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Slow Horses

​​​​​​​Si James Bond levantara la cabeza…

25 de septiembre de 2026 3 minutos


Título original: Slow Horses
Año de emisión: 2022- (seis temporadas de 6 episodios de 40 minutos)
Emisión en España: Apple TV y Movistar TV
Creador: Will Smith

El espionaje encarna una dicotomía entre autenticidad y engaño, verdad y mentira, vida profesional e identidad privada, principios ideológicos y pragmatismo, deber y libre albedrío. El espía es, por definición, una máscara. De ahí que una de las grandezas de Slow Horses sea la de fundirse con su propio tema y jugar al despiste. La sinopsis ya emborrona los grises: la peña condenada —desterrada— a trabajar en Slough House son los marginados del MI5, agentes que han metido tanto la pata que han acabado relegados a una oficina de mala muerte, apestosa, oscura; no por casualidad slough significa ciénaga. Ahí pululan bajo la batuta del mugriento y sarcástico Jackson Lamb (un inmejorable Gary Oldman), malgastando sus días entre tareas absurdas y frustraciones constantes… hasta que una sarta de carambolas y enigmas los empuja a enfrentarse a amenazas reales contra la seguridad del Reino Unido. 

Tampoco es que estos «caballos de desecho» asciendan al Olimpo del heroísmo de un brinco, pero sí acaban resultando más eficaces de lo que su fachada haría suponer. Frente a las maniobras hipertecnológicas y glamurosas del espía sofisticado, los perdedores de Slow Horses se desempeñan con determinación —a ratos ortopédica, a ratos solvente— por los territorios del thriller. La trama, muy bien cimentada, engancha con sus requiebros inesperados y sus precipicios al final del episodio. Y lo hace, una vez más gracias a esa simbiosis entre forma y fondo, con un tono dual sorprendentemente bien afinado: una comedia ácida, imbuida de humor negro y dardos por doquier, que no rebaja ni una nota la sensación de peligro propia del suspense. Hay muertos, hay sangre. Hay consecuencias. Pero también hay, puaj, ventosidades y calcetines rotos. 

Esta mezcla tan imprevisible de desaliño y adrenalina se entiende mejor al recordar que Will Smith, su creador, anduvo años fogueándose en las disparatadas The Thick of It y Veep, dos sátiras políticas tan hilarantes como despiadadas. Esa escuela explica el veneno de las réplicas, la mala uva interna, el insulto convertido en arte y esa obsesión por retratar al poder como un engranaje mediocre y a la burocracia como una máquina de incompetencia. 

La lectura de estos rasgos podría hacer pensar al lector en una parodia y, sin embargo, uno de los rasgos distintivos de Slow Horses radica en su autenticidad. Personajes escritos con matices humanos, demasiado humanos. Antihéroes con sus traumas, sus crisis, sus obsesiones y sus fallas de carácter que, sin embargo, también muestran lucidez; su humanidad termina pesando más que sus credenciales profesionales.

Esa atención al detalle humano no ralentiza nunca el mecanismo del thriller. Al contrario. Ante la inflación narrativa propia de la era de las plataformas en la que estamos sumidos, esta producción de Apple TV practica una economía narrativa muy british: solo seis episodios por temporada, sin grasa, sin minutos de relleno. Un relato que sabe qué quiere contar y qué metraje necesita para hacerlo. 

Son razones poderosas para aventurar que, si James Bond levantara la cabeza, también terminaría aparcando su Aston Martin en Slough House. Aunque solo fuera para constatar qué queda del espionaje cuando la máscara se resquebraja.

 


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