Revista cultural y de cuestiones actuales
Número 709

El cambio de mirada se aprende

Texto: Lucía Martínez Alcalde [Fia 12 Com 14]  Foto: Manuel Castells [Com 87]

En 2007 Mikel tocó la guitarra para personas con discapacidad por primera vez. Después empezó a hacer música con ellos; las barreras se desdibujaban. Ahora imparte la asignatura Sociedad e inclusión desde la experiencia y una formación interdisciplinar en la que a la pregunta «¿Qué es el hombre?» le sigue un arremangarse por una comunidad en la que nadie quede excluido.


Con diecisiete años, Mikel Ostiz [Fia 15 Phd 19] tenía el pelo casi hasta la cintura y, en sus propias palabras, «era un poco heavy y bastante díscolo». Tocaba la guitarra y un día su profesor de Religión, Antonio Mellado, le planteó actuar para personas con discapacidad. «Las asignaturas del instituto se me quedaban cortas; yo me preguntaba: “¿Pero quién me enseña a vivir?”. Él vio esa inquietud en mí y me ayudó a darle cauce», recuerda Mikel.

Ese año, 2007, comenzó con otros compañeros de clase Música Sin Barreras, una asociación para fomentar la integración de las personas con discapacidad a través de la música: ensayaban juntos y actuaban en residencias de mayores y hospitales. En el grupo promotor se encontraba Elena Serrano, con la que Mikel empezó a salir en esa época.

Trece años después, el adolescente rebelde lleva el pelo corto y está casado con su amiga del instituto. Ahora investiga en el Instituto Cultura y Sociedad, y el curso pasado se estrenó como docente de Sociedad e inclusión.

Las raíces de esta nueva asignatura se remontan a 2014, cuando Sofía Collantes, entonces coordinadora de Tantaka, organizó la primera edición de «Capacitarse para entender la discapacidad». En enero de 2020, Sofía vio hecho realidad el sueño que ha alimentado estas sesiones desde el comienzo: que existiera en la Universidad una asignatura transversal que formara en inclusión.

Mikel estudió Telecomunicaciones porque quería comprender la tecnología para ayudar mejor. Su proyecto final fue un videojuego de música accesible. Impulsado por la convicción de que «la imagen que tengamos del ser humano afecta a cómo nos tratemos», se embarcó en el máster en Ingeniería Biomédica al tiempo que empezaba Filosofía.

Su propia trayectoria pendular entre la reflexión y la acción aparece plasmada en la asignatura. Comienza con unos fundamentos antropológicos porque, como él mismo explica, «el otro es único e irrepetible y se merece una sociedad que le haga espacio. Si no tenemos esto claro, ayudamos desde un cierto buenismo». Le sigue una parte práctica, para la que cuenta con Luis Casado [Com 99], promotor del marketing inclusivo: él se encarga de diseñar un trabajo a medida para cada alumno según su carrera para que apliquen lo aprendido. 

El objetivo de Mikel es que los estudiantes salgan con la mirada cambiada, «que implica que empiecen a ser protagonistas de la lucha por la inclusión». Pero ¿esto puede medirse? Como proyecto voluntario, les propuso colaborar con la organización de un concierto de Música Sin Barreras. Más de la mitad de los matriculados se involucraron. Para muchos fue su primera experiencia en un voluntariado. 

A la teoría y a las vivencias en primera persona, se suma la fuerza de las historias reales. El curso pasado, Mikel invitó a clase a Javier Bernácer, compañero del ICS y padre de un hijo con pluridiscapacidad. «Javier les habló de que las personas con discapacidad sacan de nosotros las facetas de cuidado —destaca Mikel de aquel testimonio— y eso nos hace más humanos». Ese cuidado se percibe en ocasiones de forma peyorativa pero, como afirma Mikel: «Todos somos seres necesitados: no somos nosotros y ellos, sino que estamos todos en lo mismo».

 

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