Revista cultural y de cuestiones actuales
Número 708

La última llamada

La técnico: Maite Lacasa


—Hola, 112. Dígame.

—Me voy a suicidar.

Del millón de llamadas que recibe al año la central de emergencias SOS Navarra, un pequeño porcentaje contiene ese mensaje. El mito de que quien se suicida no avisa es falso. «Hay personas que se asustan en el último momento y marcan casi de forma inconsciente, movidos por el instinto de supervivencia», explica Maite Lacasa (a la derecha en la foto), jefa de Formación y Supervisión hasta hace unos meses.

—Pero ¿cómo te llamas? ¿Dónde estás?

La tarea más importante cuando se produce una emergencia de esas características es intentar recabar información, algo que en ocasiones se complica por la falta de lucidez del afectado, por su nerviosismo o por la pérdida de consciencia. 

 —Juan, ¿por qué vas a hacerlo?

Maite Lacasa resalta que en el suicidio siempre concurren varios factores, «aunque después el detonante sea uno solo». También insiste en que «los medios de comunicación tienen que ayudar en este sentido porque, si relacionan una causa concreta con el suicidio, en el momento en el que a una persona le pase lo mismo no va a ser capaz de hacer algo distinto». Es entonces cuando se puede producir el efecto contagio. A veces lo más difícil es entender las razones por las que telefonean: «Algunos se arrepienten; otros llaman porque piensan que nadie se va a enterar y entonces no tendría sentido».

—Vamos a ver, Juan, ¿qué edad tienes?

Mientras el operador alarga la conversación con Juan, ubica sobre el mapa el origen de la llamada y moviliza a la Policía Foral y a una ambulancia. 

El tipo de persona que habitualmente se dirige a SOS Navarra es un varón de unos cincuenta años. «Pero en los últimos diez años que llevo trabajando aquí, la gente cada vez es más joven», declara María Jesús Labiano (a la izquierda en la foto), jefa de Turnos y Estadísticas. Casos de bullying, problemas en casa o enfermedades mentales son los factores más comunes que —al juntarse— llevan a jóvenes y adolescentes a quitarse la vida. Sin embargo, también hay unas cuatrocientas personas mayores de ochenta años que se suicidan anualmente en España. «Ellos no suelen avisar», señalan las trabajadoras de SOS Navarra.

La voz de Juan se va apagando conforme avanza la conversación…

Juan, ¿sigues ahí?

—Sí.

El operador ensaya algunas frases hasta que oye a través del teléfono a la Policía Foral, que ha entrado en el domicilio.

Entonces respira aliviado: la gestión se ha cerrado con éxito.

Y cuelga satisfecho el aparato.