdoctorado en Rockville, Maryland, no muy lejos de donde me encuentro ahora. Por lo tanto, soy ciudadano de pleno derecho de Estados Unidos y de España. Pero lo que a priori parece una ventaja supuso que Elena no pudiera obtener visado. De modo que tuvimos que solicitar la famosa green card, el permiso de residencia y trabajo más deseado. Tras entrevistas consulares, exámenes médicos y mil papeleos más, Elena se incorporó en marzo de 2018 al laboratorio de la Dra. Nadya Dimitrova, también en Yale, para comenzar su posdoctorado.

 

Universo Yale

 ¡Qué decir de esta universidad, una de las mejores del mundo! Dispone de unas infraestructuras y una calidad académica de primer nivel. Muchísimas personalidades de muy distintos ámbitos han pasado por Yale. Por poner algunos ejemplos, actores de Hollywood tan notables como Paul Newman o Meryl Streep estudiaron en la School of Drama. En otras esferas se codeaban los expresidentes Bush (padre e hijo) o Bill y Hillary Clinton

El campus se extiende por casi toda la ciudad de New Haven con los distintos colleges (colegios mayores en España) y las facultades. Sus edificios recuerdan a construcciones clásicas de las antiguas universidades británicas como Cambridge, con patios y claustros que parecen salidos de las películas de Harry Potter. Es muy recomendable hacer un recorrido que organiza gratuitamente la Universidad, para conocer su historia y sus rincones más bonitos.

Tampoco podemos olvidar que Yale forma parte de la famosa Ivy League, integrada por ocho instituciones académicas del noreste de los Estados Unidos. El deporte está siempre muy presente en la vida de los americanos y los Bulldogs de Yale, animados por su incansable mascota, el bulldog Handsome Dan, compiten en todo tipo de categorías. Hockey, baloncesto y fútbol americano son las más populares. Siempre que podemos nos pasamos por The Game, el partido por excelencia contra el rival más histórico de Yale: la Universidad de Harvard, situada en la vecina Boston, Massachusetts.

 

La vida fuera del laboratorio

En cuanto a nosotros dos, hemos tenido la gran fortuna de recaer en dos laboratorios que nos han acogido con los brazos abiertos en esta larga carrera de obstáculos que supone la trayectoria profesional como científicos. Nuestras respectivas investigadoras principales son reconocidas internacionalmente en sus campos de estudio dentro de la biología del cáncer. Además, contamos con el apoyo total de la universidad, que tiene un sistema muy bien estructurado para facilitar la vida a los posdocs y, por supuesto, de los amigos y de la comunidad española en New Haven. Aunque pasamos muchísimas horas dentro del laboratorio, el trabajo merece la pena y poco a poco va dando sus frutos. 

El 16 de junio de este año tuvimos un encuentro con otros compañeros de Ciencias y el decano de nuestra Facultad, Luis Montuenga [Bio 81 PhD 84], en el restaurante P. J. Clarke’s, cerca del Lincoln Center, en Nueva York. Nos reunimos una decena de antiguos alumnos, entre ellos Marina Ruiz de Galarreta [Bio Bqm 09 PhD 15], Javier Carmona [Bio 07], Gorka Lasso [Bqm 02], Axel Concepción [MBCM 08 PhD 13],  Guillermo Ayestaran [Eco 14], Josefa González [Bio 08 Bqm 09], Elizabeth Salvo [MBCM 08 PhD 13] y Lorena Fontán [Bio 00 PhD 06]. La visita nos hizo mucha ilusión a Elena y a mí porque Luis fue nuestro codirector de tesis.

New Haven no se entiende sin la Universidad de Yale y sin los numerosos eventos culturales y de ocio promovidos por la enorme cantidad de estudiantes que van y vienen durante el curso académico. En esta pequeña ciudad hay varias salas de conciertos, teatros, etcétera. La propia Universidad tiene varios museos. Recientemente hemos visitado su galería de arte, que alberga piezas de artistas como Van Gogh o Monet. ¡Fue una auténtica sorpresa para nosotros! 

Asimismo, New Haven tiene cierta fama por su variada oferta en restauración. Si pasas por aquí, es obligatorio probar alguna de sus pizzas ya que, con permiso de nuestros amigos italianos que trabajan en Yale, está considerada una de las mejores de la costa este. Según los lugareños, otro icónico plato americano, la hamburguesa, llegó a Estados Unidos a través de New Haven. Concretamente en Louis Lunch, un diminuto local que aún sigue abierto en el downtown. Hasta disponemos de un bar de tapas llamado Barcelona en el que se atreven a servir ¡tortilla de patatas y salmorejo! Las tapas no están nada mal aunque, como bien apunta Elena cada vez que vamos por allí, «no es lo mismo».

A pesar de todo, los alrededores de Yale pueden resultar demasiado tranquilos en ocasiones. De modo que siempre que tenemos oportunidad nos escapamos a alguna de las cities cercanas. ¡En apenas dos horas se puede llegar tanto a Boston al norte como a Nueva York al sur! No nos planteamos por el momento comprar el billete de vuelta. Lo que nos ofrece Estados Unidos no podemos encontrarlo en España a día de hoy. Así que nos tomaremos con calma la idea de regresar. Aunque la lejanía de la familia y los amigos pesa, una vez que te adaptas un poco al estilo de vida americano, aquí se puede vivir de maravilla. 


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