Revista cultural y de cuestiones actuales
Número 713

De arriba abajo, palabras particulares

Texto: Joseluís González [Filg 82], profesor y escritor @dosvecescuento

Tres especialistas, tres verdaderas maestras en sus dominios técnicos, reúnen diccionarios especializados en términos del BOE, en cromatismos de la naturaleza y en sugerencias para mejorar textos antes de su publicación.


Cuando en la tarde-noche del 24 de diciembre de 1945 la vida y sus maravillas se le empiezan a entenebrecer a George Bailey, el inolvidable personaje que encarna James Stewart ve que se desploman sin remedio sobre él la quiebra, el escándalo y la cárcel. Llega a casa sin abrigo, sin sombrero, sin la corona del árbol de Navidad. Desesperado. A su familia, inmersa en los preparativos de la Nochebuena, le sorprende ese súbito cambio de actitud. En pleno declive interior de este hombre bueno que se resquebraja, su hijo mayor levanta la vista de un papel y le pregunta: «Papá, ¿cómo se escribe Hallelujah. George Bailey le contesta a gritos agrios: «Y yo qué sé. ¿Te crees que soy un diccionario?».

Aunque útiles, los diccionarios no siempre siempre sirven para cerciorarse de cómo se escribe una palabra o su plural. El plural de cómic, el de test, el de carácter.

Cuando Gabriel García Márquez tenía cinco años, su abuelo Nicolás le «llevó a conocer los animales de un circo que estaba de paso en Aracataca». El nobel de Literatura dejó en herencia, en 1996, este recuerdo en su prólogo al Diccionario de uso del español actual conocido por Clave: «El que más me llamó la atención fue una especie de caballo maltrecho y desolado [...]. “Es un camello”, me dijo el abuelo. Alguien que estaba cerca le salió al paso. “Perdón, coronel”, le dijo. “Es un dromedario”». Y continúa García Márquez: «Aquella tarde del circo volvió abatido a la casa y me llevó a su sobria oficina con un escritorio de cortina, un ventilador y un librero con un solo libro enorme. Lo consultó con una atención infantil, asimiló las informaciones y comparó los dibujos, y entonces supo él y supe yo para siempre la diferencia entre un dromedario y un camello. Al final me puso el mamotreto en el regazo y me dijo: “Este libro no solo lo sabe todo, sino que es el único que nunca se equivoca”».

Aunque útiles, los diccionarios no siempre siempre delimitan las fronteras y edades de los significados. El célebre nieto del coronel Nicolás Ricardo Márquez Mejías se encargó de dejar ejemplos de errores o imprecisiones o de demasías de esos tesoros de voces. Pero resulta cierto que son libros unidos por los lazos y parecidos de parentesco y que suelen tener cierto aire de familia. 

Si uno de esos catálogos de palabras reúne las «de una misma disciplina, de un mismo campo de estudio, de una misma obra, etc., definidas o comentadas» se le llama glosario.

 

93.000

palabras registra hoy el Diccionario de la lengua española.

 

30.000

​​palabras reconoce —de media— un hispanohablante adulto.

 

Tres mujeres, especialistas en tres dominios del conocimiento, han agrupado en los últimos meses términos que explican con soltura, con precisión y con gracia. No se limitan a la definición instructiva de las entradas sino que amplían con observaciones, y a veces con la experiencia particular y peripecias, el contorno de las palabras que eligen. Consiguen que no sean únicamente obras de consulta dispuestas en orden alfabético sino de lectura de arriba abajo.

Eva Belmonte supo reencauzar su actividad profesional de redactora en un diario y acertó al descubrir que podía diseccionar la información y la fisonomía sepultadas en un mausoleo de leyes y disposiciones: el Boletín Oficial del Estado. Es la autora del Diccionario ilustrado BOE-español. No solo distingue las diferencias entre libre designación y personal eventual. Su visión crítica y sus aclaraciones de ejemplos perfilan conceptos que viven con significado distinto al nuestro de los días normales: abandono, hábiles, premio nacional… Los dibujos de Mauro Entrialgo y el compromiso de su humor dan una dimensión política a este práctico glosario.

De su  Ortotipografía para diseñadores Raquel Marín Álvarez ha extraído un ramillete de consejos para afinar la correcta presentación de escritos. Trucos infalibles para pulir textos proclama el título de este sucinto glosario. Teclear bien una dirección, un precio, títulos, cargos, porcentajes, los puntos cardinales… No viene mal.

La bióloga Mónica Fernández-Aceytuno, divulgadora de prodigios de la naturaleza, lleva años atesorando palabras referidas a cuanto da vida al hábitat en el que tantas veces no reparamos. Da gusto leer cualquier página de Las 104 palabras de los colores de la Naturaleza, una especie de dietario alumbrado con vivencias, confidencias, una pinacoteca que confirma la arriesgada afirmación de que un vocablo —amaranto, azarcón, enverdir…— puede ser un acontecimiento y una música.

 

El arte de ser un diccionario

 

La luz a la que acuden los delfines o cómo varía la cromaticidad de los trigales a medida que avanzan las semana revelan las dotes de observación y la sabiduría de la bióloga y escritora Mónica Fernández-Aceytuno. En

www.aceytuno.com pueden leerse entradas de esta colaboradora de ABC y del diario digital República de las ideas

 

El BOE sale, digital, a las 7:30 de lunes a sábado los doce meses. Diez años analizándolo le han permitido a la periodista @evabelmonte definir con desparpajo nociones oficiales. Bien de interés cultural: «Bienes especialmente protegidos del patrimonio. Algunos titulares lo llaman por sus siglas, como si todos tuviéramos que saber que BIC es más que un boli».

 

@lalolagrafica es Raquel Marín. Diseñó el interior y la cubierta de su libro. La escritura —insiste— es imagen. Cuidamos nuestro aspecto, las posturas. ¿Pero también nuestras palabras?