Revista cultural y de cuestiones actuales
Número 709

Una carrera en paralelo


Con once años comenzó a “atormentar” a sus padres con una guitarra usada de su tía. Fue en un concierto de la banda venezolana Todosantos, con quince años, donde tuvo claro que su vida iría por esos derroteros. A partir de entonces, y hasta que se marchó a estudiar Comunicación Audiovisual a la Universidad de Navarra, hizo todo lo posible para ensayar con quien fuese, tocar donde le “pusieran enchufe”, escuchar discos y tratar de aprender de ellos.

Ya en la Universidad compaginó los estudios con pequeñas actuaciones en un bar de poetas de la Rochapea. Ellos leían sus poemas y él les ponía música: “No me pagaban, pero podía tomar vino gratis y aprendí mucho de literatura”. De forma paralela aprendió, con un buen amigo de la Universidad, a grabar, a pinchar, la logística de una gira y a entender el concepto de música en relación con otras artes. 

Al mirar con perspectiva su etapa universitaria, asegura que no fue nada fácil compatibilizar las actividades de la banda con las clases y estudios; y más el último curso, con toda la organización del primer Fcom On The Stage, que celebró la Facultad con motivo del cincuentenario, y en cuya organización se metió de lleno. “Tuve suerte, tanto mi familia como los profesores de mi Facultad fueron bastante comprensivos con mis aspiraciones de ser músico. Sólo me pidieron que no descuidase mis obligaciones como estudiante”. Y así lo hizo. Desde 2006 no recuerda lo que son unas vacaciones. 

Ahora que está lejos añora su vida de Pamplona: “El invierno, la cafetería de Fcom, las cañas del Out of Time, los conciertos de verano en El Caballo Blanco, las recomendaciones de libros y películas de los profesores, las largas caminatas en la madrugada por La Ciudadela, los Pintxos, el Gayarre…”.