Campus Mundo Árabe Iglesia Nº 725 Historia y religión

Samer Yohanna: «Los cristianos iraquíes no somos reliquias bíblicas»

Casi diez años después de la derrota del Estado Islámico en Irak, la reconstrucción de las comunidades cristianas es un reto que encuentra obstáculos graves. Como consecuencia de la etiqueta «minoría en peligro», muchas familias se ven forzadas a emigrar. Incluida la de Samer Yohanna. En conversación con Nuestro Tiempo, el superior general de la Orden Antoniana de San Ormisda de los Caldeos desgrana las semillas de la esperanza, como las labores de reconstrucción del monasterio de San Jorge de Mosul, del que es su abad, y señala algunos estereotipos occidentales sobre los cristianos de su país.

15 de abril de 2026 15 minutos

Leire Escalada

Fotografía: Manuel Castells

Apenas el 0,7 por ciento de la población es cristiana en Irak, según estiman las autoridades cristianas. Unas 360.000 personas en un país de 47 millones de habitantes donde las huellas de medio siglo de guerra, terrorismo e inestabilidad siguen muy visibles. En 2003, calculaban un millón y medio de fieles. La violencia y la persecución, recrudecidas con la ocupación del Estado Islámico (ISIS) entre 2014 y 2017, forzaron a más de 100.000 a la diáspora, incluida la familia de Samer Soreshow Yohanna (Mosul, 1980), monje y sacerdote católico, superior general de la Orden Antoniana de San Ormisda de los Caldeos. De modo gradual, desde 2006, toda su familia abandonó el país, víctima de amenazas. A uno de sus hermanos lo hirieron en un ataque a la Iglesia del Espíritu de Mosul. Residen desde entonces en Francia, aunque su madre y uno de sus hermanos están «muy inclinados hacia la idea de tener un hogar en Irak». Yohanna espera que puedan regresar en un futuro cercano.

Él es el tercero de seis hermanos. Su madre, Susi, tuvo que criarlos sola después de que su padre, Soreshow, resultase herido de muerte en 1987, cuando combatía en la guerra entre Irán e Irak (1980-1988). Pasó su infancia en la Escuela Apostólica del Monasterio de San Jorge, en su ciudad natal, hasta su traslado a Bagdad en 1998, donde ingresó en la orden y cursó sus estudios en Filosofía y Teología. Después de ordenarse sacerdote en 2006, continuó su formación en el Pontificio Instituto Bíblico de Roma. En 2014, una vez defendida su tesis doctoral, Yohanna planeó una estancia de dos meses en Estados Unidos, que tuvo que ampliar. Preocupado por la situación del país y su comunidad, estaba siempre pendiente de las noticias y del teléfono. Se preguntaba cuándo podría volver a Mosul, desde junio en manos del Estado Islámico. Tras un breve paso por Roma, volvió a su patria en diciembre de 2014, pero a Erbil, unos cien kilómetros al este, una ciudad que no controlaba el ISIS y donde hoy disponen de un nuevo monasterio, el de Gabriel Danbow, en el distrito de Ankawa. El ISIS usó como prisión y destruyó el de Mosul. Los terroristas fundieron la estatua de bronce de san Jorge y emplearon una de las celdas como mezquita, según explicó Yohanna en otra entrevista.

«LA VISITA DEL PAPA FRANCISCO EN 2021 FUE UN ÉXITO ROTUNDO: DIO VISIBILIDAD EN TODO EL MUNDO, ANIMÓ A LOS CRISTIANOS LOCALES Y MOSTRÓ SOLIDARIDAD GLOBAL»

Con la caída del ISIS en Irak, en 2017, comenzó una lenta y compleja recuperación, aún en curso. En septiembre de 2025, el sacerdote, también traductor y profesor en la Salahaddin University de Erbil, visitó el campus de Pamplona de la Universidad de Navarra, invitado por Juan Chapa, catedrático de Nuevo Testamento. Durante su estancia, impartió varios seminarios en las Facultades Eclesiásticas y en el Instituto Cultura y Sociedad (ICS), en el marco del proyecto Reto ICS 2024-25 «Orientalismo y occidentalismo: miradas cruzadas». Conversó con Nuestro Tiempo entonces, y atendió una nueva entrevista tres meses después.

La visita del papa Francisco, en marzo de 2021, marcó un hito para los cristianos iraquíes, les dio voz y visibilidad. Yohanna celebró la misa junto con el santo padre y los obispos en el estadio Franso Hariri de Erbil, a la que asistieron 10.000 fieles. Al finalizar, tuvo la oportunidad de abrazar a Francisco, quien le regaló una medalla como recuerdo en la que se ve a Abraham junto a una palmera datilera, símbolo del país, y la leyenda «Visit Iraquiam». Fue el primer viaje pontificio de la historia a Irak. En diciembre de 1999, san Juan Pablo II había querido conocer el país, pero tuvo que cancelar el plan por la prohibición del régimen de Sadam Huseín.

¿Cómo recuerda esta visita histórica?

Un éxito rotundo: dio visibilidad en el mundo entero, animó a los cristianos locales y mostró solidaridad global. Fue una profunda bendición, no solo para los cristianos, sino para el pueblo iraquí. Muchos se sintieron reconocidos, amados y honrados por un líder espiritual de talla mundial. La determinación del papa de no abandonar al pueblo iraquí, a pesar de las circunstancias difíciles del país, con enormes desafíos y preocupaciones de seguridad, nos conmovió a todos. Vino a Irak, trajo esperanza y nos recordó que no estamos olvidados, sino amados y acogidos.

Fotografía: Abaca/Contactophoto
El 7 de marzo de 2021, el papa Francisco dirigió una oración pública en una Mosul todavía en escombros.

¿Cómo describiría la situación actual de la comunidad cristiana en Irak?

Los cristianos iraquíes experimentan una paradoja de renacimiento y vulnerabilidad. La reconstrucción comunitaria se da en algunas áreas, pero la inseguridad generalizada —especialmente frágil en regiones como La Llanura de Nínive y Bagdad—, la marginación política y las dificultades económicas empujan a muchos a emigrar. Los cristianos aún afrontan amenazas de las milicias [en el país operan todavía milicias de distinto signo] y situaciones violentas. También resulta evidente que la reconstrucción ha sido lenta, y numerosas casas continúan en ruinas. Hay incidentes trágicos que persisten: todavía sufren discriminación, confiscaciones de tierras y acoso. Además, se les presiona para vender propiedades por debajo de su valor y tienen recursos legales limitados. Las primeras consecuencias son el éxodo y la desconfianza hacia las autoridades.

¿En qué sentido observa una recuperación?

Hay un renacimiento visible en la vida cristiana. Por ejemplo, en septiembre, las calles de Ankawa [distrito de Erbil, norte de Irak] se llenaron de cristianos para celebrar un evento de seis días en honor a la Cruz. Es un signo innegable de una comunidad resiliente y activa. Hay proyectos de restauración de enclaves patrimoniales, como la iglesia de Al-Tahera y la Gran Mezquita de Al-Nuri. Supone una verdadera esperanza para las familias cristianas que regresan a Mosul, y para cultivar una nueva generación que valore la convivencia. En Navidad, las iglesias están bellamente adornadas y acogen a cientos de fieles. Esos días, musulmanes y cristianos intercambian buenos deseos, y bastantes familias musulmanas incluso decoran sus casas y calles con árboles de Navidad y luces festivas y contribuyen a la alegría que inunda la ciudad.

¿Existe un clima de entendimiento?

La memoria de las atrocidades del ISIS todavía está caliente. La mayoría de cristianos están convencidos de que sus vecinos apoyaron o no resistieron al ISIS, lo que dejó un legado de desconfianza. Está claro que las comunidades cristianas son más pequeñas y vulnerables porque muchos se han ido. Esta despoblación crea un círculo vicioso: una menor entidad política y cultural conduce a más emigración. Si bien la convivencia existe en la vida cotidiana —incluidas las relaciones entre vecinos, escuelas y empresas—, a nivel estructural aún encuentra obstáculos. Requerirá un Estado de derecho sólido. Esto significa proteger los derechos y las propiedades de todos los ciudadanos iraquíes, con independencia de su origen, desarmar a las milicias en las zonas pobladas por cristianos, aplicar reformas educativas que promuevan el pluralismo y, por último, apoyar el retorno y la estabilidad económica de las familias cristianas.

A partir de los años ochenta, el país ha soportado guerras, ataques y violencia extrema: desde Sadam Huseín hasta la invasión estadounidense y la irrupción del Estado Islámico. ¿Cómo ha evolucionado la situación de los cristianos?

Es un hecho indiscutible que, con Sadam, Irak era un país autoritario, centralizado y dominado por el partido Baaz. Sin embargo, los cristianos tenían el estatus de minoría reconocida y una relativa protección siempre que se mantuvieran leales al régimen. Algunos incluso ocuparon altos cargos, como Tariq Aziz, ministro de Relaciones Exteriores. Era católico caldeo, aunque se debía al partido y no a su comunidad.

Se vivía cierta libertad religiosa y las iglesias tenían las puertas abiertas. Pero la actividad política sin el control del Baaz estaba estrictamente prohibida. Los cristianos vivieron con mayor seguridad bajo este régimen que con los posteriores. A pesar de todo, se trató de un periodo de miedo y vigilancia, en el que el pueblo carecía de verdadera libertad. Tras la Guerra del Golfo de 1991 y las sanciones de la ONU, Irak se enfrentó al colapso económico y aumentó la represión. Los cristianos sufrieron, como todos los iraquíes, la pobreza, la escasez y el embargo. Algunos profesionales cristianos (médicos, ingenieros) emigraron, de forma lenta pero constante, debido a la falta de oportunidades. Esto provocó un descenso de la visibilidad cristiana y un debilitamiento de las instituciones comunitarias.

Fotografía: Unesco/Moamin Al Obeidi
La iglesia de Al-Tahera, en Mosul, en 2017, después de que el ISIS la dejara en ruinas.
Fotografía: Unesco/Abdullah Rashid
La iglesia de Al-Tahera, en Mosul, en 2024, una vez reconstruida por la congregación cristiana.

¿Qué ocurrió con la invasión estadounidense y la caída de Sadam en 2003?

Al principio, se despertaron esperanzas de democracia y pluralismo, pero el colapso del Estado desató el caos: milicias, terrorismo y guerra sectaria, especialmente desde 2006 a 2008. Los cristianos se convirtieron en blanco de secuestros y asesinatos, y hubo atentados contra iglesias. En 2010, [terroristas de ISI, precedente de ISIS] atacaron la catedral de Nuestra Señora de la Salvación, en Bagdad, y murieron 58 feligreses. Cientos de miles huyeron, algunos hacia el Kurdistán [territorio autónomo dentro del Estado iraquí dirigido por el Gobierno Regional del Kurdistán] y muchos al extranjero: Jordania, Siria, Europa y América del Norte.

¿Cómo se vivió la llegada del Estado Islámico?

El ISIS arrasó el norte de Irak y capturó Mosul y la Llanura de Nínive en el verano de 2014. A los cristianos de Mosul se les dio un ultimátum: convertirse, pagar el jizya [impuesto para no musulmanes], huir o morir. Casi todos huyeron, por lo que las antiguas comunidades en aquellos pueblos se desarraigaron. Se profanaron iglesias, destruyeron manuscritos y marcaron las casas con una «N» (de nasrani, cristiano en árabe). Hubo decenas de miles de desplazados que se establecieron en campamentos de refugiados en el Kurdistán. Fue un genocidio cultural. La gente perdió sus propiedades y patrimonio y borraron de Mosul el cristianismo.

¿Qué ha cambiado desde la derrota del ISIS?

A pesar de la derrota militar del ISIS en 2017, la situación en Irak es extremadamente frágil. Esto se debe al enfrentamiento entre diferentes poderes: el Gobierno de Bagdad, la región kurda, las milicias chiitas y la influencia extranjera. No obstante, algunas familias han regresado a la Llanura de Nínive, apoyadas por la reconstrucción que lideran la Iglesia y las ONG. En Mosul, la restauración del monasterio de San Jorge es un ejemplo de cooperación entre los distintos gobiernos y organizaciones: un signo tangible de esperanza que anima a los desplazados a regresar a sus hogares. El Gobierno kurdo también se ha hecho cargo de financiar la reconstrucción de muchos templos en su territorio. Sin embargo, aún no se ha producido un retorno a gran escala. Las ciudades cristianas están con frecuencia controladas por las milicias en lugar del Ejército o la Policía iraquí. Aunque los escaños reservados para partidos cristianos intentan garantizar la representación política, esta influencia es débil.

Fotografía: Cedida
El padre Yohanna celebra con su comunidad la conmemoración de la Virgen, guardiana de las cosechas.

¿Cuál es la situación en su diócesis?

El distrito de Ankawa es la zona de mayoría cristiana más grande que queda en Irak y la más vibrante. En comparación con el resto del país, es un entorno seguro donde los cristianos celebran abiertamente misas, festividades y procesiones. Muchos cristianos desplazados de Mosul y Nínive huyeron aquí tras la llegada del ISIS. Sin duda, el Gobierno Regional del Kurdistán garantiza las libertades culturales y religiosas, aunque los cristianos están preocupados por la integración y la falta de influencia política.

¿Qué sucede en otras zonas, como las ciudades sagradas para el chiismo, Nayaf y Kerbala?

Esas ciudades, grandes centros de peregrinación chií, representan los entornos más restrictivos para la presencia cristiana en Irak. Por otra parte, Bagdad, que albergó una de las poblaciones cristianas más grandes de Oriente Medio (cientos de miles), hoy ve su comunidad muy reducida y dispersa, a menudo concentrada en ciertos barrios. Corren riesgo de discriminación, disputas de propiedad y, en ocasiones, violencia selectiva. En Mosul y la Llanura de Nínive (Qaraqosh, Bartella, Alqosh, Teleskof), corazón histórico de los cristianos asirios, caldeos y siriacos, la mayoría de cristianos abandonaron la zona por el ISIS y solo un número muy pequeño ha regresado.

Tras su estancia en Italia, usted volvió a Irak.

En 2014, regresé a mi amado país, que estaba gravemente herido. Tenía todas las esperanzas puestas en una versión mejorada de Irak. Pero encontré una nación en ruinas, dividida e insegura. Mi comunidad cristiana estaba dispersa y desplazada, mi antiguo monasterio en Mosul había sido destruido. Decidimos reconstruirlo y también levantar uno nuevo en Ankawa.

«EL ISIS PROFANÓ IGLESIAS, DESTRUYÓ MANUSCRITOS Y MARCÓ LAS CASAS CON UNA "N" (DE NASRANI, CRISTIANO EN ÁRABE)»

¿Cómo fue el proceso?

Las obras comenzaron en 2019 y se completaron en dos años. Las financió nuestra orden monástica. Vendiendo un terreno en Bagdad y con nuestros limitados recursos, pudimos levantar este signo de esperanza, resiliencia y compromiso. Desde entonces, vivimos y llevamos a cabo nuestra misión diaria allí. Nuestro trabajo incluye la preservación y conservación de manuscritos, el ministerio pastoral, iniciativas educativas y la enseñanza en universidades. Aunque perdimos dos monasterios —San Jorge, en Mosul, y San Antonio, en Bagdad—, no quebrantaron nuestro espíritu. Las piedras pueden destruirse, pero la determinación y el amor a la patria no. Por eso reconstruimos y permaneceremos.

¿Cómo está siendo la rehabilitación del monasterio de San Jorge después de que el ISIS lo destruyera en 2015?

En el Kurdistán, muchas iglesias se han ido reconstruyendo con el apoyo financiero del Gobierno kurdo. En cuanto a las iglesias y monasterios destruidos por el ISIS en Mosul y otras partes de Irak, los esfuerzos gubernamentales, junto con numerosas ONG y organizaciones internacionales, también han proporcionado una ayuda sustancial para su restauración. 

La institución francesa L’Œuvre d’Orient financió las reparaciones en los muros perimetrales y la limpieza del lugar. También recibimos una cuantía importante del Departamento de Estado de Estados Unidos a través de la Agencia para el Desarrollo Internacional (USAID). Este proyecto se llevó a cabo en colaboración con la Universidad de Pensilvania, la Universidad de Mosul y el Ministerio de Asuntos Religiosos. Gracias a estos esfuerzos conjuntos, pudimos arreglar las iglesias del monasterio. Ahora, trabajamos con la Gobernación de Mosul para terminar el trabajo pendiente. Esperamos que este 2026 podamos reabrir el monasterio y regresar a Mosul.

«A VECES, LAS NARRATIVAS OCCIDENTALES HABLAN DE LOS CRISTIANOS IRAQUÍES SIN ESCUCHARLOS»

Parte de su trabajo tiene que ver con el legado cultural.

Contribuimos a la apertura de un Departamento de Lengua Siriaca en la Universidad Salahaddin y de un centro cultural dentro del nuevo complejo de nuestra orden, dedicado a la preservación, digitalización y catalogación de manuscritos antiguos, el Scriptorium Syriacum. Esto da un soplo de aire fresco, lleno de fe, amor y esperanza.

¿Qué significa ser sacerdote en su contexto?

Nuestra comunidad religiosa tiene raíces en el siglo VII y ha servido a la Iglesia de Oriente, hoy conocida como Iglesia caldea, en toda la región de Mesopotamia (actuales Irak, Turquía, Irán y Siria). Ser cristiano nunca es fácil, pero en Irak es un llamamiento a seguir a Cristo e imitarlo cada día. Los cristianos se han convertido en minoría en un país donde tenían una presencia significativa. Hay un declive claro y amenazas constantes. Siempre he sabido que nuestras vidas dependen de la fe y que debemos estar listos para dar testimonio y ejemplo. La situación es incierta y frágil, pero nos impulsa una fe absoluta en Jesucristo, nuestra fortaleza. En Irak, la llamada es mucho más compleja. No hablo de ser llamado cristiano, sino de la llamada a ser cristiano, y aún más, ¡a ser monje y sacerdote! Doy gracias a Dios por habernos dado a mis hermanos y a mí esta misión, y por concedernos la gracia de servir a nuestra Iglesia y a Irak.

Fotografía: Cedida
Samer Yohanna celebra en Erbil, Irak, la misa en la festividad de san Josemaría.

¿Cree que la realidad iraquí se corresponde con la percepción occidental?

Los medios suelen retratar a los cristianos iraquíes como víctimas del Estado Islámico o como una comunidad «al borde de la extinción». En Europa, algunos idealizan a los cristianos de Oriente Medio como «reliquias bíblicas», comunidades congeladas en el tiempo en lugar de sociedades vivas y en evolución. Es un hecho que los cristianos en Irak no somos solo víctimas, sino también ciudadanos activos. En Ankawa y Qaraqosh, reconstruimos casas, abrimos escuelas y celebramos fiestas. Nos enfrentamos a desafíos que van más allá del conflicto Islam contra cristianismo. Somos supervivientes, no reliquias. No somos simples restos del pasado, seguimos contribuyendo a la cultura, la educación y la vida pública.

¿Cómo se pueden combatir los estereotipos?

Los estereotipos dañan. El relato de que los cristianos son solo víctimas indefensas nos priva de nuestra agencia y reduce nuestra identidad únicamente al sufrimiento. A veces, las narrativas occidentales hablan de los cristianos iraquíes sin escucharlos. Irónicamente, centrarse en la etiqueta de «minoría en peligro» impulsa a más familias a emigrar, al temer que no tienen futuro en Irak. Debemos superar los estereotipos por justicia y por la supervivencia de la comunidad, así como promover voces locales y apoyar plataformas donde los cristianos iraquíes cuenten sus propias historias de persecución, resiliencia, fe… y también de vida cotidiana. Es vital fomentar una cobertura equilibrada que destaque las tragedias —como los ataques a iglesias—, pero también los signos esperanzadores. La reconstrucción de iglesias en Mosul, las procesiones de Domingo de Ramos en Qaraqosh y la celebración de la Santa Cruz en Ankawa... La imagen occidental de los cristianos iraquíes es incompleta y distorsionada. La persecución es real, como lo son la resiliencia, la creatividad y la convivencia. Dar un retrato completo dignifica a la comunidad, moldea una mejor política internacional y evita que una historia rica y compleja se reduzca a presentar una tragedia unidimensional.

El legado cultural

El Scriptorium Syriacum es un centro cultural en Ankawa (Erbil, Kurdistán iraquí), creado y dirigido por la Orden Antoniana de San Ormisda de los Caldeos. Su misión principal es preservar, digitalizar y estudiar una colección de cerca de 1200 manuscritos siríacos y árabes que data entre los siglos VIII y XIX, heredada de una tradición académica iraquí que se remonta al siglo XVIII. La colección ha sufrido cinco desplazamientos forzosos por guerras e inestabilidad política. El 10 de junio de 2014, cuando el ISIS tomó Mosul, dos monjes lograron in extremis poner a salvo los manuscritos más valiosos después de evacuar el monasterio durante una noche. El centro alberga una biblioteca científica, oficinas equipadas para investigación y alojamiento para académicos. Desde 2020, colabora con instituciones como la Biblioteca Nacional de Francia y el Instituto de Investigación e Historia de Textos en proyectos de digitalización, catalogación y formación en conservación preventiva.

Fotografía: Cedida
Un grupo de estudiosos profundiza en uno de los manuscritos caldeos.

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