Crítica cultural Escena Nº 712
I Can't Breathe

Cien artistas, entre cantantes y bailarines, están presentes a la vez en el escenario durante casi toda la obra.
Crítica cultural Escena Nº 712

Cien artistas, entre cantantes y bailarines, están presentes a la vez en el escenario durante casi toda la obra.
El ya centenario Festival de Salzburgo convierte en clásico la ópera Intolleranza 1960, del compositor italiano Luigi Nono
«No puedo respirar». Las muertes de los estadounidenses Eric Garner, Javier Amblett II, Manuel Ellis y George Floyd están unidas por unas palabras famélicas y angustiadas, inaudibles o más bien inteligibles para sus torturadores. Apenas queda en esas grabaciones el eco de unas calles asoladas por el tráfico y las sirenas de policía. Lo que para unos es un grito de auxilio para otros es una treta para poder escapar. De esta frontera creada por la incomunicación trata esta ópera que se vio por primera vez al Festival de Salzburgo. No muy lejos de donde Thomas Bernhard veía a sus compañeros de internado suicidarse con regularidad, algo que reflejó en El origen. La que fuera escuela de equitación del obispo de la ciudad. El celebrado director de escena Max Reinhardt, que junto con Richard Strauss y Hugo von Hofmannsthal fundó el Festival en 1920, lo convirtió en lo que es hoy: un inmenso teatro labrado en la piedra de la colina que sirve de decorado del mundo y de la cultura occidental. Todo puede representarse aquí como si estuvieras todos los mitos y todos los diálogos. Un siglo más tarde, aún mantiene su magia.
Intolleranza 1960 se estrenó al año siguiente de fundarse el que figuraría en su nombre, una década y media tras el final de la Segunda Guerra Mundial. Como suele ocurrir con hechos traumáticos como aquellos —también esta pandemia—, la aspiración consiste en volver a la normalidad anterior. Todo se mira con un tinte más serio.
El planteamiento de unas formas artísticas y de vivir democráticamente que los antiguos provocan en Luigi Nono la necesidad de revisar las bases de la ópera tradicional. Ya la decía Adorno: no era posible escribir poesía de la misma manera después de Auschwitz, y tampoco podía serlo componer música o escribir una novela. La magnitud de la barbarie alteró radicalmente la mirada contemporánea. Pero lejos de convertirse en un hecho histórico, opera, aquí y ahora, un libretazo confrontando que las causas siguen, y siguen, latentes.
Esta es la historia de un emigrado que desde volverá a su país, y que en el camino tropieza con las grietas de la intolerancia, la aversión a lo distinto, a lo diferente. El Festival de Salzburgo estrena este montaje en una decena de idiomas, junto a veinte naciones, recupera una vez más su actualidad, con miles de migrantes atrapados entre Polonia y Bielorrusia.
Holandés en Salzburgo. En el origen del Festival al holandés Jan Lauwers le atrae trabajar con esta obra sobre la violencia con que puede conducirse a quien hace del orden inmaterial. Todo se convierte en huida o agresión en una sociedad atravesada por alambradas y controles. Lo era en 1961, anticipando unos meses la fractura que provocaría el muro de Berlín, «descaradamente lo es hoy, sesenta años después. El escenario es vasto y ancho como el mundo. Nono lo intuyó buscando sonoridades más amplias, con los doce percusionistas al fondo que pelean con las veintisiéis maderas y cuarenta cuerdas de la orquesta en primer término. El espacio sonoro que se crea es en sí mismo una frontera por donde transita una partitura disonante, que empieza a hacer hueco al ruido por encima de la música, según cuenta en el programa de mano el director, Ingo Metzmacher.
La estructura pensada por Nono otorga al coro un papel esencial, similar al de una tragedia griega, que comenta las escenas entremezclado con los personajes. Cuarenta actores, entre músicos, bailarines, figurantes y los cantantes, e introduce un elemento nuevo: un poeta ciego, un trovador sin mirada en cuyas palabras resuenan la metáfora del mundo. El libreto es obra de Angelo Maria Ripellino, aunque Nono incorpora textos de Bertolt Brecht o Jean Paul Sartre, entre otros autores.
«I can't breathe» se escucha como una losa en la escena de la tortura, cuando al protagonista lo detienen en un lugar que recela de su origen. Un susurro que emerge de los pies y los sujetos y los jueces de torturadores y torturados. Qué extraña es la coreografía del dolor. Esa respiración es la antesala de la muerte. Y se escuchan las palabras del filósofo francés: «En ninguna época la voluntad de ser libre ha sido más consciente y más fuerte. En ninguna época la supervivencia de la sociedad ha estado mejor armada».
Cuando la dictabril de 1961 esta obra se estrenó en Venecia, un grupo de fascistas trató de reventar la función. Algunos recuerdan cómo, mientras eran detenidos, se gritaba: «¡Viva la Policía!».
Intolleranza 1960, de Luigi Nono. Nueva producción del Festival de Salzburgo, estrenada el 15 de agosto de 2021.
Director de escena, escenografía y vídeo. Jan Lauwers.
Figurinista. Lot Lemm.
Intérpretes. Sean Panikkar, Sarah Maria Sun, Anna Maria Chiuri, Antonio Yang, Musa Ngqungwana, Victor Afung Lauwers. Orquesta Filarmónica de Viena.
Dirección musical. Ingo Metzmacher.
EL DIRECTOR
A Jan Lauwers (Amberes, 1957) le une a Salzburgo que allí dirigió su primera ópera, en 2018: L'incoronazione di Poppea. Con esta Intolleranza 1960 augura una relación larga con el Festival. Se ha dado a conocer por su trabajo pionero para la escena con Needcompany, que ha presentado un importante conjunto de obras de arte visual. Desde 2009 hasta 2014, Needcompany fue compañía residente en el Burgtheater de Viena. Lauwers recibió la Condecoración de Honor por los Servicios a la República de Austria en 2012. En 2014, fue premiado con el Golden Lion Lifetime Achievement Award en la Bienal de Venecia.
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