Revista cultural y de cuestiones actuales
Número 709

La empresa, ¿problema o solución?

Domènec Melé, Cátedra de Ética Empresarial de IESE Business School de la Universidad de Navarra.


Es evidente que algunas empresas han tenido mucho que ver en la creación de los problemas ecológicos actuales. Entre ellos, la contaminación en sus múltiples formas, el mal uso de los residuos y la falta de previsión en la eliminación de embalajes y productos obsoletos y su posible reciclado, el olvido de la «ecología humana» en la organización del trabajo, la explotación abusiva de recursos naturales, cierto despojo de las poblaciones indígenas afectadas por industrias extractivas y la destrucción de biodiversidad.

En la solución de estos problemas, la empresa ha de tener también un gran protagonismo. De hecho, un creciente número va asumiendo sus responsabilidades ecológicas, y está tomando decisiones más respetuosas con el medioambiente. Una reacción empresarial más vigorosa puede venir de leyes más exigentes, de la presión ciudadana, pero también de cambios internos en las empresas. Fijándonos en estos últimos destacaríamos los siguientes:

a) Asumir plenamente la sostenibilidad, sustituyendo una visión cortoplacista por otra que incluya una mayor sensibilidad ecológica en el impacto de sus actividades, así como sus consecuencias en el tiempo. Esto implica que la sostenibilidad impregne toda la actividad empresarial. 

b) Buscar el enfoque productivo propio de la economía circular, frente al de la economía lineal que sigue el esquema «materias primas-producción-consumo-residuos». En contraste, la economía circular busca cerrar el ciclo, reciclando los productos obsoletos y los residuos, al tiempo que reduce el consumo y el desperdicio de materias primas, agua y fuentes de energía. Esto se relaciona con las tres erres ecológicas —reducir, reutilizar, reciclar—, también significativas para la empresa.

c) Introducir nuevos procesos técnicos, que van desde sistemas depuradores eficientes y, en su caso, cambios en materias primas, hasta nuevos procesos que compaginen la responsabilidad ecológica y un adecuado rendimiento productivo. Algunas tecnologías permiten ofrecer productos eficientes reduciendo el consumo o la contaminación urbana, un ejemplo son las lámparas LED o los coches eléctricos, respectivamente. 

d) Utilizar energías renovables tanto como sea posible y evitar las fuentes más contaminantes: el carbón y los derivados del petróleo.

e) Un fuerte liderazgo ecológico en la empresa que impulse una cultura manifestada en convicciones y valores compartidos, y en el comportamiento diario. 

No es tarea fácil, ya que la empresa se mueve en un entorno competitivo. Sin embargo, algunas compañías de vanguardia están demostrando que asumir la responsabilidad ecológica es necesario y también factible. Pensar solo en crear riqueza económica puede conllevar a destruir riqueza ecológica, y eso es malo para todos, también para la empresa. Una reacción adversa de la sociedad puede significar, además, riesgos que influirán en la generación de riqueza económica a largo plazo, y viceversa. Un creciente número de corporaciones aplican alternativas viables en los aspectos económicos, sociales y medioambientales y adquieren con ello reputación corporativa.