Revista cultural y de cuestiones actuales
Número 711

Recuerdos como raíces

José Luis Mumbiela [Bach Fia 89 Teo 94 PhD Teo 97]. Obispo de Almaty, Kazajistán. 


¿Cómo recuerda su paso por las aulas de la Facultad?
No son recuerdos de una época que pasó, sino que de algún modo siguen dando vida en una relación continua. Diría que son como los recuerdos que un árbol puede tener de sus raíces. 

¿Qué ha significado para usted estudiar en la Universidad?
Ha sido —y lo es constan-temente— un don de Dios. El sentido de los dones se comprende mejor con el tiempo, cuando ves las consecuencias de aquello que recibiste como semilla. Lo más importante en esas semillas no es tal vez el aspecto intelectual, sino las relaciones personales de amistad que se crean. A su vez, noto una cierta llamada a la responsabilidad para mantener vivo ese don que no es solo para mí, sino que debo transmitir. 

¿En qué medida le ha servido esta formación para el ejercicio de sus funciones?
No es solo la Facultad de Teología la que me ha formado, sino la Universidad: su estilo, su bello e interesante campus, el contacto con otros aspectos del saber además de la Teología... ¡e incluso la Clínica! Siempre he reconocido la acertadísima decisión de tener una facultad de Teología en un campus en el que convive con otros centros de ciencias y letras. 

¿En algún momento se imaginó que sería obispo de Almaty?
Siempre he tenido la convicción —incluso ya en mi época de estudiante— de que un sacerdote diocesano ha de estar dispuesto a servir a la Iglesia donde ella le pida. Solicitaron mi colaboración en aquel país. El papa Juan Pablo II tenía gran interés por atender a los católicos de esas tierras. Le manifesté a mi obispo mi disponibilidad, y él me envió para apoyar a la incipiente iglesia de Kazajistán. ¡En esas circunstancias nadie piensa ir allí para ser obispo! Simplemente intentas contribuir en todo lo que puedas, con la ayuda de Dios. Después, es el Señor el que te va indicando dónde quiere esa colaboración.

¿Cómo fue el cambio al pasar de vivir en la misma cultura donde ha crecido a una tan diferente?
Después de unos años me da la sensación de que el cambio cultural no es tan grande como uno puede creer desde España. A la vez, todos debemos tener capacidad de adaptación a las costumbres de los demás. Me imagino que, sin moverse de la Universidad, los profesores también deben habituarse a las nuevas culturas que traen los estudiantes. Creo que la convivencia es en todos los ámbitos como un juego de adaptación. En Kazajistán descubrí rasgos muy hermosos; entre otros, la apertura a otras culturas, para aprender de ellas lo que nos pueden aportar.

¿Cree que el hecho de estudiar en una facultad donde la mayoría de los alumnos son internacionales imprime carácter?
Sin duda. Vives la universalidad de la Iglesia no como teoría, sino como algo cotidiano que te envuelve, te forja el corazón y, en consecuencia, te orienta la mente. A nadar se aprende nadando, y a ser católico... conviviendo con quienes son distintos a ti. Y tal vez, cuanto más distintos, más entiendes y amas esa catolicidad.