Revista cultural y de cuestiones actuales
Número 706

El pasado del todavía

Texto Joseluís González [Filg 82], profesor y escritor @dosvecescuento

La divulgación que emprenden los doctos —y los sabios— transfiere a la sociedad el valor del saber. Quienes se atreven a dar la esencia de su conocimiento ayudan, incluso, a universitarios de otras especialidades.



Los discípulos de Leonardo Polo, catedrático de Historia de la Filosofía, compilaron un volumen con los apuntes que dictaba —el verbo debería ser otro: que encauzaba, que dejaba brotar— en una asignatura del entonces 1.º de Periodismo. Se titulan ¿Quién es el hombre? Un espíritu en el tiempo. «Un espíritu en el tiempo» significa, en esencia, que el ser humano sigue creciendo a lo largo de toda su vida.

Preguntas y respuestas. Pero contestar suele depender de quién empiece a hablar y de quién escuche, como en todo acto comunicativo. Y algunas voces llenan de luz y de sorpresa. Un ejemplo: la relación de las centurias medievales que divulgaron en cuatro centenares de páginas Indro Montanelli y Roberto Gervaso a mediados de los años sesenta se destapa con un comienzo magnético: «La historia de Europa empieza en China». Tras ese portazo, se aventura algún porqué: «En aquel remoto y desconocido país se había establecido un imperio que, como el romano en Occidente y poco más o menos en los mismos siglos, había unificado el Oriente; más tarde, en su decadencia, se encontró expuesto al mismo peligro: el de los bárbaros que acechaban sus fronteras. La única diferencia era que en Roma la amenaza venía del este, en tanto que en China lo hacía del oeste». Cierto sector de historiadores se llevará las ofendidas manos a la cabeza. ¿Cómo van a escribir de Historia unos periodistas? ¿Dónde han escondido el rigor? ¿Para quién resumen? Para quienes leen, por supuesto. 

Y si alguien busca acercarse limpiamente a la Edad Media, sin complejos, lejos del simplismo de los currículums escolares oficiales, debería conocer cuanto antes obras de divulgación como las de la paleógrafa y archivista francesa Régine Pernoud ¿Qué es la Edad Media? o Para acabar con la Edad Media. Pernoud extermina tópicos y creencias infundadas pero extendidas sobre esa época más bien milenaria y torpemente conocida. Uno consigue volver nuevo del pasado.

No escasean, por fortuna, los casos de divulgación de sabios que se abajan a diseminar sus conocimientos, a transferir a la sociedad esa sapiencia medular. Se necesita un descomunal talento —descomunal significa «fuera de lo común»— para allanar sutilezas eruditas y matices milimétricos. Y divulgar resulta arduo.

Un decidido pionero, Manuel Calvo Hernando, aunque tal vez centrado específicamente en «la comunicación pública de la ciencia y la tecnología», agrupó unas recomendaciones para divulgar con eficacia. Uno de esos consejos, triple, es un puente que une dos orillas: «El comunicador debe aprender de los científicos el rigor propio de la ciencia, el respeto a la verdad y la alegría de conocer. El científico debe aprender del periodista la sencillez en la expresión, la claridad y, a veces, el sentido del humor, pues la ciencia y la cultura no deben ser aburridas para nadie». 

Cuando quien comunica es alguien docto —una catedrática, un jefe de investigación, una directora de máster— ha salvado el grado de conocimiento. Quizá haber acumulado saber le impida o le frene para redondear afirmaciones que necesitan sutiles matices, pero escribir viene a ser pensar en los demás.

Lo ha conseguido Jaume Aurell, catedrático de Historia Medieval, con un título afortunado: Genealogía de Occidente. En trescientas páginas deja ver qué huellas de quienes nos precedieron siguen vivas —reconocidas o no tanto— en este presente agitado, y zarandeado, que nos corresponde vivir, prometido en el subtítulo de este ensayo: Claves históricas del mundo actual. El Prof. Aurell está convencido de que revisitar el pasado, revisarlo, enriquece a la humanidad y restituye valores que nacieron en el territorio que configura aún Europa. Y cree con firmeza que un historiador debe no hacer aburrido el pasado y además tiene la obligación de alertar de qué puede borrar la realidad del presente. Presciencia se denomina esa cualidad. El prólogo vale por un libro completo.


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