Revista cultural y de cuestiones actuales
Número 711

Formación para un mundo globalizado

Texto Rocío del Prado [Com 15]  Fotografía Manuel Castells [Com 87]

7 550 millones de personas conviven en el planeta, según el último informe demográfico de las Naciones Unidas (2015). Un mundo en el que todo está conectado, como adelantó el sociólogo Marshall McLuhan con el concepto de aldea global. Las facultades de Económicas, Derecho y Filosofía y Letras han lanzado en los últimos años tres nuevos grados (Economía Bilingüe + Leadership and Governance Program, Relaciones Internacionales y Filosofía, Política y Economía, respectivamente) para formar a jóvenes capaces de desplegar su talento en una sociedad globalizada. 


En el curso 2017-18, 3 083 jóvenes de distintos puntos del planeta eligieron la Universidad de Navarra para comenzar su formación superior. Decisiones así enriquecen el paisaje estudiantil y lo nutren de distintas culturas, procedencias y modos de hacer. La tarta del total de alumnos se colorea de un 24,2 por ciento de internacionales, sin tener en cuenta los que vienen y van por unos meses. El porcentaje es diez veces superior a la media española, que se encuentra en un 2,7 por ciento. Y, si seguimos ampliando el foco, también supera la media de sistemas universitarios de países como Holanda y Reino Unido, donde la presencia de alumnos de otros países es del 11,19 por ciento y 18,4 por ciento, respectivamente.

Sin embargo, la Universidad, como espacio de reflexión y diálogo, no se conforma con promover una comunidad internacional de estudiantes y profesores. «Nuestro objetivo es que los alumnos adquieran durante su paso por nuestro campus un conocimiento que les permita moverse en un entorno multicultural», destaca Ana Delgado, directora del servicio de Relaciones Internacionales. Esto conlleva entender y apreciar otras sensibilidades, culturas e idiomas; dar un nuevo enfoque a algunos contenidos docentes, la convivencia y las prácticas profesionales. La internacionalidad no es solo un dato: supone un aprendizaje.

 

Capaces de liderar el cambio

 Uno de los caminos de esta nueva forma de entender la aldea global universitaria comenzó a construirse hace cinco años en la Facultad de Económicas. Veintitrés jóvenes conformaron la primera promoción del título propio en Leadership and Governance, del Grado en Economía Bilingüe (ELG, según sus siglas en inglés). La pamplonesa Marta Miranda, graduada en 2018, formó parte de este primer grupo: «Cuando vi en el periódico este grado, me encantó. Era la mezcla de todo lo que me interesaba: una formación innovadora en economía y política global. Una carrera en la que podría entender mejor los retos a los que nos enfrentamos hoy día».  

En la misma aula, su compañera Melanie Kubbinga, de Johannesburgo (Sudáfrica), reconoce que, al comenzar el grado, «tenía la expectativa de que la carrera me generara suficiente inquietud como para salir con ganas de querer cambiar el mundo o, por lo menos, intentarlo». 

Para fomentar la experiencia internacional el currículum de ELG incluye dos intercambios, dos seminarios internacionales y el estudio de un tercer idioma. «Los seminarios de Washington (2016) y Emiratos Árabes (2017) me ayudaron a comprender el funcionamiento político, económico y cultural de dos grandes potencias comerciales —recuerda Marta Miranda—. Emiratos Árabes rompió mis esquemas, propios de una visión occidental; fui consciente de que hay perspectivas distintas a las conocidas en nuestro entorno geopolítico e igualmente válidas. Este proceso me fue útil para aplicarlo en otros contextos, tanto en mi intercambio en Corea del Sur como en las prácticas en Irlanda; y espero que me sirva en un futuro». 

Melanie Kubbinga considera que ELG le ha aportado mucha confianza en sí misma. «Al ser una carrera tan dinámica, durante los cinco años te enfrentas a pequeños y grandes retos que te ayudan a crecer como persona. Yo me vi obligada a superar mi miedo a hablar en público. Como estás en una clase poco numerosa, refuerzas mucho el trabajo en equipo con personas de distintos caracteres a las que tienes la oportunidad de tratar a fondo. En el grado se te lanzan desafíos a los que jamás pensarías enfrentarte, y es aquí donde
empiezas a conocerte a ti mismo, donde descubres tus fortalezas y debilidades». 

Además de la formación específica para un mundo global, David Eslava, pamplonés y recién graduado en ELG, destaca que el programa cuenta con asignaturas enriquecedoras como Retórica, Sociología o Sistemas Políticos Comparados. Asimismo, considera que «la atención personalizada que hemos recibido es un factor importante. Esto ha posibilitado que en las clases predominen momentos de debate y diálogo fluido entre alumnos y profesores». David trabaja actualmente en un área económica de El Corte Inglés.

 

Capaces de entender la política internacional

  Con un enfoque algo parecido, aunque subrayando los aspectos jurídicos, en 2014 comenzó el grado en Relaciones Internacionales (RRII) en la Facultad de Derecho, ahora también disponible en doble grado con Derecho o Historia. A la puerta llamó la neoyorquina Victoria Paternina, estudiante de 3.º de RRII y Derecho: «Siempre me ha interesado mucho viajar y aprender sobre distintas culturas. Mis padres, de origen español, me han educado no solo para que sea bilingüe sino también bicultural».

A la enseñanza de los conceptos propios de las Relaciones Internacionales se le suma el conocimiento básico de otras disciplinas como la Historia, la Comunicación o la Economía. «La carrera tiene mucha más Historia y Derecho de lo que pensaba, cosa que me alegra. En primero, estudiaba solo RRII y en segundo empecé también Derecho; me parece que complementa muy bien a Relaciones Internacionales».

Jakub Hodek, alumno de 4.º de Relaciones Internacionales procedente de Bratislava, señala que «no es nada común para un eslovaco venir a estudiar a España, mucho menos a Pamplona, pero el desafío de un cambio de cultura y la importancia de la idea de servicio a la sociedad que existe en la Universidad me convencieron y estoy muy agradecido por haber tomado aquella decisión hace cuatro años».

Entre los intereses de Hodek destacaban las estancias on site en Estados Unidos, China y Oriente Medio, el intercambio y las prácticas en organismos supranacionales, ONG y empresas multinacionales. «Ahora que ya estoy acabando, sigo con las expectativas muy altas, pero puedo conectarlas con la realidad. Sin duda, los viajes a Shanghái, Washington o Jerusalén son indispensables». Una visión compartida por su compañera Victoria Paternina, que subraya el papel clave de los idiomas: «En la carrera podemos estudiar también una tercera lengua, además del inglés y del castellano, algo que nos diferencia y ayuda a desenvolvernos en un entorno global».

 

Capaces de repensar el planeta

A la ola de la internacionalización se ha subido este curso 2018-19 el grado en Filosofía, Política y Economía (PPE, en sus siglas en inglés) de la Facultad de Filosofía y Letras. Inspirado en los estudios que la Universidad de Oxford imparte desde 1920 y que actualmente se ofrecen en prestigiosos centros académicos como Yale o Duke, este nuevo grado está planteado para abordar, con un enfoque humanístico sólido, tres de las disciplinas más relevantes hoy. A través de la Filosofía, los alumnos forman la razón crítica, la Política les ayuda a entender cómo se articulan las comunidades e instituciones y la Economía ahonda en cómo se construye la sociedad contemporánea y la forma en la que se distribuyen los recursos en un país. 

Desde Chicago, Madeline Lasota decidió con gran ilusión comenzar este año el nuevo grado: «Sé que me ayudará a expandir mi visión del mundo y mejorará mi pensamiento crítico y mis habilidades sociales, lo que me permitirá abrir la mente a nuevas ideas y formas de pensar». PPE incluye asignaturas en inglés, con estancias de dos semestres en otros países y dos viajes a instituciones internacionales de Bruselas y Nueva York. «Me gustó el programa porque conecta las tres disciplinas por igual y brinda un esquema general pero detallado de las áreas de estudio».

La preparación global lleva a una sana ambición igualmente global que comparten alumnos de los tres grados. Jakub Hodek reconoce que le gustaría estar en el futuro en algún puesto relacionado con la política o la diplomacia. «Me encantaría trabajar en un lugar donde pueda ayudar al mayor número de personas posible. Por ejemplo, en la Unión Europea». Por su parte, Victoria Paternina se ve en Nueva York, en alguna entidad internacional. Madeline Lasota no está aún del todo segura de dónde le gustaría encontrar empleo, «posiblemente en una organización sin ánimo de lucro o en la supervisión de proyectos e investigaciones relacionados con cuestiones mundiales o nacionales».

A Melanie se le hace difícil elegir un único momento con el que quedarse de su vida universitaria pero, si tuviera que escoger, sería la organización del congreso OurWorld2021, que realizaron como proyecto de 3.º de carrera: «Ver cómo los veintitrés compañeros de curso habíamos puesto nuestros conocimientos y esfuerzos en crear algo que podía aportar valor a muchas personas fue increíble. El orgullo de nuestros profesores y el reconocimiento de la Facultad nos demostró que podíamos conseguir cualquier cosa que nos propusiéramos; solo hacía falta dedicación, empeño e inquietud».

Melanie afirma que, después de haber completado la carrera, se va con una visión mucho más realista: «He llegado a entender que algunas situaciones no son nada fáciles de resolver y que no hay una sola respuesta a los conflictos. Sin embargo, el primer paso es tener la inquietud de entender por qué las cosas ocurren como ocurren y, a partir de eso, querer poner nuestro granito de arena para intentar cambiarlas». Ahora trabaja para una multinacional de la alimentación, en consumer insights, analizando las tendencias de mercado y sociedad. Su compañera del grado Marta Miranda es jefa del proyecto para el desarrollo y expansión de grupos de microahorro en comunidades campesinas en Ecuador, desarrollado por la fundación de un fondo de inversión. 

A la pregunta de qué te llevas en la maleta, el eslovaco Jakub Hodek, en su último año de carrera, responde que «algo de los pilares de la Universidad»: «profesionalidad, integridad y espíritu de servicio», y que «por esto toda la experiencia ha merecido la pena. Además, sin duda me quedo con las personas increíbles que he conocido y los buenos pintxos que he probado». 

Como Kubbinga, Hodek o Paternina, los alumnos de la Universidad que estudian grados de enfoque global forman parte de la cantera de profesionales que la sociedad necesita, capaces de comprender, orientar y liderar los diferentes actores internacionales del ámbito social, político y económico. «Preparamos a nuestros alumnos para que puedan crecer en un contexto global. Queremos que tengan la experiencia internacional que les permita trabajar en el país que prefieran», destaca el rector, Alfonso Sánchez-Tabernero. En un mundo globalizado, el cambio para una sociedad mejor empieza donde los futuros profesionales se forman para construir el mañana del entorno que nos rodea.

En la medida en que las personas y las instituciones comprendan con mayor profundidad los dinamismos de la sociedad actual —la aldea global de McLuhan— estarán en condiciones de adaptarse a ellos y participar en su configuración. Por eso, propuestas como estos tres grados recientemente implantados en la Universidad pueden servir de referencia para futuras reflexiones y apuestas educativas.