Responsive Image

Antártida: 25 días encerrado en el hielo

Verlo todo, contarlo todo

22 de mayo de 2026 3 minutos


Federico Bianchini
Libros del K. O., 2026
168 páginas
18.90 euros

A dos mil metros de altura, próximo a la cima del Cerro Tronador (Chile), el reportero argentino Federico Bianchini pensó que, tal vez, podría llegar a cumplir el sueño de toda una vida: pisar la Antártida. Esta ilusión se la brindaron sus compañeros de expedición, un grupo de militares que entrenaba para marchar hacia el continente helado. «Me dijeron que algún día podrían llevarme con ellos», cuenta. La promesa, por desgracia, se diluyó, y el sueño se vio postergado cuatro años. Bianchini aterrizó en la Antártida en septiembre de 2014; tuvo que servirse de la versatilidad de su profesión y de su encanto aventurero para convencer a la revista en la que trabajaba. «Muchas veces —explica— el periodismo no es más que una excusa para hacer lo que uno quiere». Le permitieron ir cinco días, pero el mal tiempo los redujo a dos, y un tiempo aún peor los aumentó a veinticinco. 

«Si esto fuera una novela, yo no debería contar el final. Pero esto no es una novela», advierte. El hecho de que Bianchini se quedara atrapado casi un mes en la Antártida por motivos atmosféricos se convierte en un suceso casi anecdótico, secundario. Lo fascinante de esta crónica viajera —con momentos de relato de aventuras— se encuentra en la habilidad del argentino para colarse en la vida de sus compañeros de estancia: de los científicos, investigadores, militares, transportistas y gestores con los que se cruzó en el continente austral. Discretamente, filtra la esencia de sus personajes para construir un mosaico interesantísimo del sueño antártico. ¿Qué se le perdió a la humanidad en el desierto helado? Como bien expresa: «La Antártida nació primero en la imaginación de los humanos», y fuimos para hacerla realidad. 

La bióloga Marcela Nabte cuenta ojitos de kril mientras le describe al reportero cómo las migraciones y la organización de este insignificante crustáceo deciden el movimiento y alimentación de casi toda la fauna antártica, y señalan el calentamiento del Océano Austral. En otra ocasión, Bianchini se mete en la cabeza del sargento primero Fernando Cumil que, tras realizar una inmersión de rigor en el agua gélida, y dispuesto a regresar al bote, se encuentra cara a cara con una foca leopardo de media tonelada que le hace repasar su vida entera. La doctora Maricel Graña Grilli, por su parte, busca nidos de skúa para sus investigaciones. Su estancia se aproxima a su fin y presiente que será la última vez que contemple aquellos paisajes. 

Como si no fuera suficiente con estos testimonios, grupo peculiar donde los haya, reconocibles como los miembros esquizoides de El club de la lucha, el autor decide pasarse por la biblioteca y resucitar también a los primeros exploradores y aventureros: Gabriel de Castilla, William Smith, James Weddell, Dirck Gerrits, entre otros navegantes que compitieron —muchas veces a costa de su propia vida— por adentrarse el que más en este territorio y desvelar así sus fantasmas.

La crónica se lee con una facilidad pasmosa. El texto confirma a Bianchini como un maestro del género. La fuerza del ritmo, el hilo irrompible que consigue unir un caos absoluto de material —cuarenta y ocho horas de grabación— y pensamientos. Su capacidad para describir un continente por naturaleza indescriptible, necesitado de referencias. Y el argentino las encuentra. En entrevistas posteriores afirmó haber sacado inspiración de las grandes obras de la ciencia ficción. De Stanislaw Lem, en concreto. 

En una videoconferencia que ofreció el autor en la Universidad de Navarra acerca de un libro anterior, le preguntaron cómo se aborda una historia con tantas aristas, testimonios, rutas, grabaciones… lagunas. Contestó que, al menos en la crónica, su especialidad, no hay una única dirección correcta. La historia es un gran puzle, y, por suerte o por desgracia, no existe una pieza iniciática.


Otras reseñas

¿Quieres escribir en nt?

Siempre estamos buscando buenos colaboradores para la revista. Si tienes una buena historia, queremos escucharte.

Newsletter