
José Manuel Almuzara Pérez
Roca Editorial, 2026
224 páginas
21,90 euros
Justo cien años después del fallecimiento de Gaudí, el próximo miércoles 10 de junio, está anunciado que León XIV inaugure —y bendiga— el edificio que proyectó este talento singular de la arquitectura.
En torno a las fechas del centenario gaudiniano proliferan biografías —sesudas o anoveladas—, exposiciones, monografías, conferencias, documentales, actos académicos, conciertos… Incluso, y sobre todo, sigue arriba el crecimiento del templo expiatorio barcelonés, universal, de la Sagrada Familia, comenzado en 1882.
Entre los libros, destaca un entusiasta y original Gaudí, el arquitecto del alma, de José Manuel Almuzara Pérez (Marruecos, 1952). El expresivo subtítulo de «Las enseñanzas espirituales de un genio» resalta la tesis que plantea el autor, también arquitecto y presidente desde 1992 de la Asociación Pro Beatificación de Antoni Gaudí. Además, Almuzara lleva cuarenta años difundiendo la figura y la obra de un hombre que no solo proyectó construcciones visionarias —adelantadas— sino que, «consecuente en sus dimensiones personales, sociales, culturales y religiosas», se vio «un instrumento y colaborador en la creación divina».
Enhebrando con amenidad anécdotas, testimonios, confidencias, nombres, sitios y frases luminosas, el ensayo se prende al lector desde los primeros párrafos. Que viaja a ateneos, campus, la prisión de Rancagua en Chile, un orfanato, Japón, o un aeropuerto donde alguien descubre su fe.
Almuzara confiesa tres sueños unidos a la figura y enseñanzas del arquitecto «venerable». Vivido el participar en unas jornadas sobre la luz en Sorolla y Gaudí. Vivido y compartido el presenciar cómo amanece el Domingo de Pascua sobre un grupo escultórico del artista —el misterio de la Resurrección— en las estribaciones de Montserrat. Pendiente, culminar «la última piedra para la última obra civil de Gaudí», Casa Milá, La Pedrera («La Cantera») y sus ondulaciones del oleaje en piedra calcárea: efigies de María, Virgen del Rosario, con Jesús, flanqueadas por dos arcángeles, en bronce dorado al fuego. Bienaventurado, ¡beato!, y maestro Gaudí. Más que una buena persona.




