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La Antártica empieza aquí

Benjamín Labatut empieza aquí

9 de julio de 2026 2 minutos


Benjamín Labatut
Anagrama, 2026
168 páginas
18,90 euros

No es lo mismo leer El Hobbit y después El Señor de los Anillos que hacerlo a la inversa. Poco o nada tiene que ver cepillarse Rayuela del tirón a seguir el dichoso tablero de Cortázar. A la mínima que se husmee un poco las redes, si se tiene un algoritmo mínimamente saludable, alguien, en algún momento, hablará de libros; y una pregunta muy común que plantea el internauta a la hora de abordar un nuevo autor es esta: «¿Por dónde empiezo a leerlo?». 

Este intento de buscarle una génesis a cada obra literaria sucede también con las voces nuevas. El chileno Benjamín Labatut surgió en el radar durante la pandemia, tras la publicación de Un verdor terrible. Sus cuentos, reconstrucciones de algunas de las mentes más brillantes y psicóticas del siglo XX —Fritz Haber, Karl Schwarzschild o Werner Heisenberg—, fundían la realidad para deformarla en un artilugio de terror científico y pesimismo tecnológico. Los relatos se convertían en una crónica surrealista de sucesos en apariencia conocidos y que Labatut rebautizó con un pulso quirúrgico. Luego, con Maniac (2023), el lector pudo profundizar de manera mucho más ambiciosa y obsesiva en ese vértigo abismal de la inteligencia (humana y artificial). 

Con La Antártica empieza aquí el escritor nos presenta la reedición de seis cuentos publicados originalmente en 2010. Quien se haya acercado a las obras mencionadas antes, encontrará en esta última unos textos muy diferentes, difíciles de relacionar con la idea adquirida de Labatut. La ruptura se ve, de entrada, en la selección temática, más dispersa y ambigua. Los monstruos de la evolución científica y los grandes arquitectos de nuestro mundo ya no son el objeto de análisis. Ahora, una serie de marginados, gente maltratada y obscena, rarísimos juguetes rotos, habitan sus páginas. Se reconoce, eso sí, una misma obsesión por penetrar la locura de sus personajes. Sin embargo, ya no interpelan al lector con la misma fuerza; se sienten más fríos. 

El primer cuento —que da nombre al libro— es donde, quizá, se reconozca mejor la esencia del chileno, pero a medida que se suceden los demás —la niña leprosa, el exfutbolista putero, los jugadores de polo, las aventuras de la stripper Deseo y el loco del jazz—, la atracción narrativa se pierde y queda un morbo maravillosamente escrito. Su pluma tiene destellos de mucha genialidad. Labatut se muestra fiel a la máxima de una de sus creaciones: «Ser escritor, como ser soldado o samurái, implicaba una postura violenta frente a la realidad». 

Con este libro, el lector está obligado a deconstruir lo que sabía del autor y empezar de nuevo el puzzle que parecía resuelto. Esta recopilación supone un ejercicio estupendo para descubrir y entender qué es lo que permanece y qué lo que se descarta en la escritura de un joven con talento. Para quien esté interesado: Benjamín Labatut empieza aquí. 


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