Revista cultural y de cuestiones actuales
Número 708

Ser o no ser sinónimos: tallando las palabras

Texto: Joseluís González [Filg 82], profesor y escritor @dosvecescuento. 

¿Significan lo mismo veloz y rápido? ¿Disponemos de libros donde consultar las palabras parecidas? ¿Podemos fiarnos de nuestros ordenadores? ¿Una interrogación es una pregunta o es un interrogante? Esa es la cuestión.


Pocos carteles o cubiertas de libros se privan de retratar al joven Hamlet de Shakespeare sujetando una calavera. Pocos dejan de relacionar la célebre dicotomía de ser o no ser, seguir viviendo o no, perdonar o vengarse, tener o no conciencia, en que oscila el príncipe danés con la imagen de sostener el cráneo muerto.

Se trata de un error atronador: esas frases de los inicios del tercer acto no requieren de ningún vestigio de esqueleto. En todo caso quizá empuñe un indeciso estilete o más bien un puñal endurecido por el desdén. Ese resto de la racionalidad humana —Yorick— sí es necesario, como recordará usted, en el último acto de la tragedia, que empieza escenificándose en el cementerio de Elsinor, poco antes de que entierren casi en secreto a Ofelia.

Ser o no ser exactos. Ser o no ser repetitivos. Esa es la elección. ¿Hay que repetir palabras? Yo mismo no he querido escribir calavera demasiadas veces y se me ha ocurrido teclear «cráneo muerto». Por curiosidad, he bajado la persiana de sinónimos del ordenador y ofrece estas posibilidades: mollera, testa, coco, casco, cabeza. Faltan entendederas, sesera, tarro. Dejo aparte las relacionadas con crápula, juerguista, parrandero, donjuán, vividor

¿Repetir de manera casi inmediata la misma palabra, incluso una estructura sintáctica, entraña siempre un defecto de escritura? Veamos este caso: «La comunicación electrónica es rápida, es inmediata, es directa». Funciona, ¿no?
¿Y este otro? «Las máquinas habían aprendido a vigilar. Las máquinas habían aprendido a reconocernos. Las máquinas habían aprendido a destruir». El recurso —no tan hábil— se desmorona si se modifica algún vocablo: «Los artefactos habían asimilado cómo ejercer la vigilancia. Las máquinas…».

La retórica aleccionó que el reiterar no implica forzosamente un borrón.

Se plantea una de las primeras cuestiones al revisar un texto: ¿aparecen aposta las repeticiones o son descuidos? En «Cada viñeta representa un instante de tiempo pero condensa de forma artificial un flujo de tiempo. Es un instante que dura en el tiempo. Por eso en cada salto de viñetas suele haber elipsis de tiempo». A tiempo —con perdón— estamos de comprobar la multiplicación de un término idéntico. Más que en sustituir, corregir consiste en quitar. Los instantes siempre son de tiempo. ¡Fuera esas dos palabras! Y durar supone un avanzar cronológico. Tachamos «en el tiempo». Otra de las reincidencias puede reemplazarla el adjetivo temporal.

Algunos, en lugar de eliminar repeticiones, dan un rodeo clasicón: «el inquilino de la Casa Blanca», «el séptimo arte». O recurren, recurrimos, a amplios hiperónimos: «este deporte», «el árbol» por no poner otra vez fútbol o abedul. O a sinónimos, o sea, diferentes significantes aunque de igual o parecido significado. Huir y escapar, comenzar y empezar.

Los expertos distinguen entre sinónimos que pueden reemplazarse en todas las circunstancias —urraca y picaraza, multitud y muchedumbre— y los que no. Casi todos los titulados en Derecho, y la mayoría de delincuentes, saben la diferencia entre hurto, robo, sisa, apropiación indebida… Marcan distinciones. Queda raro oír «Ha fallecido mi perrita Fifí» o «A mí la legumbre se me hace inoportuna y cargante». Será pesada: no todos los sinónimos son intercambiables. Por eso… ¿expresan lo mismo gestación por sustitución, maternidad subrogada o vientre de alquiler…? ¿Y marido, esposo o pareja o cónyuge o consorte? Los profesores distinguimos entre sinonimia conceptual (asno, jumento; automóvil, coche), referencial («el manco de Lepanto»), situacional y de connotación (borracho, bajo los efectos del alcohol, pedo, cocido, beodo, embriagado…).

¿Qué hacer? ¿Adónde recurrir? Fácil: a su propia competencia idiomática. Y a algún buen diccionario. Que no todos los diccionarios digitales cumplen con la exactitud lo prueba el que unos cuantos, miméticos, para el verbo besar echan esto: rozar, tocar, acariciar, mimar, babosear, hocicar. Mucho morro.

Útil sigue siendo el colosal y pionero Diccionario ideológico de la lengua española (1941, 1959 y 2014) de Julio Casares, que relaciona ideas afines. Lo que Hamlet responde a Polonio —«¿Qué leéis? »— en el segundo acto sosteniendo un libro muerto: «Palabras, palabras, palabras».