Responsive Image

Pequeños profetas

Una fuga hacia lo insólito

23 de octubre de 2026 3 minutos


Título original: Small Prophets
Año de emisión: 2026- (una temporada de 6 episodios de 30 minutos)
Emisión en España: Apple TV y Movistar TV
Creador: Mackenzie Crook

Basta una búsqueda rápida para que homúnculo nos conduzca de la alquimia a la neurociencia. También la RAE, sobria, lo despacha como un cultismo empleado en sentido despectivo: hombre diminuto. Sin destripar detalles de la trama, la polisemia de tan extraña palabra anticipa la singular mezcla de registros de la sugerente Pequeños profetas. Es una serie chiquitita, sin aparentes pretensiones, poblada de personajes con vidas anodinas y abierta a lo fantástico, al misterio, a lo inefable de unas criaturas arcanas. El realismo de fregadero con una fuga de agua a lo sobrenatural.

Esta excéntrica amalgama cultiva, pues, un humor entrañable, muy alejado de la vergüenza ajena que convirtió a The Office en la carcajada maestra de principios de siglo. No es una referencia tirada al azar: Mackenzie Crook, el inolvidable Gareth de la versión original británica, es aquí el hombre orquesta de estos Pequeños profetas. Crook escribe y dirige todos los capítulos, además de reservarse un papel secundario —es el encargado de la gigantesca ferretería donde trabaja el protagonista—. En una entrevista para The Guardian resumía cómo, en su poética, la melancolía dramática queda atravesada por lo insólito: «Siempre me han fascinado las historias de personas solitarias. Y también las de gente común a la que le sucede algo fuera de lo común que trastoca por completo su vida».

En efecto, Pequeños profetas habla, básicamente, de soledad y pérdida, sí, pero también de esperanza. De ahí crece su peculiar dulzura. El barbudo y apático Michael Sleep (un magnífico Pearce Quigley) aún añora a aquella mujer que tanto amó, desaparecida hace siete años; su padre (interpretado por Michael Palin, de los Monty Python) anda recluido en una residencia de ancianos, a merced de los caprichos de la memoria. Frente a ambos, la joven Kacey, confidente y amiga del protagonista, aporta una energía canalla que parece resistirse al paso del tiempo. Alrededor de este trío desfila un puñado de secundarios y ocasionales que empastan el universo de la serie: los vecinos afectuosos o metomentodos, el cuñado turbio, la recepcionista empática, el jefe con menos autoridad que un semáforo en el GTA y hasta unos críos vacilones que aparecen de repente para complicar la trama.

Pequeños profetas aterriza este octubre en España y mantiene algunos de los mejores rasgos del saber hacer británico: tierno anclaje local, actores versátiles y ese tono esquivo, difícil de etiquetar, que transita por la sonrisa, la herida y el asombro. En ese tenue equilibrio entre lo cotidiano y lo surrealista reside buena parte de su encanto: la intuición de que lo pequeño también puede ser grandioso y lo mundano, extraordinario.

Comparte
¿En quién estás pensando mientras lees esto?
Envíaselo, no te cortes.
Compartir por WhatsApp

Otras reseñas

¿Quieres escribir en nt?

Siempre estamos buscando buenos colaboradores para la revista. Si tienes una buena historia, queremos escucharte.

Newsletter