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La incansable lucha de María Corina

María Corina Machado da un discurso en Madrid en abril de 2026.
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María Corina Machado da un discurso en Madrid en abril de 2026.
Una vida marcada por la oposición al chavismo ha convertido a María Corina Machado en un referente global en la lucha por la libertad de Venezuela. En 2025 recibió el Premio Nobel de la Paz. Con la captura de Maduro en enero de 2026, la oposición al régimen oficialista parece alcanzar un punto de no retorno en lo que ha sido un enfrentamiento de más de veinte años, con varios protagonistas y desenlaces diversos.
«Era imposible luchar por la libertad —y conquistarla— en una nación que, durante los últimos veintiséis años, había vivido bajo el dominio del Estado: dependencia, corrupción, violencia, terror y la interminable lucha por derechos que siempre debimos haber tenido. Era imposible. Todo. Así que nosotros, el pueblo de Venezuela, lo hicimos posible», escribe triunfante María Corina Machado (Caracas, 1967) en su último libro, El manifiesto de la libertad. La obra se escribió después de que la líder venezolana apareciera en Oslo el 11 de diciembre de 2025, tras dieciséis meses en la clandestinidad. El día anterior, su hija Ana Corina pronunció en su nombre el discurso de aceptación del Premio Nobel de la Paz, que le otorgaron por «su incansable labor en la promoción de los derechos democráticos del pueblo de Venezuela y por su lucha en favor de una transición justa y pacífica de la dictadura hacia la democracia», según las palabras del Comité en la nota de prensa en la que anunciaba el premio. En el discurso, Ana Corina narra «la historia de un pueblo y su larga marcha hacia la libertad».
La primera constitución, de 1811; el Reventón de La Rosa de 1922; el subsiguiente crecimiento económico del siglo XX; el ascenso de Hugo Chávez al poder en 1999 y los gobiernos de Nicolás Maduro fueron algunos de los acontecimientos que se dieron cita en el discurso. Sin embargo, el eje central lo articuló alrededor de las elecciones primarias de la Plataforma Unitaria Democrática, celebradas el 22 de octubre de 2023, en las que se eligió a María Corina Machado para representar a la oposición al régimen. «Lo que comenzó como un mecanismo para legitimar liderazgos se transformó en el renacer de la confianza de un país en sí mismo. Ese día recibí un mandato, una responsabilidad que trascendía cualquier ambición personal. Entendí el profundo peso de la tarea que me había sido confiada», expresó la madre en boca de su hija. Aunque a María Corina la inhabilitaron y Edmundo González ocupó su lugar y logró la victoria en las elecciones presidenciales del 28 de julio de 2024 con más del 67 por ciento de los sufragios, Machado se había convertido en la líder del movimiento contra el régimen autoritario de Nicolás Maduro. Pero la lucha se había iniciado más de veinte años atrás.
En un reportaje del diario El País, de noviembre de 2005, titulado A Chávez le sale una opositora, se referían a María Corina, de entonces 38 años, como una nueva contrincante, perteneciente a la «oligarquía venezolana», dispuesta a plantarle cara al comandante. Nació en Caracas el 7 de octubre de 1967, hija mayor del empresario Henrique Machado Zuloaga y la psicóloga Corina Parisca Pérez. Según cuenta en El manifiesto de la libertad, María Corina creció, junto a sus tres hermanas, escuchando historias de héroes venezolanos que le infundieron un sentido de responsabilidad por su país. Como la de Armando, su tío abuelo, al que asesinaron a los 24 años en una lucha contra el dictador Juan Vicente Gómez.
María Corina tenía la típica vida de clase alta de Caracas. Estudió en la Academia Merci, un colegio católico para mujeres, durante su primaria y secundaria. Más adelante, se graduó en Ingeniería Industrial en la Universidad Católica Andrés Bello. En 1990 se casó con Ricardo Sosa Branger, con quien tuvo tres hijos: Ana Corina, Ricardo y Henrique. Su intención era seguir los pasos de su padre y continuar con su empresa en la ciudad venezolana de Valencia cuando él se retirara. Sin embargo, en 1993, embarazada de su primer hijo, acompañó a su madre a un orfanato estatal para una visita de voluntariado. «Lo que encontré fue, en esencia, una prisión para niños. Estaban sucios y hambrientos. Me sentí abrumada por la culpa. ¿Cómo podía existir algo tan horrible tan cerca de mi casa sin que yo lo supiera?», narra Machado en su último libro. Esta experiencia hizo que creara, junto con su madre, la Fundación Atenea, dedicada al cuidado de menores en situación de vulnerabilidad de Caracas.
Mientras tanto, la realidad política del país sufría violencia. En 1992 hubo dos golpes de Estado fallidos, uno el 4 de febrero y otro el 27 de noviembre; el primero, liderado por Hugo Chávez. En 1998, Chávez ganó las elecciones presidenciales y, en 1999, convocó una Asamblea Constituyente para redactar una nueva Constitución. En 2002, ya divorciada de su primer matrimonio, decidió inmiscuirse en la vida política de su país. Ante signos visibles de autoritarismo (purga de jueces, nacionalización de empresas), fundó Súmate, una asociación civil destinada al monitoreo y supervisión electoral. En 2003, reunieron suficientes firmas para llamar a un referéndum revocatorio contra el presidente Hugo Chávez, que entonces se encontraba en su segundo mandato. Aunque se celebró el 15 de agosto de 2004, los resultados respaldaron al ejecutivo, que obtuvo un 59 por ciento de aprobación. En medio de incriminaciones de fraude y manipulación electoral contra los resultados, el gobierno socialista acusó penalmente a los miembros de Súmate, entre ellos María Corina, de traición y conspiración, por recibir apoyo financiero de la Fundación Nacional para la Democracia (NED) —organización estadounidense sin fines de lucro para el fortalecimiento de la democracia—, pero se anuló la causa.
Machado siguió enfrentándose al régimen, que entendió como una provocación su visita al despacho oval con el presidente George W. Bush y el anuncio de recibir una donación de 107 000 dólares desde Washington. En un reportaje de 2005, el New York Times se refirió a ella como «la adversaria más detestada del gobierno venezolano; una joven ágil e inteligente, que a menudo aparece en Washington o Madrid para denunciar la erosión de la democracia causada por Chávez».
Aunque María Corina todavía no se veía como política y desconfiaba de los partidos y su forma de manejarse, se postuló como candidata a la Asamblea Nacional en 2010 por el Estado de Miranda con el partido Acción Democrática. «Pero la situación exigía más —reflexiona—. Ya no podía quedarme al margen, criticando la política y a los políticos sin estar dispuesta a dar un paso al frente». La asambleísta obtuvo el 85 por ciento de los votos. Su familia la apoyó, a pesar de los riesgos que significaba enfrentarse al régimen oficialista (Chávez expropió las empresas familiares).
Durante un discurso de Chávez ante la Asamblea Nacional, la diputada interrumpió al presidente y le increpó: «¿Cómo puede hablar usted de que respeta al sector privado de Venezuela cuando se ha dedicado a expropiar, que es robar?». Chávez le respondió: «Me has llamado ladrón en público, pero no te voy a responder porque un águila no caza una mosca. No estás a la altura para hablar conmigo; si ganas las primarias, hablaremos». Sobre estos años, María Corina señala que no practicó «la política tradicional de cálculo y silencio», sino que habló con franqueza. Fue la primera en llamar dictadura al régimen chavista, lo cual fue objeto de ataques, tanto del gobierno como de la oposición, que prefería no tenerla tan cerca, según su propia versión.
Tras la muerte de Chávez por un cáncer en 2013, Nicolás Maduro asumió su rol como presidente interino y convocó unas elecciones en las que venció a Henrique Capriles el 14 de abril del mismo año. Tanto la oposición como organismos internacionales cuestionaron los resultados y manifestaron irregularidades, actos de violencia y de fraude. María Corina lo denunció desde la Asamblea, en cuya sesión el Gobierno cerró las puertas del edificio, cortó la transmisión y ella sufrió una agresión. «Estaba de pie en la sala cuando escuché mi nombre —escribe sobre ese día en la cámara legislativa—. Me di la vuelta y una diputada partidaria del régimen me golpeó en el rostro, derribándome al suelo […] Cuando me levanté y exigí que se reanudara la sesión de la Asamblea, varios diputados se abalanzaron sobre mí por la espalda, me tiraron del pelo, me volvieron a derribar y me patearon repetidamente».
En 2014, ante la crisis económica y política que sufría Venezuela, con la tasa de inflación más alta del mundo, estallaron las protestas conocidas como La Salida; primero en Mérida, luego en San Cristóbal y, después, en la capital, Caracas, organizadas por Leopoldo López y María Corina Machado. Meses de reclamos y disturbios dejaron un saldo de 43 fallecidos, 878 heridos y 3351 detenidos según datos de la Fiscalía venezolana. Además, el Foro Penal Venezolano documentó 33 casos de tortura. Se emitió una orden de arresto contra López. Machado denunció los abusos del régimen ante la Organización de los Estados Americanos (OEA) en representación de Panamá y, por ese motivo, el régimen la destituyó como diputada de la Asamblea Nacional y la inhabilitó para ocupar cargos públicos.
A pesar de esto, siguió siendo una voz dentro de la oposición y participó en las protestas contra el gobierno de Maduro en los años siguientes. En 2017, ante las inminentes elecciones regionales, Machado se separó de la Mesa de la Unidad Democrática (MUD), la coalición de partidos opositores al régimen. Ella opinaba que la oposición debía presentar un solo candidato, pero se presentaron varios. En una entrevista con El País, argumentó que presentarse a estas elecciones era una forma de legitimar al Gobierno socialista, el cual había convocado una Asamblea Nacional Constituyente para que asumiera poderes plenos, desacreditando a la Asamblea Nacional de mayoría opositora. La política venezolana afirmó que la decisión de la MUD había «generado una desconexión muy grande con los venezolanos que respondieron en abril a nuestro llamado a tomar las calles […] Desde el primer día dijimos que queríamos sacar a Maduro. El país percibe que estamos claudicando».
Los años pasaron y los intentos de derrocar a Maduro fracasaron uno tras otro. Al dictador lo reeligieron el 20 de mayo de 2018 por otro período de seis años. Ante esto, en aplicación del artículo 233 de la Constitución Nacional, al considerar que el líder oficialista no tenía legitimidad y existía un vacío de poder, el 23 de enero de 2019, Juan Guaidó, presidente de la Asamblea Nacional, decidió asumir la presidencia interina de Venezuela. Aunque alrededor de 60 países, entre ellos Estados Unidos, lo reconocieron como presidente, Maduro continuó ejerciendo el poder con el apoyo de la cúpula militar del país. El gobierno interino no logró hacerse con el poder y el 5 de enero de 2023 se dio por finalizado por medio de la entrada en vigor de la Reforma del estatuto que rige la Transición a la Democracia para restablecer la vigencia de la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela.
En 2023, a María Corina se le prohibió abandonar Venezuela e, incluso, viajar en vuelos domésticos, lo que la forzó a moverse «en carro, moto o a pie». Esto, lejos de ser un problema, se convirtió en una oportunidad: «Ahora conozco cada camino, cada autopista, cada atajo, cada curva. He comido arepas en puestos de un extremo del país al otro. Me he reunido con millones de venezolanos, he marchado junto a ellos, los he escuchado y he hablado con ellos. Juntos, hemos soportado tantas luchas», se sincera. Esto contribuyó a que María Corina obtuviera el 92,35 por ciento de los votos en las primarias de la oposición del 22 de octubre de 2023 y se consolidó como la candidata a enfrentarse a Maduro. Sin embargo, en enero de 2024, el Tribunal Supremo de Venezuela amplió la inhabilitación a María Corina para ejercer cargos públicos por quince años «por estar involucrada en la trama de corrupción orquestada por el usurpador Juan Guaidó», según el fallo del Tribunal. De acuerdo con la Misión Internacional Independiente de determinación de los hechos sobre la República Bolivariana de Venezuela, establecida por las Naciones Unidas, el Tribunal Supremo es otro instrumento más de represión del Gobierno oficialista.
Finalmente, el diplomático Edmundo González se inscribió como candidato para vencer a Maduro en las elecciones. «Desde ese momento, viajé por todo el país llevando un cartel con la cara de Edmundo, diciéndole a la gente: “Si quieren votar por mí, voten por él”. Trabajamos juntos, a veces veinte horas al día, siete días a la semana. Fuimos a los rincones más remotos del país, lugares que ningún político había visitado en décadas», cuenta acerca de la campaña presidencial.
Al llegar el día de las elecciones, el 28 de julio de 2024, el Consejo Nacional Electoral (CNE) declaró ganador a Nicolás Maduro con un 51 por ciento de los votos, pero sin ningún tipo de sustento. Por su parte, la oposición recolectó el 85,18% las actas electorales y las publicó y mostró que, en realidad, habían ganado las elecciones. Edmundo González se había convertido en el presidente electo de Venezuela con un 67 por ciento de los votos. Así lo expresó María Corina luego de la victoria en las urnas: «Hasta el final es hasta el final, y el final será que prevalezca la verdad y el respeto a la soberanía popular que hoy se expresó y eligió a Edmundo González Urrutia como el próximo presidente de Venezuela». El fraude electoral causó una nueva ola de protestas, pero no logró que Maduro diera un paso al costado. Ante un riesgo de encarcelamiento, González huyó a España y María Corina vivió en la clandestinidad, mientras que su segundo esposo, Gerardo Fernández Villegas, tuvo que escapar del país. En el Manifiesto de la libertad lo resume así: «Me vi obligada a esconderme. Durante dieciséis meses, hasta hace poco, viví en estricto autoaislamiento, interactuando con el mundo exterior casi exclusivamente a través de una pantalla».
Semanas después de recibir el Premio Nobel de la Paz, el 3 de enero de 2026, en una operación militar por sorpresa y sin precedentes, fuerzas especiales estadounidenses ingresaron por aire a Caracas y capturaron a Nicolás Maduro y se lo llevaron a Nueva York para enjuiciarlo por narcotráfico. Esa misma mañana, durante una rueda de prensa en Mar-a-Lago, el presidente estadounidense, Donald Trump, dijo que ellos iban a «gobernar» Venezuela para asegurar una transición pacífica. Por su parte, el Tribunal Supremo de Venezuela declaró a Delcy Rodríguez presidenta interina. Cuando le preguntaron por María Corina, Trump declaró que era una buena persona, pero que no tenía el apoyo suficiente para gobernar Venezuela. Por otro lado, se refirió a Delcy como «una mujer fantástica» con quien ha «trabajado muy bien». Como argumenta el New York Times, parece que la opositora venezolana no cuenta con el apoyo de Trump, quien prefiere colaborar pragmáticamente con miembros del régimen dictatorial con un objetivo: el control del petróleo. En medio de esta situación, María Corina se reunió con el presidente estadounidense en la Casa Blanca el 15 de enero y le ofreció al presidente su medalla del Nobel, un premio que el mandatario anhela desde hace muchos años.
«Estoy muy agradecida con el presidente de Estados Unidos porque ningún otro líder en el mundo tuvo antes la decisión, el coraje y la visión para comprender lo que se requería para desmantelar esta estructura criminal por el bienestar del pueblo venezolano», declaró Machado en una entrevista con Politico el 2 de febrero. Pero la realidad sigue sin aclararse. De acuerdo con un reportaje de DW, ante el trágico terremoto de La Guaira del 24 de junio de 2026, María Corina intentó volver a Venezuela desde Panamá, pero el Gobierno de Caracas amenazó con prohibir el aterrizaje. Asimismo, también narran que la líder venezolana pretendió volar desde Estados Unidos a Curazao en un jet privado, para luego entrar a Venezuela en barco, pero el gobierno estadounidense se lo prohibió, argumentando que su regreso al país podría desestabilizarlo aún más en el contexto actual. Sin embargo, el 23 de julio de 2026, el secretario de Estado de Estados Unidos, Marco Rubio, aseguró que María Corina todavía «puede tener un rol» en la «reconciliación» de Venezuela. Más de medio año después de la captura del dictador, las dudas persisten acerca de las intenciones de Trump sobre Venezuela y el rol de María Corina en la posible transición hacia una democracia y el desmantelamiento del régimen chavista.
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