Revista cultural y de cuestiones actuales
Número 707

Humanidades y ciencias sociales para cimentar nuestro futuro

Texto: María Isabel Solana [Com 04 MIC 15] Ilustración: Sr. García

Un virus de unos cien nanómetros está dando un vuelco a un planeta de más de 500 millones de kilómetros cuadrados. Más allá de la crisis sanitaria, ha puesto en jaque nuestras formas de vida y nos ha obligado a reflexionar sobre aspectos cruciales como la globalización, la sostenibilidad del modelo de desarrollo y el papel del hombre en la transformación del mundo. En este contexto, Pablo Pérez López, director científico del Instituto Cultura y Sociedad, y su predecesora, Ana Marta González, han dialogado en el  marco del décimo aniversario del centro sobre la aportación de las humanidades y las ciencias sociales para afrontar los grandes retos que marcarán nuestro futuro.


En marzo se cumplieron diez años de la creación del Instituto Cultura y Sociedad (ICS), el centro de investigación en humanidades y ciencias sociales del campus. La pandemia de covid-19 no ha dejado lugar para celebraciones, pero sí para centrarse en el núcleo de su actividad: investigar y divulgar ideas relevantes desde áreas como la lingüística, la psicología, la filosofía, la neurociencia, la sociología o la enfermería, entre otras. En medio de este singular y desafiante contexto, Ana Marta González, coordinadora científica entre 2012 y 2019 e investigadora principal del proyecto «Cultura emocional e identidad», y Pablo Pérez López, que ha tomado su testigo en la dirección científica, han dialogado sobre el papel de las humanidades y las ciencias sociales en el mundo actual y acerca de la primera década del ICS.

 

¿En qué medida estas disciplinas son necesarias para afrontar nuestros grandes desafíos, como la pandemia?

Ana Marta González (AMG): Se nos ha brindado una oportunidad de reflexión sobre cómo estamos conduciendo nuestra vida —tanto en el nivel individual como en el social—, nuestras prioridades y nuestro modelo de desarrollo. Hemos sido más conscientes que nunca de la relevancia de los vínculos, de que la solidaridad es clave y de que no podemos vivir desconectados. También hemos experimentado la soledad y, precisamente cuando el ser humano se enfrenta consigo mismo, se abre el espacio para que surjan preguntas fundamentales. En este escenario, las humanidades muestran todo su potencial creador de sentido. 

Pablo Pérez López (PPL): En el siglo XX cobró fuerza la idea de que habíamos alcanzado un nuevo paradigma: por fin se superarían las limitaciones del pasado y se construiría un porvenir digno de ese hombre que era independiente de la biología —en algunos aspectos— y, por supuesto, de la historia. La situación actual ha subrayado, en primer lugar, que no somos tan diferentes de nuestros antepasados y que estamos extraordinariamente vinculados a nuestro futuro. Este depende de cómo nos comportemos ahora. El segundo tema es el trabajo. Desde el siglo pasado se priorizaba producir mucho y sofisticar lo más posible nuestra capacidad transformadora. Habíamos olvidado que quizá lo fundamental es cuidar y servir, estar con otros, como hemos experimentado estos días. El tercer asunto tiene que ver con la investigación: se nos prometía que la ciencia —una falsa ciencia— podría solucionar todos nuestros problemas, que incluso podríamos trascender lo humano. Ahora se subraya que lo más transformador en el hombre es su capacidad de mirar, de contemplar, de atender. Estas cuestiones no tienen una respuesta fácil, técnica, mecánica ni susceptible de calcularse, y requieren la perspectiva de las humanidades y las ciencias sociales.

 


Ilustración: Sr. García

 

Nos acabamos de dar de bruces contra la globalización de nuestro mundo. ¿Es hora de empezar a pensar en la humanidad en su conjunto?

AMG: Aunque venimos hablando de este fenómeno desde hace varias décadas, la expansión del virus ha hecho evidente que afrontamos riesgos comunes y que la gobernanza de un mundo así es muy difícil. Los expertos llevan años alertando de la posibilidad de una pandemia, pero nunca ha entrado realmente en las agendas y las prioridades de nuestros líderes. Y una vez que ha ocurrido, en casi ningún país hemos visto una buena gestión política, en contraste con el buen funcionamiento de la sociedad. Asimismo, se ha puesto de manifiesto que este tipo de globalización con desplazamientos masivos de personas y concentración en macrociudades, mientras el mundo rural se despuebla, no es sostenible. Y también que el desarrollo debe tener en cuenta a todos: no sirve de nada que mi sistema sanitario sea excelente si el de mi vecino no lo es. 

PPL: Con el intercambio importante de poblaciones aparecen circunstancias que repercuten en las sociedades. Esta lección tiene ya unos cuantos siglos. La expansión  en tiempos remotos de enfermedades demuestra que ya existía la globalización: las pestes de los siglos XIV y XVII, las epidemias que los europeos llevaron a América y acabaron con el 90% de la población del Caribe... Lo nuevo es la rapidez, quizá por un uso excesivo de los transportes. Con el covid-19 se han puesto de relieve las comunidades próximas, las no materiales y las espirituales, como las religiosas. La familia se ha visto reforzada, pues lo esencial en ella es el cuidado, el amor, la búsqueda del bien común, valores que han pasado estos meses al primer plano. También las relaciones en el vecindario, que casi se habían perdido en las ciudades. Y en la época de los continentes observamos la vuelta al protagonismo de las naciones, que además tienen diferentes maneras de ser y de reaccionar. Medidas como el distanciamiento social, por ejemplo, no presentan las mismas implicaciones en Suecia que en España, aunque ambos países pertenezcan a Europa.

 

__________________________________

«La pandemia ha puesto de relieve de una manera nueva la relevancia de las comunidades próximas, las no materiales y las espirituales, como las religiosas»

Pablo Pérez López

__________________________________

 

Una segunda cuestión patente en esta crisis es el diálogo entre saberes para afrontar problemas complejos. ¿Qué aporta?

AMG: Se han enfatizado tensiones que están presentes de una manera menos pronunciada en la vida diaria. Por ejemplo, entre salud y economía o entre seguridad y privacidad —con el uso de la tecnología móvil para hacer seguimiento de las infecciones—. Pone de relieve que el saber técnico —economía, medicina…— es necesario para tomar decisiones informadas, pero no reemplaza su naturaleza práctica. Este saber prudencial corresponde al político, que, sin perder de vista la dignidad humana, debe gestionar los distintos aspectos en torno al bien común. La interdisciplinariedad proporciona una reflexión intermedia entre los saberes expertos y la decisión prudencial. 

 

PPL: Comienzas a ser interdisciplinar cuando dejas de pensar que tienes respuestas para todo. No es una cuestión de método, sino de valorar al otro, de reconocer que merece la pena escucharle cuando habla. En la gestión de la pandemia se han evidenciado los límites de los expertos. El principal éxito no ha venido de las personas con una gran especialización, sino de aquellas que han desempeñado bien su oficio: los médicos y los enfermeros, volcados en la atención directa; los militares, especialistas en logística; los artesanos hábiles, que han ayudado a montar los hospitales de campaña; las personas encargadas de la limpieza... Y no solo ha sido cuestión de oficio, sino también de afecto, del deseo de aportar soluciones. 

 

 

Se han puesto en marcha numerosos estudios en torno al covid-19. ¿Nos interpela a reflexionar sobre la orientación de la ciencia hacia los problemas reales del hombre?

AMG: Hay una serie de conocimientos cuyo fin es servir al hombre y que entrarían dentro de lo que en términos muy generales Aristóteles llamaba «filosofía de las cosas humanas». Ocuparse de las personas no puede reducirse a satisfacer una serie de necesidades puntuales que a veces experimentamos con mayor urgencia —económicas, médicas, sociales o políticas—. También tiene que incluir lo existencial, el sentido. Por eso importa el cultivo de las humanidades y las ciencias sociales. Y la mejor transferencia que podemos hacer es crear espacios para leer, para escribir, para pensar, para disfrutar de las artes. También me parece esencial reservar un lugar para la religión, para la reflexión teológica, que a lo largo de la historia ha sido uno de los mayores estímulos del pensamiento filosófico y filológico. La visión religiosa rebrota siempre en nuestros corazones, sobre todo en las crisis. 

PPL: Hay mucho que agradecer a quienes nos han precedido. A lo largo de la historia hemos acumulado un vasto conocimiento, tanto saber como saber hacer. Por ejemplo, la enfermería bien organizada que conocemos hoy es fruto de la profesionalización de hace un siglo. Junto con esto, debemos pensar en los que vendrán después, sin obsesionarse con obtener éxitos inmediatos. Ante los fenómenos de la naturaleza como el covid siempre vamos a llegar tarde porque no poseemos capacidad de anticiparnos. Lo que sí está en nuestra mano es reaccionar de manera adecuada. Ese conocimiento es más difícil de transmitir pero fundamental, y tiene que ver con la capacidad de reflexión y con la disposición afectiva hacia quienes nos rodean. Además, hacemos frente a la misión crucial de transferir conocimiento a las regiones en desarrollo. A veces nos da la sensación de que el mundo está acabado, pero aún hay muchas cosas que arreglar. 

 

El ICS ha cumplido su primera década en marzo, en plena crisis de la pandemia. ¿Qué balance hacen de estos años?

AMG: Nuestra investigación es internacional porque lo es la ciencia. Publicamos artículos en revistas científicas líderes en el mundo, y en nuestro equipo hay representadas veinte nacionalidades. Para crecer necesitamos atraer más investigadores de otros países, pero esto depende del entorno económico. En cuanto a la interdisciplinariedad, la llevamos incorporada, aunque siempre se puede potenciar más, no tanto en términos técnicos sino fomentarla de manera reflexiva: que cada uno sea consciente de la limitación de sus propios métodos y de lo que pueden aportarle los otros. El impacto social es posiblemente una de las cuestiones más difíciles, pero también resulta claro. Aquí destaca el rol de los mediadores, personas que pueden comunicar bien las ideas más hondas y hacerlas entender a las distintas audiencias y actores a través de diferentes registros.

PPL: Debemos estar muy agradecidos por que la idea se haya podido articular y que cada año se consigan las fondos para mantener el Instituto. No hay muchas universidades que apuesten por un centro así y tenemos muy presente la responsabilidad de emplear bien los recursos. Eso implica reforzar lo que hacemos bien y estar atentos a lo que debemos mejorar. Sobre la interdisciplinariedad, está muy ligada a la esencia de nuestra labor y vinculada a que podamos generar impacto en los ciudadanos: somos interdisciplinares en la medida en que acertamos a entender al ser humano y podemos dar respuesta a sus necesidades. Alcanzar resultados prácticos depende de la capacidad de estudio de los investigadores; de ahí el reto de atraer nuevos talentos y formarles. En ese sentido, coincido con  la profesora González en que la única forma de impulsar la investigación es que el equipo crezca, algo costoso por la parte económica y porque no abundan las personas con vocación investigadora. 

 


Ilustración: Sr. García

 

La financiación es uno de los grandes retos para el desarrollo del ICS y de cualquier centro de investigación. ¿Cuál es la clave para obtener fondos competitivos?

AMG: Por lo general, los temas que se proponen en las convocatorias de ayudas son suficientemente amplios. Se trata de hacer una lectura inteligente de lo que se busca a través de ellas y encontrar en qué puedes contribuir. Si conoces bien tu campo, sabes hallar el camino para hacer esa mediación. En los últimos años, por ejemplo, el Programa Marco de la Unión Europea ha ido abriendo cada vez más espacio a las ciencias sociales, no así para las humanidades. Estas han debido hacerse un lugar dentro del marco de las primeras, lo que requiere perspicacia por parte de los líderes de los proyectos.

PPL: ¿A qué se destina más dinero en investigación? A armamento. Después, a ciertos aspectos de la salud relacionados con la defensa. En tercer lugar, a la propaganda política e institucional. Considerando todo esto muchas veces los temas que abordamos no parecen importantes a los ojos de quienes gestionan los recursos en los países, aunque son vitales tanto para ellos como para el bien común, ahora y en el futuro. Por eso hay que presentar las necesidades que detectamos como asuntos que merece la pena investigar. La buena noticia es que en la sociedad existe gente muy generosa y, de hecho, el ICS es posible en buena parte gracias al mecenazgo, a tantas personas que comprenden nuestra labor y nos apoyan económicamente.

 

__________________________________

«Hay que fomentar una interdisciplinariedad reflexiva: que cada uno sea consciente de la limitación de sus métodos y de lo que pueden aportar los demás»

Ana Marta González

__________________________________

 

En los últimos tiempos, muchas universidades priorizan la investigación en ciencias técnicas y experimentales por considerarlas más rentables. ¿En qué lugar quedan las humanidades y las ciencias sociales?

AMG: La misión de la universidad es contribuir al conocimiento del hombre, y eso no es posible sin estas áreas. Todos los saberes, en buena medida, se orientan al bien del ser humano, pero algunos problemas le exceden. Si no se opta por conocer este tipo de cuestiones, lo más relevante se queda fuera. Conscientes de esto, los centros de raigambre académica siempre han apostado por ellas porque saben que ahí está en juego nuestro futuro. 

PPL: La apuesta por lo «práctico» se basa en una idea absurda del capitalismo financiero: que el dinero es una fuente de riqueza en sí misma y que se puede multiplicar como las operaciones matemáticas. La única fuente de riqueza que existe en el planeta son las personas, junto con la naturaleza. La mercantilización está afectando a todas las facetas de la vida, incluyendo de algún modo a las universidades, pero los centros excelentes nunca dejan de lado estos campos del saber porque los consideran fundamentales. Si no queremos ir hacia una sociedad dirigida a la producción y la eficacia material, necesitamos las humanidades y las ciencias sociales.