Revista cultural y de cuestiones actuales
Número 708

José Miranda, un pediatra apasionado de la vida

Texto: Dr. Diego Martínez Caro, antiguo director del departamento de Cardiología de la Clínica Universidad de Navarra

José Miranda (1928-2020) fue un prestigioso pediatra y una figura clave en el impulso inicial de la Facultad de Medicina y de la Clínica. Colaboró también en la creación de la Asociación Navarra de Defensa de la Vida.

 


El doctor José Miranda, conocido cariñosamente como Pepote, nació en Lodosa (Navarra) en 1928. Hijo del médico del pueblo, su pasión por la vida y por la medicina siempre alimentó su gran capacidad emprendedora. Le conocí en Barcelona, donde yo estudiaba los cursos clínicos de Medicina y él trabajaba en el servicio de Pediatría que dirigía el prestigioso profesor Ramos. Ambos vivíamos en el Colegio Mayor Monterols. Años después nos reencontramos en Pamplona.

El Dr. Miranda fue una persona clave en los inicios de la Facultad de Medicina. Se incorporó al claustro en octubre de 1958. Aquel curso, bajo la coordinación del doctor Eduardo Ortiz de Landázuri, comenzaron las primeras clases clínicas y de especialidad para los alumnos del cuarto curso. Poco después se inició el proyecto de la Clínica Universidad de Navarra, en cuyos primeros pasos participó activamente y con gran entusiasmo. Pepote, perfectamente coordinado con el decano, el profesor Juan Jiménez Vargas, nos facilitó a los que veníamos de fuera su valioso conocimiento de la tierra y de sus gentes; y a toda la Facultad su experiencia en la Medicina Pediátrica a través de las clases que empezó a impartir el curso siguiente.

 

En 1958, junto con un grupo de alumnas en prácticas | Archivo Fotográfico

 

Navarro por los cuatro costados, citaba con emoción las palabras que san Josemaría pronunció en la  «homilía en el campus» el 8 de octubre de 1967, y terminaba siempre evocando las palabras del santo, referidas al lugar de aquella celebración: «Y arriba, el cielo de Navarra».

La tenacidad del Dr. Miranda en las primeras consultas médicas de la Facultad fue crucial. Él se encargó —era muy resolutivo— de facilitar los utensilios de trabajo, que fueron los de su padre, ya jubilado. También gestionó con el Hospital de Navarra la atención de los pacientes de Medicina Interna para que los alumnos pudieran comenzar sus prácticas y, por supuesto, empezó a atender a los primeros pacientes pediátricos —mocetillos, como él les llamaba—  con apasionada paciencia y dedicación. Cuando le preguntabas por sus memorias solía responder: «El mejor recuerdo ha sido sacar adelante lo que la vida nos iba dando sin tener ningún medio».

En 1962, cuando la Clínica era ya una realidad palpable, el Dr. Miranda se trasladó a Salamanca, donde ejerció de pediatra. En 1977, de regreso a Navarra, impulsó la  Asociación Navarra de Defensa de la Vida (ANDEVI), iniciativa a la que dedicó toda la fuerza de su  entusiasmo y energías.

Emprendedor, optimista por naturaleza y práctico, Pepote fue un hombre de profunda fe, verdadera humanidad e inteligente sentido común. Los que conocimos al doctor José Miranda sabemos bien que su sonrisa permanecerá siempre muy viva en nuestro recuerdo, y su contagiosa vibración de vida seguirá siendo un estímulo para todos.

 

 

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