Revista cultural y de cuestiones actuales
Número 709

Un hombre de fe que amaba el Cosmos


Georges Lemaître nació el 17 de julio de 1894 en Charleroi –una ciudad minera de Bélgica– en el seno de una familia acomodada. Era un niño con muchos proyectos, al que le gustaban las Matemáticas y montar en bicicleta. Su primer sueño lo alcanzó en 1923 al ordenarse sacerdote y el segundo, acto seguido, cuando se marchó a Inglaterra y, posteriormente a Estados Unidos, para estudiar Astronomía. En esos países tuvo la oportunidad de relacionarlse con los principales científicos del mundo y conocer sus descubrimientos.

Regresó a Bélgica en 1925 para ejercer de profesor en la Universidad Católica de Lovaina, al tiempo que atendía la capellanía de una residencia de estudiantes. Entre sus alumnos tenía fama de sabio despistado, ya que con frecuencia llegaba tarde al aula y la mayoría de sus alumnos no era capaz de seguirle, pues les explicaba en sus clases sus propias investigaciones. Durante los primeros años de docencia, terminó su tesis doctoral y dio solución a las ecuaciones de la teoría de la Relatividad general de Einstein, estableciendo su primer modelo cosmológico (1927). Pero en 1931, como consecuencia de una conferencia que Eddington dictó en Londres, llegó a la teoría del Big Bang. Lemaître volvió a Estados Unidos en muchas ocasiones para encontrar alguna prueba que avalara su teoría. Junto al mexicano Manuel Sandoval, comenzó a estudiar los rayos cósmicos, esperando encontrar en ellos el eco de la gran explosión. Al estallar la Segunda Guerra Mundial, Lemaître intentó huir a Inglaterra, pero fracasó, y volvió a su maltrecha universidad, donde quedó aislado del resto de los astrofísicos. Durante ese tiempo se dedicó a su ministerio sacerdotal, a la docencia  y a atender a su madre, que había enviudado.

Después del conflicto bélico, creó un laboratorio de cálculo para obtener numéricamente las trayectorias de los rayos cósmicos. Fue adquiriendo poco a poco máquinas más sofisticadas hasta llegar a los primeros ordenadores. En uno de los programas de radio de la BBC, Fred Hoyle, máximo representante de la teoría del estado estacionario, calificó despectivamente el modelo de Lemaître como “el gran pum” (Big Bang). Ambas teorías eran compatibles con los datos astronómicos del momento, pero la de Hoyle había surgido para expulsar a Dios de la ciencia. George Gamow tomó el testigo de la teoría del Big Bang, enfocando el asunto desde una perspectiva termodinámica. En el inicio, además de ser muy de denso, el universo debió estar muy caliente y durante la expansión se fue enfriando. Lemaître no tuvo ningún interés en hablar con Gamow, pues pensaba que todo se aclararía cuando la teoría cuántica se desarrollara más.

El ritmo de trabajo de Lemaître fue muy intenso. Además de sus ocupaciones científicas y sacerdotales, fue miembro de la Academia Pontificia de las Ciencias desde su fundación y segundo presidente, después del franciscano Agostino Gemelli

Debido al exceso de trabajo y de no seguir su estricto régimen de comidas, Lemaître padeció varios infartos. En 1966 ingresó en el hospital, con motivo de una insuficiencia cardiaca. Pocos días antes de morir, su amigo Odon Godart le comunicó que su teoría quedaba confirmada: Penzias y Wilson habían descubierto una radiación de fondo de microondas cósmicas, rastro fósil de la gran explosión con que dio comienzo nuestro mundo.