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La maldición de Widow's Bay

En esta isla podría desatarse una delirante tormenta de fuego

2 de septiembre de 2026 3 minutos


Título original: Widow’s Bay
Año de emisión:
2026 (10 episodios de 30-40 minutos)
Emisión en España:
Apple TV y Movistar TV
Creadora:
Katie Dippold

Atreverse a mentar —en mitad de una tormenta épica— al intenso Tennessee Williams en el último episodio de la excelente La maldición de Widow’s Bay puede dar lugar a confusión: «El mundo es violento y voluble. Hará lo que quiera contigo. Vivimos en un edificio en llamas perpetuo y lo que debemos sacar de ahí siempre es el amor». ¡Quia! Todo lo que declama el solemne dramaturgo estadounidense es cierto, pero la chispeante propuesta original de Apple TV se conduce mucho más coñera: el relato se vacila a sí mismo cada media hora; fuego y lluvia, sin ir más lejos.

De ahí que la serie escape de la clasificación nítida, como un pez que camina. Es comedia, con giros francamente divertidos en el patetismo entre el parecer y el ser; practica el terror, incluso con payasos y un sangriento bogeyman; flirtea con el drama histórico en ese ambientado episodio de puritanismo embrujado; e, incluso, administra un suculento sabor local al paisanaje de una isla que quiere convertirse en la nueva Martha’s Vineyard, ese refugio veraniego de élite. Esta frescura anfibia explica, en parte, el capazo de nominaciones a los inminentes premios Emmy. Diecinueve, ni más ni menos. Es original, llama la atención. Engancha.

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Muchas de las posibles estatuillas serán para el elenco, con la espitosa y excéntrica asistenta que interpreta Kate O’Flynn, la nicotínica y seca Dale Dickey, el siempre magnético Stephen Root ejerciendo aquí de Pepito Grillo, o un Matthew Rhys muy solvente en su creciente combinación de perplejidad ante lo imposible y ambición municipal… hasta en el viaje psicodélico que se marca a media temporada.

También destaca la absorbente capacidad visual de Hiro Murai (ha dirigido la mitad de los diez episodios, abrochando el principio y el final de la temporada), ya sea para dosificar el desasosiego cuando el miedo sube el diapasón, para reducir la tensión con carcajadas de humor absurdo o negro —incluso con algún momento slapstick—, o para generar una atmósfera que acredita la duda entre lo real y lo fantástico. Vamos, que el envoltorio saca un sobresaliente.

«EN LA FALSAMENTE IDÍLICA WIDOW’S BAY TODO LO QUE PARECE SÓLIDO ARDERÁ TARDE O TEMPRANO, AUNQUE VENGA ENVUELTO EN CARCAJADA»

No obstante, lo que hace de La maldición de Widow’s Bay una de las series más irresistibles del año es su escritura. En medio de este universo narrativo tan peculiar, los conflictos de los personajes van ganando una hondura fascinante y el relato, entre susto y sorpresa, tiene cosas sustanciosas que decir sobre el peso del pasado, la lucha contra el destino, el dolor de la pérdida, la fortaleza de los lazos de sangre o, incluso, la fina línea que separa la paranoia del miedo fundado, esa ambigüedad que hermana al pirado con quien abraza el misterio.

Por ahí, pues, sí que cobran mucho sentido las llamas y el amor del Tennessee Williams que cerraba esta temporada y abría esta reseña. Porque en la falsamente idílica Widow’s Bay todo lo que parece sólido arderá tarde o temprano, aunque venga envuelto en carcajada: los secretos, las familias, las certezas y hasta la frontera entre realidad y pesadilla. La cuestión será con quién quedarse cuando arrecie la tormenta y lo sobrenatural quiera cobrar su factura.


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