Bienvenidos a la popmodernidad

18 de septiembre de 2026 4 minutos

Gema Pérez Herrera Biografía

Gema Pérez Herrera (Santander, 1988) es profesora de la Universidad de Valladolid, doctora en Historia Contemporánea, periodista y crítica de cine. Experta en la representación de la mujer en la pantalla y en el cine como espejo y agente de la realidad, es autora de una biografía de Greta Gerwig que le mereció el premio Ernestina de Champourcin y de Barbie eres tú (Eunsa, 2025) en la colección «Temas de Nuestro Tiempo».


Gema Pérez Herrera se incorpora a la sección de Opinión de Nuestro Tiempo. En esta columna bimestral, llamada «Popmodernidades», analizará esquirlas y tendencias de la cultura popular que apuntan a lo bueno, lo bello y lo verdadero.

Vivimos tiempos apasionantes. Lo anuncian las carteleras de cine, las páginas de los periódicos y cualquier feed de Instagram. Lo son porque en nuestra cultura conviven el dolor y el entusiasmo, como conviven en cada vida. Aunque son muchos los dolores que la afligen, me centraré en uno, el que le señaló el Gato Sonriente a Alicia: «Si no sabes a dónde vas, poco importa el camino que tomes». 

La modernidad quiso explicarnos el mundo a través de paradigmas racionales y científicos, y terminó por hacernos creer que eso era todo. Para encontrar el camino empezamos a preferir las brújulas a los astros, nuestras certezas al misterio. Así, mientras la técnica se sofisticaba, nosotros perdimos la capacidad de mirar al cielo y, sobre todo, de interpretarlo. La posmodernidad, hija adolescente, se marchó dando un portazo: ya no importaba el camino; bastaba con caminar. Y aunque parece que Google Maps nos lleva a todas partes, nos hemos ido percatando de que sin puntos cardinales las brújulas no nos sirven para nada. Y añoramos saber algo más de estrellas cuando atravesamos noches oscuras y experimentamos la nostalgia por encontrar un camino que nos lleve a un destino seguro. Y para eso no da igual ver un lucero que un satélite de Elon Musk.

Pero estamos de enhorabuena: los astros siguen brillando y hay quienes los observan, bien porque se quedan sin batería, bien porque están hartos de la luz azul de las pantallas. O porque se sienten atraídos por el misterio de lo que nos excede. En la contemporaneidad aún existen destellos de bien, de belleza y de verdad. La cultura sigue siendo un lugar privilegiado desde el que formular preguntas por lo humano para comprender que las auténticas respuestas no son las que fabricamos a nuestra medida, sino que las encontramos al estar abiertos a la realidad. El mes que viene se cumple un año del famoso «giro» cultural. Rosalía demostró que la gente anhelaba algo de LUX y levantar la mirada, aunque quizá alguno se haya quedado en los focos del concierto. Ese deseo que habita en nosotros puede ser el cohete que nos lleve más arriba o más adentro; es lo mismo. Lo interesante es que ha de hacerlo cada uno. Este territorio de la cultura popular, atravesado por paradojas e incertidumbres, pero capaz todavía de mirar a lo alto, es lo que en este rinconcito llamaremos popmodernidades

El 1 de octubre se estrena una serie: Al este del Edén. A la espera de saber cómo se ha adaptado la poderosa novela de John Steinbeck, el tráiler adelanta que el personaje de Cathy Ames será el centro de la narración. Este protagonismo resulta inquietante, pues Cathy Ames es una de las mejores encarnaciones del mal en la literatura del siglo XX. Por suerte, Steinbeck no abordó la cuestión del mal desde el victimismo contemporáneo, sino que, para resolverla, reescribe el relato bíblico de Caín y Abel con las vidas de Cal y Aron, hijos de Cathy Ames. La novela pivota sobre una palabra hebrea, timshel, que significa «Tú podrás dominarlo», expresión que Dios dirige a Caín tras el asesinato de su hermano y que lo libera del encierro en su pecado. Caín no está condenado a reincidir en el mal. Uno de los personajes lo expresa de manera magistral: «¡Imaginen la gloria que representa la facultad de escoger! Gracias a ella el hombre es hombre». Al este del Edén es una novela sobre la libertad irrenunciable que todo ser humano posee para elegir lo bueno, lo verdadero y lo bello: para mirar a las estrellas y no al barro. 

Esa confianza en la libertad humana es algo que nos cuesta entender hoy. A finales de agosto se canceló una exposición dedicada a John Galliano en el MET por unos exabruptos antisemitas que el diseñador pronunció ¡quince años atrás! Nadie niega el mal cometido por Caín (y por su homólogo Cal), pero esto no le priva de su capacidad para escoger el bien. La cancelación de Galliano nos habla de que nuestra cultura ha perdido la idea de redención: pretende haber superado la idea del pecado pero, más que nunca, vive instalada en él, porque no concede el perdón ni vuelve a confiar en el hombre. Afortunadamente, no dejamos de mirar a los clásicos y, aunque la nueva serie parece que ha preferido centrarse en el desconsuelo de Cathy, seguro que genera interés por el original de Steinbeck. Y quizá más de uno, al leerlo, descubra de nuevo la esperanza.

LA PREGUNTA DE LA AUTORA

¿Cuándo fue la última vez que un libro, una película, una obra de arte o la naturaleza te llevaron hasta las estrellas?

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