Salud mental Cine Nº 726

«El chico de los pantalones rosas». Cuando el cine duele... pero enseña

22 de septiembre de 2026 5 minutos

Ana Sánchez de la Nieta

Samuele Carrino es Andrea Spezzacatena, el «chico de los pantalones rosas».

La película italiana El chico de los pantalones rosas, basada en un caso real de bullying, es no de esos títulos que duelen por lo que cuentan, pero que muestran el valor educativo y social del cine.

Mi estómago de crítica puede con argumentos duros, absurdos o nada recomendables, pero no metaboliza bien las cintas en las que los niños enferman, pasan hambre o sufren las consecuencias de la guerra. Esa aprensión se convierte en bloqueo ante películas sobre bullying.

Por eso traté de huir cuando se presentó en el Festival de Málaga El chico de los pantalones rosas, una película basada en un caso real en Italia que terminó en suicidio. No lo hice por varias razones. La primera, los lectores. La segunda, que vivo de ver películas. Y la tercera, que el cine —o un tipo de cine— tiene una función social importante de concienciación, denuncia o conocimiento que hay que defender.

UN HOMENAJE A ANDREA

Roma, 20 de noviembre de 2012. Andrea Spezzacatena, un estudiante de quince años, se quitó la vida. No dejó ninguna nota. Era un niño normal, con una buena relación con su familia. Adoraba a su hermano pequeño, le gustaba ir al colegio y, aparentemente, tenía amigos.

Su madre, Teresa Meta, acabó descubriendo que Andrea sufría bullying en clase y a través de las redes sociales. El acoso venía de lejos, pero había estallado cuando el adolescente se puso unos pantalones rojos que habían desteñido. Sus compañeros abrieron entonces un grupo de Facebook para insultarle: «El chico de los pantalones rosas».

 

Teresa Meta canalizó el dolor hacia la educación, el duelo hacia la sensibilización y la rabia hacia la denuncia. Canibalizó el nombre de aquel grupo diabólico y lo convirtió en el título de una novela en la que contaba la vida de su hijo Andrea. El libro se convirtió en un best seller en Italia. Llegó la adaptación al cine, un fenómeno de taquilla. Se estrenó en abril en España y habrá remake americano a cargo de Nick Cassavettes, el director de El diario de Noa y John Q, entre otras.

DEL LIBRO A LA PANTALLA

La cineasta italiana Margherita Ferri ha llevado al cine la historia de Andrea, a partir del guion de Roberto Proia. Los dos han trabajado absolutamente pegados al texto de la novela, lleno de fuerza. A modo de dedicatoria, Teresa Meta escribe: «Que el sacrificio de uno valga para el rescate de otros». Y en el prólogo, explica que, en el entierro de Andrea, quiso rescatar el espíritu de su hijo. No quería hablar de su muerte sino de su vida, y eso se traslada a la película.

Frente a algunos films o series que han abordado el tema del bullying desde el realismo mágico (Un monstruo viene a verme) o, directamente, el terror (la serie Invisibles), la perspectiva de El chico de los pantalones rosas es muy diferente. Estamos ante un drama profundamente emotivo y triste, porque conocemos el final, pero tratado desde el realismo, la ternura e incluso, en algunos momentos, el sentido del humor. El chico de los pantalones rosas no es una historia de bullying o no es solamente eso. Es el retrato de un adolescente corriente, que tiene sueños y aspiraciones, que se enamora y se divierte, que —como todos— busca su sitio en el mundo y trata de refugiarse en su familia, en su colegio y en sus amigos. Y cómo, en ese paisaje normal, una violencia aparentemente inocua al principio puede terminar matando al chico mucho antes de que se mate él.

024

Si tú o alguien de tu entorno lo está pasando mal, la línea 024 de atención a la conducta suicida es gratuita y confidencial, las 24 horas.

Es una violencia que se ejerce —casi siempre— a través de las palabras y que intensifica el daño a través del silencio. Las palabras de los acosadores pueden matar y, paradójicamente, las palabras de las víctimas son muchas veces lo único que puede salvarlos, aunque no son fáciles de pronunciar. Como señala Teresa Meta: «Primero, una víctima debe reconocer que está sufriendo. Luego debe reconocer que es una víctima y, finalmente, debe encontrar el valor para pedir ayuda».

ALGO MÁS QUE UN FILM

Hay películas que son algo más que una historia filmada y El chico de los pantalones rosas entra en esta categoría. Cinematográficamente es un producto notable. La historia está bien contada, con un guion que acierta con los puntos de giro. Sabemos lo que va a ocurrir, pero el libreto de Roberto Proia consigue que nos interese el proceso, la evolución de los personajes, la vida de Andrea y no solo la muerte.

Los actores cumplen de sobra, especialmente el protagonista. El joven Samuele Carrino compone un personaje entrañable y absolutamente creíble. La película es dura pero no amarga, y puede ser un producto didáctico muy interesante para un público joven.

Cuando terminé de verla en Málaga, desolada, le agradecí al cine su capacidad de hacernos llegar a lugares infernales. Siempre será mejor pisarlos en la ficción para no tener que habitarlos más en la vida real.

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