Revista cultural y de cuestiones actuales
Número 708

Una campaña puerta a puerta


El carácter “puerta a puerta” de las campañas británicas juega a veces malas pasadas, como ocurrió en el caso del bigotgate. En vísperas del último debate, Gordon Brown atendió a varios ciudadanos en el norte de Inglaterra. Allí entabló conversación con Gillian Duffy, una mujer de 66 años y votante laborista que le trasladó los problemas de la inmigración en su zona. Después de despedirse diciéndole que había sido “muy agradable charlar” con ella, Brown se subió al coche reprochando a sus asesores haberle puesto en contacto con esa mujer, a la que tildó de “bigot”, (“intolerante” o “fanática”) ... con el micrófono de la televisión todavía abierto. Brown tuvo que pedir perdón y presentarse en casa de Duffy para intentar recomponer su maltrecha imagen.

David Cameron también ha pasado aprietos. Una conversación con el padre de un discapacitado, a propósito de las escuelas para niños que requieren educación especial, dio la vuelta al mundo. Cameron salió airoso del debate por su posición al respecto y, en especial, por la empatía que generó a un público que recuerda la pérdida el año pasado de su hijo Ivan a causa de una parálisis cerebral. En otra ocasión, el candidato conservador también recibió, de refilón, el impacto de un huevo lanzado por un joven de 16 años.