Revista cultural y de cuestiones actuales
Número 715

Cuando las series empezaron a mirar al pódcast

Texto: Manuel de La-Chica [Fia Com 19] Ilustración:  Alberto Aragón

El éxito de Serial en Estados Unidos en 2014 marcó un antes y un después en el consumo sonoro. Al mismo tiempo se empezó a experimentar en España con las series transmedia y ahora, por primera vez, comienzan a grabarse series de televisión basadas en los universos narrativos del pódcast.


Hae Min Lee, una joven surcoreana residente en Estados Unidos, desapareció el 13 de enero de 1999 en Baltimore. Tenía diecisiete años. Como un día cualquiera fue al instituto, estuvo con amigos…, pero no recogió a su hermano pequeño a las 15:15 horas como solía hacer y eso despertó las alarmas. El 9 de febrero de ese mismo año, un hombre paró en medio de la carretera junto a un parque, avanzó cuarenta metros entre árboles para orinar y descubrió el cuerpo. Las autopsias revelaron que había muerto estrangulada

Tres días después, dos llamadas anónimas a la Policía de Baltimore aconsejaron empezar a investigar a Adnan Syed, su exnovio y compañero de clase, estadounidense de padres pakistaníes. El 28 de febrero lo arrestaron. Según confesó su amigo Jay Wilds, él había ayudado a Adnan a enterrar el cuerpo de Hae Min el 13 de enero. Adnan fue condenado a cadena perpetua por homicidio en primer grado.

Este asesinato levantó la expectación mediática en 2014, cuando This American Life, un programa de radio de la NPR, publicó el pódcast Serial, producido por Ira Glass. Semana a semana, la presentadora Sarah Koening iba contando cómo había investigado durante un año dónde estuvo Hae Min Lee los veintiún minutos en los que se le perdió la pista. ¿Por qué confesó el crimen Jay, que además había cambiado de versión en varios interrogatorios? ¿Por qué el hombre que encontró el cadáver paró en un bosque a solo cinco minutos de su casa? ¿Cómo fue el noviazgo de Adnan y Hae Min? ¿Y su ruptura? Koening descubrió, entre otras cosas, el testimonio de una persona que aseguraba haber hablado con Adnan en la biblioteca en el momento en que Hae Min desapareció, pero no la llamaron a declarar en el juicio.

Miles de estadounidenses se sumaron a la investigación de Koening a lo largo de doce semanas. Serial se convirtió así en el primer pódcast en conseguir más de un millón y medio de descargas por episodio (más de diez millones en sus primeros tres años de vida) y nacieron otros pódcast e hilos en la plataforma Reddit, donde los usuarios analizaban el caso e intentaban dar con una solución. La prueba de la testigo no utilizada en el juicio sirvió para que un fallo de la Corte de Apelaciones de Maryland en 2015 declarase «deficiente» la defensa de Adnan Syed y se aprobara un nuevo proceso. No obstante, en 2018 la Corte de Apelaciones cambió de opinión alegando que el veredicto no sería diferente. Y a finales de 2019 el Tribunal Supremo estadounidense también cerró la puerta a una reapertura del caso.

Breve historia del pódcast

 

Podríamos definir pódcast como un archivo de audio creado para su consumo y distribución en internet. Es decir, a diferencia de la radio, el producto no se capta en directo sino a demanda del oyente, que lo busca y escucha, parando y siguiendo cuando quiere. 

 

La palabra pódcast se acuñó en 2004. Ben Hammersley, periodista de The Guardian, escribió entonces un artículo en el que pronosticaba una revolución en el mundo de lo sonoro gracias al avance de internet. Hammersley destacaba que los pódcast que habían comenzado a hacerse en 2001, cuando fue posible indexar archivos de audio mediante sistemas RSS, tenían en común tres características: la intimidad de la voz, la interactividad de los blogs y la portabilidad que permitía la descarga de esos archivos en MP3.

 

El siguiente empujón lo dio Steve Jobs el 6 de junio de 2005 durante la presentación de iTunes y del iPod. «Cualquiera, sin mucha inversión de dinero, puede hacer un pódcast, ponerlo en un servidor y obtener una audiencia mundial para su programa de radio», dijo. Además, Jobs anunciaba que gracias a iTunes no solo podías descargarte los pódcast para consumirlos cuando quisieras, sino que podías suscribirte a ellos y, así, que los nuevos episodios de tus programas favoritos se descargasen solos cuando estuviesen disponibles.

 

Para su consolidación fue clave Serial (2014), pero su éxito no habría sobrevenido, según Erik Nuzum, uno de los mayores expertos mundiales en pódcast, si dos semanas antes no se hubiera lanzado el sistema operativo iOS 8. En esta actualización, Apple promovió enormemente el consumo de pódcast otorgándoles una aplicación propia, separada de la de la música. Además, simplificó su descarga: de nueve clics para poder escuchar el programa se pasó a dos.

 

Alberto N. García [Com 00 PhD 05], crítico audiovisual, cree que Serial pudo haber abierto camino en la consolidación del true crime en el mundo del entretenimiento. El estreno del pódcast coincidió con éxitos como Making a Murderer (Netflix, 2015) o The Jinx (HBO, 2015), que aprovecharon el tirón del pódcast para dirigirse a una audiencia atraída por los crímenes. «El éxito es muy promiscuo, y, si hay algo que funciona, es muy lógico que la gente intente replicarlo», dice. García apunta dos factores que han podido contribuir al auge del true crime durante la última década: resulta más barato producirlos y, por otra parte,  es normal que se busquen posibilidades de entretenimiento en la propia realidad cuando hace tiempo que se han cruzado las líneas de separación entre información y entretenimiento. 

La buena acogida de Serial provocó que HBO produjera en 2019 el documental The Case Against Adnan Syed, para contar en cuatro episodios los avances en el caso. Pero este no ha sido el primer pódcast en dar el salto a la pantalla. En noviembre de 2018 Netflix estrenó Dirty John, una miniserie de ocho capítulos basada en el pódcast del mismo nombre, producido por Wondery, y Amazon lanzó Homecoming, una miniserie de ficción, protagonizada por Julia Roberts, que es una adaptación del pódcast de la productora Gimlet, y Lore, una serie de terror a  partir del pódcast homónimo que en cada capítulo cuenta una historia independiente.

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En la comunicación audiovisual predomina la imagen, pero lo sonoro posee un lenguaje propio.

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Precisamente estas dos producciones del gigante de Jeff Bezos han hecho posible que en España se pueda ver en 2022 la primera serie de ficción televisiva que nace de un pódcast. María Jesús Espinosa de los Monteros, directora de PRISA Audio, reconoce que cuando estrenaron El gran apagón (Podium Podcast, 2016) sabían que era «una historia muy visual y potente, pero no nos podíamos imaginar lo que vendría después». Lo mismo le pasó a Ana Alonso, directora de la ficción: «No teníamos muchas expectativas, porque no habíamos hecho nunca una serie de varias temporadas. Fuimos los primeros sorprendidos».

Escrita por José Antonio Pérez Ledo y dirigida por Ana Alonso, El gran apagón es una distopía en la que una tormenta solar de clase X9 alcanza la Tierra y deja sin energía eléctrica a todo el planeta. A los pocos días, la comida y el agua potable comienzan a escasear, lo que da lugar a disturbios en las grandes ciudades. Las calles se vuelven peligrosas. Empieza el caos. 

Durante el pódcast, que, como insiste Ana Alonso, «no es ni una radionovela ni radioteatro, sino ficción en audio», se van contando distintas historias ambientadas en ese mundo narrativo: la de un abuelo y su nieta encerrados en una pequeña aldea de Galicia, la de un periodista que intenta demostrar que las autoridades sabían lo que iba a ocurrir, la de una secta pseudocristiana que entiende que la oscuridad en la que se ha sumido el mundo es una señal de una nueva venida del Mesías, la de un guardia atrapado en una cárcel colombiana con más de ocho mil presos… «Se creó una comunidad extraordinaria en torno al pódcast», resume Espinosa de los Monteros. A lo largo de las tres temporadas, alcanzó seis millones y medio de descargas, con oyentes hispanoparlantes de diversos rincones del mundo. Alonso confiesa que desde el principio tuvieron esa vocación de llegar a una audiencia heterogénea y por eso utilizaron acentos distintos.

 

EL RESURGIR DEL AUDIO

Roberto Maján, que nunca antes había hecho ficción, fue el encargado de la realización técnica de la serie. Cuenta que para intentar explicar qué es un pódcast a gente que nunca había oído hablar de eso partía del concepto del radioteatro clásico, «pero con tramas que se cruzan, con finales de capítulo en tensión que hacen que quieras escuchar el siguiente». También les decía que los pódcast son algo que se cuelga en internet y uno puede escucharlo cuando quiera. 

Aunque las nuevas formas de consumo ligadas al móvil han permitido que el pódcast se afiance, Maján piensa que una de las claves del éxito de la serie fue el guion y el empeño del equipo por elaborar tantas versiones como hiciese falta hasta que sonara bien. Manejaron referencias muy variadas: películas, canciones, series de televisión, otros pódcast… «Todo lo que tenía sonido servía de inspiración, pero nada era igual», comenta. En la comunicación audiovisual predomina la imagen, pero lo sonoro posee un lenguaje propio y no basta con poner solo lo que escucharíamos en una película. Mayca Aguilera, realizadora de ficción en RNE desde 1998, explica que «en un proyecto de este tipo pierdes toda la información que aporta la imagen: cómo se mueven los personajes, sus expresiones, los decorados... Y debes transmitir con elementos sonoros eso que la imagen comunica con un vistazo». Para empezar, señala Aguilera, los diálogos tienen que ser más descriptivos y llevar mucha más carga informativa. Pero el trabajo también afecta a la realización en el estudio y a la grabación, en la que los actores deben interpretar de forma distinta.

Aguilera fue, junto con Benigno Moreno, de las primeras en trabajar en un pódcast de la mano de una serie de televisión: El Ministerio del Tiempo (2014). Aguilera recuerda cómo para dar vida a este producto visual en un medio diferente contaban con «mucha ventaja» porque los personajes ya estaban creados y el oyente los conocía. Esos espectadores, además, también les aseguraban una audiencia ganada.

Sobre esta primera incursión en las sinergias entre pódcast y televisión, Aguilera reconoce que en la primera temporada, escrita en clave de diario, infravaloraron lo sonoro. Sin embargo, en la segunda dieron un giro, con piezas muy breves y dos personajes con una carga humorística importante que conseguían enganchar al oyente. Eso propició que RTVE volviese a confiar en ellos para extender los universos narrativos de la serie Carlos, rey emperador con el pódcast Carlos de Gante en 2015. 

Estos experimentos sirvieron de impulso para Movistar+, que en 2017 apostó por una estrategia transmedia en sus series La zona (2017) y La peste (2018). Como explica Miriam Lagoa [Com 01], responsable de transmedia de producción original de Movistar+, cayeron en la cuenta de que «el universo narrativo de La zona podía extenderse a otros formatos que sirviesen como motivo para recomendar la serie, pero también para contentar a los fans que tenían ganas de saber más y de atraer a una nueva audiencia potencial».

Esos formatos podían ser de todo tipo: desde crear una página web o montar un restaurante ambientado en la Sevilla del siglo XVI como se hizo en la segunda temporada de La peste, pero ahí también entraban los pódcast. Movistar se los encargó a El Cañonazo Transmedia, una productora-estudio especializada. Roger Casas-Alatriste, su CEO, cuenta que en ambos casos pudieron experimentar y en cada una de las series optaron por dos pódcast, uno de corte más narrativo que ampliara algunas líneas de la trama y otro más conversacional y pegado al making of para dar valor a la producción. «Gracias a eso descubrimos que el pódcast tenía muchas ventajas», afirma.

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«No es cierto que en el audio no haya pantallas, porque tenemos la más importante: la de nuestra mente», dice María Jesús Espinosa de los Monteros, de PRISA Audio.

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Para Casas-Alatriste la principal es la intimidad que genera. «Escuchar un pódcast es incluso más íntimo que leer un libro —señala—. Porque, a fin de cuentas, si estás leyendo en un sitio público te expones a que la gente vea qué libro es. Pero eso no pasa con el pódcast: con tus auriculares puedes ir por el metro escuchando sobre canibalismo y nadie más lo sabe».

En este sentido, Mayca Aguilera sostiene que una de las grandes virtudes del sonido es que «no te lo da todo hecho como una pantalla, sino que te lo tienes que imaginar». Esto, que podría parecer una desventaja, conforma, en palabras de Espinosa de los Monteros, «el reino del audio»: «No es cierto que en el audio no haya pantallas, porque tenemos la más importante: la de nuestra mente; la pantalla de la imaginación».

Otra de las claves, según indica Roberto Maján, reside en cómo se puede jugar con la espacialidad del sonido, haciendo creer al oyente que las acciones suceden a su derecha, a su izquierda, a sus espaldas… Asimismo, el realizador destaca la flexibilidad de este formato, que no está atado a los tiempos de la radio. En la primera temporada de El gran apagón, por ejemplo, los capítulos oscilaban entre los nueve y los veintitrés minutos. Según Ana Alonso, en «esa libertad que aporta el audio» también está el poder escuchar sus productos al margen de las plataformas, de la televisión o de los canales habituales. Solo necesitas un teléfono móvil. Y puedes estar haciendo cualquier otra cosa a la vez.

 

FORMATOS QUE HABLAN ENTRE SÍ

Todos estos aspectos no solo han hecho que haya series de televisión que se planteen ampliar su universo con contenidos transmedia, entre ellos los pódcast, sino que además ha provocado que algunas productoras intenten el camino inverso. Según contaba en Deadline.com Jenna Weiss-Berman, cofundadora de Pineapple Street Studios, buscan «pódcast que se puedan imaginar como películas o series» y que puedan derivar en ellas.

Wondery, la productora de Dirty John, ya tiene dieciséis pódcast en proceso de adaptación, como recogía ese mismo artículo, y está negociando con Amazon su venta. «Somos, ante todo, una empresa de pódcast y primero creamos historias para el oído —explicaba Jen Sargent, directora de operaciones—, pero la naturaleza misma de nuestros programas hace que se presten para la televisión. Este desarrollo se ha convertido en una parte muy lucrativa de nuestro flujo de ingresos».

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Hay series de televisión que se plantean ampliar su universo con contenidos transmedia, entre ellos los pódcast, pero también algunas productoras intentan el camino inverso.

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En Podium Podcast, Ana Alonso niega que hayan empezado a crear pódcast pensando en adaptaciones a la pantalla, porque, dice, si pensaran así, irían a proponer proyectos directamente a una televisión. Sin embargo, la directora de ficción de Podium cree que «sí habrá pódcast que generen investigaciones, series, películas, libros e incluso espectáculos». Un ejemplo es Estirando el chicle, un programa de humor que empezaron a producir durante la cuarentena nacional en 2020 y que ha comenzado a grabarse en teatros con público. Para Espinosa de los Monteros, Estirando el chicle es el Serial español, «por su capacidad de concitar a grandes masas», explica.

Por su parte, Roger Casas-Alatriste señala que los ejemplos del mercado estadounidense les están animando a «trabajar en pódcast que puedan abrirse a otras plataformas o contenidos». Sobre esto, Miriam Lagoa sostiene que los pódcast están viviendo «una época buenísima», algo parecido a lo que sucedió con las series a partir del 2004-2008, y constituyen una «fuente de inspiración» para proyectos de todo tipo porque «las buenas historias te las puedes encontrar en cualquier parte».

Ambos consideran lógico que surjan diálogos entre los distintos formatos. «No son excluyentes, sino que suman —defiende Alonso desde Podium—. Cuanta más ficción consumimos, más queremos, y lo hacemos en diferentes formatos». Lagoa lo compara con la simbiosis entre la literatura y la pantalla: «El pódcast está creciendo mucho en seguimiento. Si las empresas ven que hay un público potencial en el que pueden invertir, lo harán». 

Después de que Movistar+ anunciase a mediados de junio que está trabajando en una serie basada en el universo narrativo de El gran apagón, solo falta saber si será el empujón definitivo para que la expansión de los pódcast se consolide. ¿Podría ser Guerra 3, un pódcast de ficción que se pregunta qué haría que hoy se desatara un gran conflicto internacional, que acumula más de un millón y medio de descargas, la próxima serie? Espinosa de los Monteros y Alonso responden las mismas tres palabras: «¿Por qué no?».

 

 

La era de la audificación

 

Vivimos rodeados de pantallas y, sin embargo, la producción y el consumo de audio no paran de crecer. Según Listennotes.com, una de las páginas de referencia a nivel mundial sobre pódcast, solo en 2020 se crearon más de un millón de nuevos programas. En septiembre de 2021 esta web contabilizaba ya 2,6 millones de pódcast distintos y un total de 115 millones de episodios. Para poner estos datos en contexto, IMDB contiene 7,7 millones de títulos de películas, el catálogo de Spotify 70 millones de canciones y Audible 445 000 audiolibros.

 

De los 324 000 pódcast en castellano, solo 42 000 están producidos en España, uno de los países europeos que mejor ha acogido este formato. Según el Digital News Report 2021, el 38 por ciento de los internautas españoles escucharon pódcast con regularidad en el último mes, una cifra por encima de Noruega (37 por ciento), Estados Unidos (37), Australia (31), Francia (28), Alemania (25), Japón (25) o Reino Unido (22).

 

En cuanto al público nacional, el 54 por ciento de los jóvenes de entre 18 y 24 años escuchan pódcast con regularidad, un dato que va descendiendo conforme avanza la franja de edad pero que se mantiene por encima del 50 por ciento hasta los 35 años. Con respecto a las temáticas, el público español opta mayoritariamente por temas especializados (ciencia, tecnología, medios, salud), aunque los pódcast más escuchados suelen ser de comedia (Estirando el chicle, Nadie sabe nada, La vida moderna…).

 

Una de las principales diferencias del público español con respecto al de otros países se encuentra en las plataformas de consumo. Aunque Spotify tiene en su catálogo más de un millón y medio de pódcast y iVoox solo cuenta con 25 000, los españoles relegan a la app verde a la tercera posición entre las aplicaciones de escucha (18 por ciento). Por encima de ella se encuentran iVoox (20) y YouTube (27) como plataformas favoritas para la reproducción de pódcast.