Revista cultural y de cuestiones actuales
Número 709

Noches de Cannes

Ángel Blasco [Com 79] Productor de cine


«Ya durante la carrera, en los años setenta, cuando me fui orientando profesionalmente hacia el cine, leía y guardaba las críticas de Jorge Collar en Nuestro Tiempo, que aún conservo.

Conocía su voz desde antes, por sus crónicas en Radio Nacional sobre la actualidad francesa. También oía hablar de él en casa porque era buen amigo de mi padre, que trabajaba en distribución cinematográfica. Mi padre viajaba a París con frecuencia y Jorge le ayudaba a organizar los encuentros con las compañías americanas, que tenían allí su sede para Europa. Jorge le orientaba sobre las cintas americanas más interesantes y mi padre comentaba que los ejecutivos de Warner, United Artist, Disney o Columbia se sorprendían. «Sabes más que nosotros —le decían—, nos hablas de películas que todavía no estamos comercializando». La ayuda de Jorge en las negociaciones resultaba también muy valiosa, por sus conocimientos y la agudeza de sus observaciones. En el caso de Mary Poppins, las conversaciones terminaron en un contrato de distribución con Disney que duró treinta años.

En los años ochenta, me incorporé a trabajar con mi padre y  comencé a asistir al Marché du Film, en Cannes, que tiene lugar, cada año, durante los días del Festival. Allí, compartía con Jorge el apartamento que alquilaba en la Rue Georges Clemenceau, con preciosas vistas a la bahía. 

Salíamos los dos, muy de mañana, yo en busca de proyectos por descubrir antes que la competencia, y Jorge a las proyecciones del Festival. No dejaba pasar una. Cada día, a media tarde, cuando yo volvía cargado de guiones, lo encontraba redactando sus crónicas antes de ponerse el esmoquin para asistir a la première programada. Y, al regresar, él me encontraba leyendo los guiones del día. Manteníamos entonces charlas interminables sobre cine mientras nos preparábamos una cena ligera. Dormíamos poco, pero nunca olvidaré aquellas noches de tertulia. 

Así transcurrieron las jornadas del Festival durante los ochenta y los noventa. Con el cambio de siglo, yo me incorporé a Telefónica, aunque siempre solía encontrar un hueco para pasar un fin de semana en Cannes y saludar a Jorge, que se mantuvo al pie del cañón hasta 2014, cuando se retiró y le tributaron un gran homenaje. En Cannes todo el mundo lo apreciaba. Era el decano de los periodistas que cubrían el Festival, y su alegría, simpatía y bondad natural eran muy reconocidas.

Vi a Jorge por última vez hace cinco años, en un viaje que realizó a Madrid, aunque nos escribíamos y hablábamos ocasionalmente por teléfono. En su felicitación de esta Navidad pasada, después de haber visto El retorno de Mary Poppins y volver a ver la Mary Poppins original, nos recordaba aquellas negociaciones de hace cincuenta y cinco años, cuando se cerró el acuerdo con Disney y terminaba: «Cannes se aleja cada vez más (ya cuatro festivales sin ir), pero no pierdo la esperanza de veros. Los recuerdos, si no se comparten, se pierden».