Revista cultural y de cuestiones actuales
Número 708

Jesús Larralde. Lecciones de ciencia y vida

Texto: Redacción NTFotografía: Archivo Fotográfico Universidad de Navarra

El 9 de febrero falleció en Pamplona Jesús Larralde, catedrático de Fisiología Animal y decano de la Facultad de Farmacia entre 1967 y 1986. Sucesor de Félix Álvarez de la Vega, dejó patente el compromiso y el amor que sentía por su profesión y, en especial, por transmitir a sus alumnos la pasión por el trabajo bien hecho. 


«Sin usted, (...) su enseñanza y ejemplo, nada de esto hubiese sucedido». Con estas palabras que escribió Albert Camus al profesor Germain pocos días después de recibir el Nobel de Literatura en 1957, Yolanda Barcina [Far 82 PhD 85] rindió homenaje a Jesús Larralde, su mentor, los días posteriores a su fallecimiento. Una profunda gratitud de la que podrían dar testimonio todas las personas a las que este profesor navarro acompañó durante su trayectoria profesional. Con la sencillez de quien piensa que no está haciendo nada excepcional, «don Jesús», como se le conocía en la Facultad de Farmacia, fue un maestro en el esfuerzo y en el servicio a los demás.

Jesús Larralde Berrio nació el 29 de noviembre de 1920 en Pamplona. Cursó el bachillerato como interno del Colegio San Francisco Javier de Tudela y, al finalizar la Guerra Civil, se trasladó a Madrid para estudiar Farmacia y Ciencias Químicas en la Universidad Central. A los pocos meses, en 1940, conoció a san Josemaría Escrivá y se incorporó al Opus Dei. 

Tras recibir el título de doctor en Farmacia por su trabajo Shock traumático experimental, pensó dedicarse a la empresa,  como su padre. Pero, bien aconsejado por su amigo Álvaro del Portillo, preparó oposiciones a cátedra. «Jesús, tú —estas fueron más o menos las reveladoras palabras de quien luego sucedió a san Josemaría como Gran Canciller— algún día serás catedrático en la universidad que se funde en Navarra», rememora Rafael Domingo, profesor de la Universidad que coincidió en numerosas ocasiones con don Jesús

Con ese objetivo llegó en 1947 Jesús Larralde a la Facultad de Farmacia de la Universidad de Barcelona, en cuya Facultad de Ciencias trabajaba Francisco Ponz. En 1951 obtuvo la cátedra de Fisiología Animal en la Universidad de Santiago de Compostela, donde desarrolló su quehacer docente e investigador durante casi quince años. Una etapa que él recordaba con mucho cariño y que dejó una huella indeleble en su carácter navarro: «Tenaz, rápido, ágil, impetuoso y extrovertido, aprendió a ser el más gallego de los gallegos», señala Rafael Domingo

Cuando en 1965, Isidoro Rasines le ofreció incorporarse a la Universidad de Navarra para impulsar la recién creada Facultad de Farmacia —la quinta de España en aquella época—, Jesús Larralde le contestó que él ya sabía desde hacía más de dos décadas que acabaría trabajando en ese campus.  Sucedió justo lo que don Álvaro le había dicho.

Una vez en Pamplona, de la mano de Félix Álvarez de la Vega, dedicó a la Facultad de Farmacia sus mejores energías —como vicedecano (1966-1967) y decano (1967-1986)— hasta convertirla, «con gran acierto y visión de futuro, en una de las más prestigiosas del país», apunta Edurne Cenarruzabeitia, catedrática y decana de la Facultad entre 1994 y 2004. Además, dirigió el departamento de Fisiología Animal (1967-1986) y el Programa de Doctorado Fisiología y Alimentación (1985-1992). En las aulas, impartió clases de Fisiología Animal (1965-1989), Historia de la Farmacia (1976-1979) y Nutrición y Dietética (1976-1992).

Con una extraordinaria capacidad de trabajo, se volcó intensamente en la docencia y en la investigación, y fue pionero en actividades que después han conocido un notable desarrollo como, por ejemplo, el área de Nutrición y Dietética. Entre otros cargos, ocupó el de miembro fundador de la Sociedad Española de Ciencias Fisiológicas (Madrid, 1952), de la Sociedad Española de Nutrición y del European Intestinal Transport Group (1977). Del mismo modo, formó parte de la Sociedad Española de Bromatología (1977), de la Sociedad Latinoamericana de Nutrición (Caracas, 1978), de la European Society for Comparative Physiology and Biochemistry (1979) o de la Nutrition Society (Londres, 1983).

Asimismo, fue académico correspondiente de la Real Academia de Farmacia de Barcelona desde 1956 y académico de número de la misma institución desde 1966 y de la Real Academia de Farmacia de Madrid desde septiembre de 1992.

Durante veinticuatro años (1985-2009) fue miembro del Consejo Rector de la Asociación de la Industria de Navarra, en representación de la Universidad, y participó en numerosas iniciativas empresariales y culturales en Pamplona.

Maestro con mayúscula

Una de las razones que movieron al profesor Larralde durante su trayectoria universitaria fue formar nuevos profesionales de la docencia y la investigación. El resultado: una veintena de personas, alentadas por su impulso, accedieron a titularidades y cátedras, y dirigió 49 tesis doctorales y 51 tesis de licenciatura, «lo cual —según indica el catedrático de Nutrición Alfredo Martínez— avala una gran carrera con discípulos en muchas universidades españolas, así como en otras instituciones».

La abundante producción científica del doctor Larralde se centró en la Fisiología Intestinal y la Nutrición, áreas a las que contribuyó con más de 260 artículos en revistas nacionales y extranjeras,  como Nature, Journal of Physiology y British Journal of Nutrition. Colaboró, además, en una quincena de proyectos de investigación y trabajó en centros de diversos países. 

Tras una fecunda vida académica, le llegó el momento de la jubilación en 1990. Con la misma alegría de siempre, supo retirarse de su quehacer universitario y pasar a un segundo plano. Pero no quedó inactivo, sino que comenzó a dedicar la mayor parte de su tiempo a ayudar a quien lo necesitara, con su compañía y su consejo.

La preocupación por las personas fue una constante en cada una de las actividades en las que se involucró. Su carácter afable y acogedor, su vivacidad y cercanía, inspiraban siempre confianza, cariño y ánimo. Con frecuencia recordaba que «lo importante no son las instituciones, sino las personas», y así lo hacía sentir a sus numerosos compañeros y amigos en la Facultad y fuera de ella.

Durante los últimos años, tras el ictus de graves consecuencias que sufrió el 6 de julio de 2012, fue atendido en la Clínica Universidad de Navarra, donde en enero recibió la visita del Gran Canciller, Fernando Ocáriz.

Como ha destacado el rector, Alfonso Sánchez-Tabernero, don Jesús fue un auténtico maestro «que supo imprimir lecciones inolvidables en la mente y en el corazón de sus alumnos». En herencia deja un «estilo sobrio, exigente, amable y positivo», un generoso legado por el que la Universidad se siente profundamente agradecida.